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La mitad del mundo

Ruth Zavaleta Salgado
08-Oct-2009
El foro Biarritz generó reflexiones en torno a temas tan interesantes como graves: la situación financiera, social y política en la que estamos sumergidos los 192 países en este año. El reto no era menor, tenía que continuar la reflexión que se inició el año pasado con la exposición de la crisis económica.



El Foro de Biarritz cumplió diez años y los celebró con la décima reunión, en la mitad del mundo: Quito, Ecuador. Fue significativo para quienes participamos porque, quizás, añoramos que ese sea el preámbulo de la mitad de las teorías pasadas y las que se formularán para combatir la pobreza, la inseguridad, el crimen organizado y el daño al medio ambiente.

La mitad del mundo produjo lo que literalmente llamo la mitad de las soluciones a los problemas de la humanidad; es decir, la mitad de éstas se encuentran en el intelecto de los hombres y sus ideas y la otra mitad en la voluntad de ejercer esas ideas con acciones.

Ecuador tiene una población de poco más de 12 millones de personas y la medición científico-geográfica de la mitad del mundo. Si de ideas se trata, el foro Biarritz generó reflexiones en torno a temas tan interesantes como graves: la situación financiera, social y política en la que estamos sumergidos los 192 países de la Tierra en este año. El reto no era menor, tenía que continuar la reflexión que se inició el año pasado con la interesante exposición de la crisis económica mundial, en voz del presidente de Costa Rica. Magistralmente, durante cuarenta minutos, mantuvo en vilo y en silencio al público que, aterrados, conocíamos, de tan certera forma, los orígenes de la crisis y sus posibles consecuencias. Ésta todavía no emergía totalmente y el desastre que se predijo quedó corto en ese entonces. Hoy, aún sin concluir en algunos países, y sin conocerse el total de los daños, tocó al ex presidente ecuatoriano Rodrigo Borja darle continuidad a tan brillante exposición. Afirmó que “la crisis se originó por fe ciega de las bondades del mercado para regir la economía… los efectos de la crisis son demoledores para América Latina… mil millones de seres ya padecen hambre… por ello, hoy tenemos que reflexionar que la crisis hace una peligrosa suma de elementos: pobreza, más juicio de valor, más rebeldía, es igual a inestabilidad social”.

Si todo esto está tan claro, debemos preguntarnos: ¿qué falta para llegar a las respuestas y a las posibles soluciones? La conclusión general motiva por sí misma la respuesta: Que exista un gran concilio de las 192 naciones, no del G-8 ni del G-20, sino de todos los países del planeta, para hacer de la crisis económica mundial y sus consecuencias la gran oportunidad de reconstruir un nuevo pacto social mundial que analice las fórmulas con miras a combatir la pobreza, reconstruir la paz y generar una nueva teoría económica que se sustente en la producción y la productividad y no en la especulación del capital y en la destrucción del medio ambiente.

¿Cómo poder lograr estos cambios radicales contra la hipocresía de algunos países que luchan por la paz, pero fabrican y venden las armas utilizadas en las guerras?

¿Cómo prohibir las drogas y combatir el narcotráfico si sus poblaciones, carentes de arraigo, pertenencia y valores, son los principales consumidores de ellas y sus países incrementan su Producto Interno Bruto haciendo de la prohibición un negocio redituable de grandes ganancias?

Todos coincidieron, al menos en ese foro, en que es el momento de que las ideas de los hombres conviertan a esta crisis en la gran oportunidad de la política, la política como herramienta para establecer nuevas reglas y fortalecer instituciones, además de crear otras nuevas que generen orden, ese orden que bien podría, en forma figurada, visualizarse en las islas Galápagos, en donde pueden convivir los lobos marinos, los halcones, las iguanas, los cangrejos, las lagartijas y los pájaros de patas azules o de patas rojas en completo equilibrio y paz, porque la convivencia de estos animales consiste nada más en respetar las reglas del ecosistema.

Recordemos que, cuando Charles Darwin llegó a esas islas, nunca imaginó que sus descubrimientos cambiarían las teorías del mundo con respecto al origen de la vida.

Hoy los hombres y las mujeres, que nos descubrimos en la mitad del mundo, estamos seguros de que la humanidad puede redescubrir el secreto de la felicidad, ese secreto que promueve la dignidad y la libertad de todos los seres humanos, ese secreto que en la democracia se llama pacto de reglas claras e instituciones fuertes.

ruthzavaletas@yahoo.com.mx

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