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México en un mundo multipolar
Cecilia Soto
28-Sep-2009
Las características de las distintas formas de ejercer la diplomacia se mostraron con los resultados de la reunión del G-20.
La vecindad con el país más poderoso del planeta y la turbulenta historia de esa vecindad desarrolló en la diplomacia mexicana un agudo sentido de sobrevivencia, expresado muchas veces en astucia y discreción. Nélida Piñón, la gran escritora brasileña, describe estas características como propias de un “pueblo antiguo”, que ha tenido que desarrollar mañas y sabiduría para sobrevivir, especialmente si el vecino es un elefante a veces impredecible. Características parecidas pero inmensamente más sofisticadas se observan en China e India, pueblos más antiguos que el nuestro y ellos mismos con dimensiones superlativas. La diplomacia china es discreta, astuta como pocas, eficiente y poco dada al espectáculo. Un “pueblo nuevo” que ingresa al espacio mundial a ritmo de samba es, sin duda, Brasil, que no tiene quién le compita en el espacio sudamericano y no se ha quemado con leche, por lo tanto, no le anda soplando al jocoque y posee un agudo sentido del efectismo, sin demérito de la eficiencia. Sudáfrica es también un pueblo nuevo, aunque todavía con menos peso que otros países.
Las características de estas distintas formas de ejercer la diplomacia se mostraron claramente con los resultados de la reunión del Grupo de los 20, el G-20, en Pittsburgh. Pocos en nuestro país celebraron la decisión de convertir a ese foro en el principal foro económico del mundo como un avance al que la diplomacia mexicana contribuyó de forma muy importante. En comparación, en Brasil se celebró como un triunfo propio. Ello tiene que ver con la forma vocal y llamativa con la que la diplomacia de ese país le saca jugo al carisma del presidente Lula para dar a conocer una y otra vez sus iniciativas de reformas. Nuestro país ha participado también de estos esfuerzos, por ejemplo, garantizando la inclusión mexicana en el G-5, el grupo de países (China, India, México, Brasil y Sudáfrica) que participó en paralelo en las más recientes reuniones del G-8, pero poco sabemos de las propuestas de la delegación mexicana. Sacudidos y golpeados fuertemente por el desorden económico internacional, es imperativo que los mexicanos, especialmente los jóvenes, se eduquen en el abecé del orden internacional que está emergiendo y en los planteamientos de nuestra diplomacia, que ya en una ocasión merecieron el reconocimiento de un Premio Nobel.
El G-8: Alemania, Estados Unidos Canadá, Francia, Gran Bretaña, Italia, Japón y Rusia, representan un orden prácticamente inexistente. Los países europeos están en un proceso acelerado de integración y en muchos foros participan como Unión Europea. Más importante, mientras que Rusia es políticamente relevante, no puede compararse con el poderío económico de China. La institucionalización del G-20 como el foro económico más relevante reconoce una nueva realidad, la emergencia de un mundo multipolar en el que afortunadamente el poder de EU y sus aliados europeos comienza a balancearse con la actuación y el peso de otras potencias que no tuvieron un peso determinante en el siglo XX.
El proceso que determinó el ocaso del G-8 y el reconocimiento de la existencia de una nueva realidad fue sin duda la vulnerabilidad mostrada por las economías estadunidense y europea por la crisis económica y la resistencia y las fortalezas relativas mostrada por economías emergentes como la china, todavía incapaces de ser el motor mundial de la recuperación, pero determinante en la recuperación de ciertas regiones.
Para México, la lenta pero segura conformación de un mundo multipolar es buena noticia. Amplía significativamente nuestra capacidad de maniobra frente al vecino elefante y nos permite participar en la formulación de las reglas del nuevo orden emergente.
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