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Para que no se me olvide la vida
María Luisa Mendoza
26-Sep-2009
Cada uno fue encontrando su vertiente en nuestro diario ya que Eduardo es un hombre muy culto, musical, directo, y Miguel sabe de literatura y estilo como nadie.
¿Qué somos nosotros los viejos periodistas de este país?.. una especie en extinción, ni hablar. A veces me encuentro en la calle a colegas de aquellos tiempos ¿cuándo? Todavía era Becerra Acosta el director, acababa de dar la luz del talento Bambi, se iba a París porque su artículo sobre los quesos de Francia, era el non en un concurso al respecto, no puedo nombrar a todos los que surgíamos o emergíamos entonces porque era precisamente el tiempo de la aparición de muchos grandes, ¿qué digo? de los muchachos recién llegados de Tuxpan, Veracruz… Eduardo Deschamps, Miguel López Azuara; venían de la patria suave directos a Excélsior porque desde entonces era el mejor periódico de México. Cada uno fue encontrando su vertiente en nuestro diario ya que Eduardo es un hombre muy culto, musical, directo, y Miguel sabe de literatura y estilo como nadie, sobre todo en sus artículos escritos con una gracia enorme, no jarocha precisamente, sino de periodismo nuevo. Con el primero me casé y formamos una pareja formidable, creo, joven, hermosa, con iguales anhelos e intereses, leíamos lo mismo, íbamos al teatro y al cine y, aún cuando opinábamos distinto nuestras opiniones eran publicadas con igual interés. Con Eduardo aprendí muchas cosas del oficio, y él me enseñaba a formar planas, a concretar ideas, a expandir conceptos. Nueva York se abrió para nosotros como una rosa, agotamos los teatros y los cines, las casas de té de rosas y de capullos, vivimos en el mismo hotel con Betty Sheridan, que en paz descanse… siempre creímos que era la casa de Henry James en la heredera de Washington Square, nunca fuimos más felices con museos y tantas comilonas neoyorkinas. Con Miguel nos acompadramos, Yolanda, su mujer, ha sido mi mejor amiga, y suskos tood el horizonte del mar veracruzano que nos corresponde. Grandes periodistas en el principio de mi vida.
Hoy soy la única sobreviviente en Excélsior, Eduardo y Miguel viven lejos de mí, pero están en mi vida, por supuesto, enseñándome. Miguel dirige Examen, una revista en la que a veces escribo, asombrosa, de veras, nunca vista en un partido político de tan bien hecha. Todo esto porque pasa el tiempo y yo no escribo sobre quienes quiero, los míos, mis almas, como luego lo fueron Ernesto de la Peña, y Enrique Fernández Martínez, y Carlos Jiménez, Y mucho antes Héctor Azar y José Carlos Becerra. En fin, la vida va pasando, la calidad de existencia disminuyendo porque ya no están mis antiguos o el cuerpo empieza a dejar de aguantar. Hoy vinieron dos jóvenes muy bellas de Pachuca a entrevistarme para una tesis sobre algo, no sé, periodismo o antigüedad. Mi pasado, con los principios periodísticos abiertos con las mujeres primeras de los periódicos: Rosa Castro, Magdalena Mondragón, Adelina Zendejas, la doctora Chapa, Delia De Acosta, ya estaba Elena Poniatowska. Y así empecé. El periodismo entrañable que ha de seguir vital y en los periódicos, a penas a su salud esta copa de vino septembrino.
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