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La normalidad de los plagios en tierra adentro

María Luisa Mendoza
19-Sep-2009
No pensemos cosas privadoras del sueño, elevemos una oración por los seres humanos soportando esa llaga actual de los secuestros.



Hay días, hay semanas. No sabe uno ni por dónde empezar. En medio de la conflagración general en la cual, el que no cae, resbala o nada más se muere y ya, cada vez la cueva-casa, de la cual hace siglos salía a cazar bisontes el hombre con su hacha y su cami-calzón de cuero inlavable, donde en los ratos de ocio la mujer decoraba los rasposos muros con el retrato de su compañero corriendo y el animalón delante de él en la huida de la muerte, y para firmar ella dejaba la huella de su mano admirativa… dan ganas, decía , de no moverse porque, además, no hay oro para gastar en antojos, lo más satisfactorio desaparecido. Digo, porque las noticias son tremendas aunque los ínclitos señores gubernamentales nos digan que todo va boyante y de buena esperanza. Los fallecidos son tantos que cerrar las guarderías y los centros de rehabilitación les pareció a los mandatarios la única solución. No sé lo que harán las madres solteras trabajadoras o los beodos sin remedio, drogos, pastillos, sin nadie tendiéndoles la mano para volver al camino en paz.

Luego, el sólo anuncio del asesino IVA comentado con la agudeza tranquila del satisfecho en todo cuanto hay (odio la opacidad de los jefes de cualquier cosa para hablar como dentro de una olla, tipo Sepúlveda, o esa indiferencia ofensiva de Agustín Carstens, placidez del trabajo cumplido de los inquisidores para insistir en el merecido despojo de los que ya no vemos la puerta, ojalá una sola vez el gordo entre a una farmacia a comprar algo para sus males que, dada su obesidad, deben de ser muchos… a ver qué dice de los precios de las medicinas). Pero resultan pueriles estos intentos de inventario en los por siempre ejecutados por mí “de mi de por mí” barroca… Para acabarla de amolar en mi familia ocurre el tercer secuestro con los respectivos dolores del tamaño de una montaña, zozobras y sufrimientos sin fin. Rememoro: primero fue el de una niñita preciosa, mi prima hermana Emma Rosa Leroux, por su nana que se la llevó a Irapuato de parranda con su novio… mi papá era presidente municipal de Guanajuato y ante la angustia de mis tíos mandó vigilar con casi clausura las salidas por carretera y tren (no había aeropuerto). El segundo plagiado fue un nieto de mi prima hermana Eulalia, La Cucuya Nieto, en Celaya… El Mochaorejas lo mató en su última criminal actividad. Y para seguir con esa desgracia caída ya en millares de familias mexicanas heridas hasta la médula: esta semana secuestraron a mi primo Jorge Núñez López, allá en Acámbaro, de donde fue alcalde también.

Jorge es un hombre mayor, de setenta y dos años, tiene una hermosa familia, un montonal soñado de animales de colección, y mi prima, su esposa Josefina Pesquera, es una de las bellas entre nosotras que no lo somos nada, mas bien ni feas ni bonitas… pasaderitas, como dicen en mi tierra... Me dice Jose, transida, que alguna vez les pasó por la cabeza esa posibilidad de los secuestros y comentaban el horror, lo pesaroso —de peso— de tal contingencia, y hoy, al comer con sus hijos y ver el lugar vacío de Jorge supo de la realidad invivible del espanto ante la falta del esposo y del padre. ¿Cómo encarar esa amenaza?.. claro que nosotros que no tenemos nada más allá de la máquina para ganarnos la hogaza, un abrigo de pelos que nos sirve de cobija, un coche carcachón y una tele fallando un día sí y otro también, no podemos suponer un rapto posible sino esperar la amenaza negra de una enfermedad imbatible o tal pobreza como para tener que huir a un cuarto de azotea con el perro ya vejestorio como compañerito. No pensemos cosas privadoras del sueño, elevemos una oración por los seres humanos soportando esa llaga actual de los secuestros. Me es casi imposible cambiar el tema, dejarlo de lado, entrar al inicialmente planeado, el montón infame de señoras y señoritas debutando en México tal toreras de ocasión…Ya tuvimos quienes quijotescamente defendemos el señorío de las mujeres de hoy, la vergüenza de las sinvergüenza pateando la diputación que les fue obsequiada, claro, sin saber lo que hacían. Hoy otras vueltas locas por la ropa de atroces, mataoras salen a torturar toros por sus pistolas y sus incapacidades de ser mujeres-mujeres de a deveras. ¿Qué habremos hecho las muchachas de ayer para contemplar los comportamientos aberrantes de las locas infames de hoy toreando a una víctima de sus desmanes morales?

marialuisachinamendoza@yahoo.es

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