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Viviendo la imagen del caos

Víctor Gordoa
19-Ago-2009
Cuando salgo de mi casa no sé qué me va a pasar ni cuándo.



Desde hace un tiempo para acá traigo una sensación extraña de vulnerabilidad, de debilidad ante el entorno que me rodea, de indefensión ante elementos de diferentes tipos que me agreden. Traigo la impresión de que las cosas no funcionan como deberían y que las que sí lo hacen, por ejemplo, jalar el excusado y que el detrito orgánico se vaya, suceden milagrosamente sin que nada me asegure que así seguirán. Es como si en la ruleta me hubiera tocado un número ganador entre todos los perdedores a los que ese día tuve que apostar. No sé si en este momento se me va a ir la luz y tenga que interrumpir mi trabajo, pero si sé que cada vez debo pagar más por ella. Tampoco estoy seguro de si mañana deba cumplir mis citas sin bañarme pues se acabó el agua.

Estrés cotidiano…

Cuando salgo de mi casa no sé qué me va a pasar ni cuándo. Intentar planear mi agenda en relación al tiempo que me va a tomar llegar a los diferentes lugares se ha convertido en un proceso aleatorio en el que a veces llegaré tarde y tendré que disculparme y en otras ,que son las menos, llegaré antes y daré la impresión de que no tengo nada que hacer. Transitar por las calles de mi ciudad se ha vuelto un proceso lleno de tensión. Un transporte público sin cultura vial, calles repentinamente cerradas que me llevan a rumbos desconocidos, obras que dejan enormes baches que actúan como minas destructivas en las llantas, topes sorpresivos que han causado cuantiosos daños materiales a la suspensión de mi vehículo, inundaciones que pueden ahogarme y “oficiales de tránsito” que, paradójicamente, se dedican a entorpecer el flujo del mismo, me hacen sentir como un personaje de videojuego que ha perdido todas sus armas y que indefectiblemente sucumbirá ante los peligros acechantes.

La información…

Todos los días en los medios de comunicación recibo estímulos que me producen la imagen de que todo está mal y de que nadie está trabajando en resolver los problemas, al contrario, tal parece que hubiera la intención de provocarlos, por eso ya no quiero encender ni la radio ni la tele y ya no encuentro placer en sentarme a leer el periódico. La política y sus actores me confunden. Ya no sé quién trabaja para quién ni qué es lo que verdaderamente pretenden, pero sí sé que yo no me encuentro entre sus prioridades, al contrario, me siento como un rehén que está obligado a surtir de recursos a la maquinaria gubernamental para que pueda seguir haciendo algo que a mí no me beneficiará. A ver… ¿Cuándo podré encontrarme con una noticia que se traduzca en un hecho concreto que me permita estar mejor y tener más? Desde que empecé a trabajar jamás me la han dado, al contrario, siempre he recibido mandatos que significan la obligación de tener que dar más y ganar menos.

La violencia...

Encuentro mucha violencia en el diario acontecer y a veces me pregunto cuándo me tocará directamente, pues aunque ya me han asaltado a punta de pistola “gracias a Dios” no me han hecho daño. Por cada cosa que intento hacer por mí mismo, me encuentro con al menos tres personas que me dicen que no se puede y si algo he conseguido es porque primero he tenido que hacer acopio de fuerzas para resistir los impedimentos y luego entregar el triple de esfuerzo para lograr lo que debería haber obtenido con mucho menos desgaste personal. Me doy cuenta de que hay muchos seres humanos que no sólo viven de tratar de impedir que logre mis objetivos sino que hay otros que se dedican a pensar cómo quitarme lo que me pertenece. Todos los días me percato de que la diferencia entre ellos y yo en preparación, educación, cultura y conocimientos es abismal y tal vez por eso me he ganado su odio gratuito, pero que a favor de ellos existe un factor que significará mi total derrota y es el hecho de que ellos pueden portar un arma y usarla impunemente contra mí y yo no estoy preparado para ello ¿Deberé entonces armarme y aprender a disparar? Es una pregunta que ya me he formulado varias veces guiado por el miedo y la ira. Me podrán decir que muchos criminales están cayendo, es verdad, pero me decepciona mucho ver que pese a que todavía hay algunos policías que se parten la madre atrapando a pillos, hay otras autoridades que les permitirán seguir operando o recuperar su libertad, ya sea por la buena o por la mala. Por eso a veces pienso si no sería mejor eliminarlos, como la policía lo hacía antes de que llegaran los derechos humanos.

Un barquito de papel…

Ese copioso proceso negativo de estimulación está provocando en mi mente la imagen de que vivo dentro del caos, en medio de la confusión y el desorden y me hace anhelar vivir en un lugar en el que las cosas pudieran estar mejor, como cuando yo era un niño, anhelo que creo que ya difícilmente podré recuperar aquí, donde me tocó vivir. En fin, que la imagen que tengo de mí en mi país es la de ser un barquito de papel navegando en un río turbulento a punto de entrar en las cataratas. ¿Tiene usted la misma sensación?

www.imagenpublica.com.mx

 

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