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¿Debo o no votar?

René Avilés Fabila
28-Jun-2009
Nada indica el interés de los partidos en atender los problemas ciudadanos. En cada poste cuelga un pendón con una frase gastada o hueca.



Pese al creciente malestar contra el sistema de partidos, ningún político ha hecho algo serio para modificar la tendencia a votar en blanco. Los escándalos prosiguen, en consecuencia la mala opinión de la sociedad aumenta. No hay duda, las encuestas lo prueban: el 5 de julio tendremos como resultado la suma de abstencionismo y de la anulación del sufragio. Cálculos conservadores hablan de 60 por ciento. Partidos como el PRD tendrán una sensible baja en sus niveles de aceptación a causa de sus brutales pugnas internas, mientras que el PAN y el PRI muestran, en la batalla por Sonora, que el pleito no es por la muerte de casi 50 niños, sino por el poder. Germán Martínez lo precisa diciendo que ya esa entidad está en sus manos. La partidocracia insiste en mostrarnos su lado más oscuro.

Es interesante ver que los partidos, sin importar sus diferencias, coinciden en el llamado a votar. Los extremos, Calderón y López Obrador, nos piden ir a las urnas. En el caso del primero es cuestión de consolidar su fuerza. Para el segundo, la salvación de México tiene una sola ruta, la que él marca con su paso fundamentalista y destructivo. El PRI ve las cosas desde una distante barrera, supone que estas elecciones le permitirán tener cerca de 200 diputados, cogobernar desde la Cámara baja y adelante recuperar la Presidencia de la República.

Nada indica el interés de los partidos en atender los problemas ciudadanos. En cada poste cuelga un pendón con una frase gastada o hueca. Un juego tedioso. Los optimistas dicen que cuando sean las elecciones presidenciales se reactivará el proceso. No hay, pues, respuestas a una sociedad que muestra abierta insatisfacción por la forma en que se conducen los partidos.

En correos, clases y conferencias, me preguntan si acudiré a votar. ¿Por qué hacerlo? No me encuentro reflejado en ninguno de los partidos. Mi preocupación en estos momentos es egoísta: el lugar donde vivo. Mis largos enfrentamientos, que llevan más de diez años con el PRD de Tlalpan, me obligan a pensar que de acudir a las urnas será para depositar una suerte de voto útil en favor del partido mejor posicionado en contra de los perredistas. La razón es sencilla: los he visto de cerca, tengo pruebas suficientes de las pillerías que han cometido en esta delegación desde que llegaron. No hay día que no descubramos una nueva bribonada en esta zona de control perredista. Los delegados se han enriquecido y a su alrededor todos trabajan en una cuidadosa y hábil red de complicidades que les ha permitido crear una verdadera mafia y pasar de un cargo a otro sin considerar las protestas ciudadanas. Triunfos los hemos tenido. El mejor fue impedir la destrucción del Bosque de Tlalpan, no permitir allí más fiestas de funcionarios de la delegación ni instalar una pista de hielo en detrimento del área natural protegida, las tocadas de rock que se habían convertido en un infierno para los habitantes de la zona y denunciar la enorme corrupción y el autoritarismo de Guillermo Sánchez Torres, Eliseo Moyao, El Pino, Higinio Chávez, Carlos Imaz y demás. Imagino que en otras delegaciones perredistas las cosas son iguales o peores. En Iztapalapa los vemos golpeándose entre sí para ver quién se queda con esa enorme y poblada zona y mucho dinero.

El PRD ha hecho de la violencia un arma exitosa, todo se dirime a garrotazos e insultos. Desde la toma de un palacio municipal hasta asaltar la tribuna parlamentaria, las calles, hacer plantones, amedrentar a la sociedad. Esta fue la técnica de Mussolini y Hitler para conseguir el poder. Allí están los resultados. Hoy tenemos violencia en Iztapalapa y se avecina en Zacatecas y en otros sitios. Nos hemos dividido y nos odiamos a causa de un tipo que se siente mesías. Hace poco, una irritada señora se bajó de un taxi pirata acompañada de los gritos del joven conductor que le anticipaba que cuando los obradoristas tomaran el poder irían por ella para “quitarle sus propiedades”. ¿Esto es Marx, Lenin, Mao o Guevara? No, porque atrás no hay teoría ni un proyecto político. Sólo el deseo de ocupar la casona presidencial para usarla como bolsa de trabajo y riqueza. Quienes me han leído saben que no milito en ningún partido, que soy crítico de todos. Ante mis artículos no sucede mayor cosa salvo cuando perredistas leen una crítica mía a AMLO: las furias se desatan, recibo amenazas, insultos y la acusación de que soy derechista al servicio de “oscuros intereses salinistas”.

Me veo mezquino, sólo preocupado por una delegación, la mía, Tlalpan. Quizá lo mismo deberían de hacer en todo el país: votar para exigir. No hallo lamentablemente otra solución que sufragar contra una camarilla de cínicos que han abrumado a los demás partidos con una campaña repleta de recursos materiales y trucos para obtener votos. Mis vecinos y yo somos ciudadanos que simplemente queremos vivir en paz y sin funcionarios incapaces y ladrones.

www.reneavilesfabila.com.mx

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