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Claudio Obregón, arte y política

René Avilés Fabila
06-Sep-2009
El PC siempre tuvo una alta presencia de escritores y artistas plásticos. Sin embargo, entraban y salían. Había un severo rigor político.



En días pasados Claudio Obregón fue entrevistado al cumplir cincuenta años de actuación. El reportero de El Universal recordó algunos de los grandes papeles que en teatro y cine interpretó: Herodes, El rey Lear, Reed… Todos ciertamente inolvidables. Por Actas de Marusia obtuvo un Ariel. Es un actor de enorme talento. Sus palabras me recordaron una época en la que por razones políticas nos frecuentábamos; una etapa en donde había izquierda y daba una pelea desigual pero llena de dignidad, coraje y limpieza. Se luchaba por un país democrático y justo, no por dinero y poder.

En el México contemporáneo muy pocos casos se han dado de abierta militancia comunista dentro de las artes teatrales y la cinematografía. Los ejemplos son mínimos. Algunos como José Revueltas y Juan de la Cabada escribieron para cine, pero se trataba de un puñado de intelectuales marxistas, comprometidos con luchas sociales complejas. La situación de Claudio Obregón, dentro del compromiso político marxista, era conmovedora. Se exponía a perder las posibilidades de trabajar en televisión o en cine. La represión existía y el presidencialismo era una realidad oscura. Sólo pensemos en la época de Díaz Ordaz y el feroz anticomunismo que desató. El Partido Comunista, fundado en 1919, fue un tenaz y heroico opositor, y sus grandes batallas fueron legendarias como legendarios muchos de los pintores e intelectuales que participaron en ellas: Siqueiros, Rivera, Juan de la Cabada, Frida, Modotti, los integrantes del Taller de Gráfica Popular y la LEAR.

En la época en que nos conocimos Claudio Obregón y yo, el Partido Comunista vivía en la semiclandestinidad. Acosado por el gobierno y sin medios para subsistir. Como se podía, había que mantenerlo. El PC siempre tuvo una alta presencia de escritores y artistas plásticos. Sin embargo, entraban y salían, había que pagar cuotas y mantenerse dentro de un severo rigor político, asistir a discusiones agotantes, pintas, mítines, buscar adeptos entre obreros, campesinos y estudiantes, una carga política difícil de entender hoy en día, y sobre todo batallar con la burocracia que a la larga sobrevivió bajo las siglas del PRD, allí están, para el caso, Amalia García y Pablo Gómez, que no han dejado de ocupar altos cargos con sueldos notables sin necesitar a Marx o personajes como Jorge Castañeda quien incluso llegó a secretario de Relaciones Exteriores de Fox. No fue un periodo sencillo, el mundo estaba dividido por dos grandes sistemas, el socialista y el capitalista. El primero tenía pies de barro, frágiles, por más justo que pareciera, carecía de los elementos que Marx y Engels le habían visto. La ideología generosa padeció cambios y hubo dictaduras con frecuencia brutales.

Claudio Obregón centró su vida en el arte. Pero no podía permanecer al margen de las injusticias que presenciamos todos los días. Tomó la valiente decisión de militar en el comunismo, arriesgando su carrera y poniendo en peligro su vida. Un actor famoso, distinguido, recorría calles repartiendo volantes o haciendo campaña en 1979 para ser diputado por el PC. El reportero le preguntó, pensando en términos del caudillismo perredista: “Quién era su gurú”. Claudio responde tajante: “Nadie. Yo no pensaba en esos términos ni nos organizábamos así. Eran células, en la mía coincidí con René Avilés Fabila, Juan de la Cabada, Mario Orozco Rivera, gente significativa en la cultura.” En efecto, el Comité Central era el responsable de recoger ideas y propuestas de la militancia y se llegaba a conclusiones, a veces dogmáticas. Pero no teníamos caudillos ni ladrones. Era una lucha sincera de la que conservo recuerdos orgullosos. Eso me hace distinto de lo que hoy llaman izquierda, no importa cuántos perredistas se irriten. El propio Claudio responde a la interrogante que le formula el periodista, “¿Cómo ve a la izquierda partidista actual?”: “Sin comentarios… Muy decepcionante. Fui fundador del PRD, pero es lamentable en lo que se ha convertido.”

Hace tiempo que no veo a Claudio, me quedan recuerdos de sus prodigiosas actuaciones, los papeles memorables que hizo en cine y teatro, su fina cultura y valiosa amistad. En mi libro Memorias de un comunista escribo la historia de un hombre que gracias al sentido del humor no se dio un tiro, yo y alguna tarea política conjunta. Mientras personas como Claudio y una larga fila de seres dignos peleábamos por una causa que agonizaba merced a una pésima conducción que en parte venía de Moscú y en parte de nuestra dirigencia férrea e incapaz de trabajar con el pueblo, como lo señaló José Revueltas en su Ensayo sobre un proletariado sin cabeza, el socialismo real se derrumbó.

Claudio Obregón pudo mezclar, como querían Maiakovski y Siqueiros, el arte y la política. Un hombre que enfrentó al sistema con las armas de su talento y prestigio como actor serio. No puedo menos que felicitarlo por sus cincuenta años dedicados a la actuación, donde jamás estuvo el desinterés por la situación social de México.

www.reneavilesfabila.com.mx

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