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No sólo de tijeras se hacen cambios
Cecilia Soto
07-Sep-2009
Nafin y lo que queda de Bancomext deben ser el vehículo para créditos nuevos, no sólo a las pymes sino a empresas grandes.
Paradójicamente, después de la derrota electoral de julio pasado, el presidente Calderón inicia la segunda mitad de su gobierno con mayor espacio político para maniobrar. Varios son los factores: el desafío de López Obrador está latente pero disminuido, el PRI cree poder ganar las elecciones de 2012 y requiere recibir un país en mejor forma, y la crudeza de la crisis y de los resultados electorales le ha permitido a Calderón quitarse telarañas de su cabeza. O cambia o no habrá otra oportunidad. O cambia o pasará a la historia y a las décadas que le quedan de figura política como un mediocre. Quizás haya servido el ejemplo interesante del ex presidente Zedillo, quien también se asomó al abismo y reaccionó con contundencia y eficacia y lleva hoy una vida interesante y productiva. Quizás haya leído el interesante artículo escrito por Jorge Castañeda y Manuel Rodríguez Woog en Enfoque hace dos semanas, para no conformarse con “lo posible sino con cambios de fondo” y hacer, de estos poco más de dos años que quedan, un cambio de tuerca.
Los diez puntos enumerados por el Presidente son, en su mayoría, poco concretos, y seguramente habrá anuncios próximos que detallen algunos de éstos. Me referiré sólo al tema del crecimiento, que permite atacar eficazmente (aunque no en forma automática) el reto de disminuir la pobreza, lograr la cobertura universal en salud y mejorar las finanzas públicas.
El cambio más importante, de liderazgo, organización y buena gerencia, no cuesta mucho. El Presidente debe de mejorar sustancialmente la composición de su gabinete. Si sigue entregado a la dinámica de una cuota inacabable y exclusiva con el PAN, continuará empantanado con figuras juniors y mediocres. Hay que buscar a los mejores mexicanos y a los más probados en diseño, operación y ejecución de proyectos, en donde estén: en la iniciativa privada, en el extranjero dirigiendo multinacionales, en la congeladora política, en el campo adversario, donde sea.
Como la reforma hacendaria ineludible va a consumir tiempo y energía, se requiere acudir al crédito. Pongo el ejemplo de Petrobras, la empresa mixta brasileña que para su proyecto de exploración de los nuevos yacimientos encontrados a unos siete km de profundidad en la capa llamada “pre-sal”, requiere unos ochenta mil millones de dólares para los próximos cinco años. Como las fuentes de crédito internacionales se han evaporado aun para empresas tan exitosas como esa, Petrobras ha tenido que acudir al banco de desarrollo por excelencia, el Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES). Para que las necesidades crediticias de la empresa petrolera no afecten los requerimientos de otras, tradicionales clientes del BNDES, institución brasileña que emite más crédito que el Banco Mundial, el gobierno emitirá bonos y repasará esta deuda al BNDES. El endeudamiento, una de las invenciones más creativas y revolucionarias de la humanidad, es una herramienta sin la cual no puede haber crecimiento. La experiencia traumática con la deuda tanto externa como interna que nos llevó a una cadena de crisis sexenales generadas por irresponsabilidad y mala gerencia, generó valiosas lecciones y la requerida disciplina fiscal. La deuda consolidada del gobierno ronda 30% del PIB, una de las más bajas del continente.
Además de la deuda en que incurrimos para cubrir el 3% de déficit fiscal con que se trabaja actualmente, el Presidente debe poner manos a la obra para “facultar” o “empoderar” a la banca de desarrollo. Pensar en apenas fusionar Nafin con Bancomext ya reduce la perspectiva a niveles liliputenses. Pro México, por ejemplo, ha significado desafortunadamente el desperdicio y la pérdida de profesionales con experiencia y conocimiento y muy, pero muy pocas, nueces.
Nafin y lo que queda de Bancomext deben de ser el vehículo para créditos nuevos, no sólo a las pymes sino también a empresas grandes, como sucede en Brasil. Las empresas medianas y las grandes jalan, incentivan y son buenos clientes de las pymes.
Hay varias áreas, además de las tradicionales, como vivienda, reparación de escuelas e infraestructura de transportes, que serían excelentes candidatas para la formulación de proyectos y la recepción de créditos. Menciono apenas la relacionada con desalación de agua de mar, ya sea a base de fuentes de energía tradicionales —como subproducto— del calor generado en una planta eléctrica a base de combustóleo, ya con un arreglo combinado con nucleoelectricidad, sin duda la mejor opción. Somos un país semidesértico y la única solución estable para complementar el errático y avaro régimen de lluvias que padecemos es con mejores hábitos de consumo y una desalación a gran escala.
Las tijeras sirven para disminuir el desperdicio, pero no pueden hacer crecer la tela de dónde cortar. Hay que crecer y utilizar el crédito para ello.
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