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Presupuesto, ¿y el déficit?

Rodrigo Morales Manzanares
15-Sep-2009
Las reducciones anunciadas al gasto público no parecen venir precedidas de un diagnóstico de la operación de la administración pública federal.



La presentación del proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación que hizo el Ejecutivo al Legislativo disipa algunas dudas pero, por desgracia, parece confirmar una visión de la evolución económica poco alentadora. En efecto, frente a la crisis que estamos viviendo, lo que se proponen son ajustes al gasto público e incremento a los ingresos tributarios. Parece razonable.

Sin embargo las reducciones anunciadas al gasto público no parecen venir precedidas de un diagnóstico de la operación de la administración pública federal; suprimir dependencias, fijar cuotas uniformes de recortes, etcétera, más bien parecen dar cuenta de consignas, que de un análisis cuidadoso. Ciertamente se atiende el expediente simbólico de exigir sacrificios empezando en casa, pero no estoy cierto de que en todos los casos se logren, además, objetivos de eficiencia. Es decir, las duplicidades, los obstáculos para generar economías de escala, las tentaciones de multiplicar cargos, antes de entender funciones, al final de cuentas, la ausencia de un diagnóstico integral de la administración pública federal, me parece que no sólo no desaparecerán, sino que ahora subsistirán en un escenario de restricciones extremas.

Veamos, no es que no sea necesario (y urgente) revisar la estructura del gasto público, pero restringirlo a la contención de ciertos rubros en servicios personales puede generar más problemas de los que se quiere resolver. Tres ejemplos. Cuando los recortes llegan a los programas de inversión, no sólo se está renunciando al futuro sino a una de las palancas contracíclicas más poderosas de las que dispone la administración para atemperar los efectos de la crisis (por ejemplo, La Parota). Dos. Tampoco parece haber conciencia clara de la capacidad de gasto del sector público cuando se proponen incrementos en ciertos rubros que, por la experiencia observada, terminan en subejercicio. Duplicar o triplicar el presupuesto de un programa sin la previa capacitación y preparación de la entidad ejecutora del gasto suele traducirse en despilfarro e incorrecta asignación de recursos (por ejemplo, SCT o programas sociales). Tres. Para entender mejor las oportunidades de recorte, parece indispensable entender, cuantificar y clarificar también los hoyos negros del gasto público. Incrementar la rendición de cuentas en las partidas destinadas a los gobiernos estatales, transparentar los fideicomisos, revisar la racionalidad de los recursos destinados a los grandes sindicatos, emprender una partida contra las duplicidades evidentes (en materia de salud, de energía eléctrica, de pensiones, etcétera) podría llevarnos a descubrir que hay una bolsa de egresos mucho más vasta para emprender una reasignación racional del gasto.

Del lado de los ingresos, por supuesto que es necesaria y urgente un reforma fiscal que dote al gobierno de unos mayores. Los avisos de la crisis no son recientes. El nivel de recaudación es ridículamente bajo. Sin embargo las medidas anunciadas no parecen solventar estructuralmente el problema y sí pueden acentuar las dificultades para la reactivación económica.

En este escenario, uno de los debates que habría que dar es por qué en México no se plantea el tema del déficit como una herramienta que nos permita atenuar los efectos de las crisis. Casi todos los países han optado por incrementar el gasto público, el sano, el de la inversión, el de la generación de empleos, a costa de aumentar también el déficit en las finanzas públicas. Aquí, sin embargo, casi en solitario, seguimos militando en la causa del equilibrio a ultranza en las finanzas. Acaso haya razones de peso para no ensayar la ruta de un déficit responsable. Confieso que no las he leído. Pero me parece que es un debate, al menos, necesario.

Es decir, si la mayoría de los países han adoptado una expansión de gasto público como una medida para estimular la demanda, y así estar mejor preparados para hacer frente a la crisis propiciando una reactivación más inmediata, la pregunta es por qué en México insistimos en castigar la demanda disciplinando el gasto.

Tengo la impresión de que el debate actual en torno al paquete económico va más allá (o debiera) de la simple aprobación del presupuesto. Me parece que se debiera insertar en una revisión del modelo de desarrollo que pueda incorporar miradas mucho más estratégicas que la asignación coyuntural de recursos. La UNAM propició una reflexión plural, hecha por profesionistas con altísimas calificaciones, que culminó con la presentación de un documento llamado Hacia un Nuevo Curso de Desarrollo. He ahí una invitación al debate que hay que atender. Ojalá esa altura de miras que se nos propone sea atendida por todos.

¿Por qué en México no se plantea ese tema como una herramienta que nos permita atenuar los efectos de las crisis?

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