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El ineficiente discurso político
Víctor Gordoa
10-Jun-2009
Cualquier mensaje que se dirija a una audiencia deberá cumplir con cinco requisitos de fondo y forma que serán indispensables.
Está comprobado, lo dicen las investigaciones… casi nadie es capaz de identificar físicamente a las diferentes opciones personales que hay para cada candidatura, menos pueden hacerlo por nombre y mucho menos por el mensaje que están tratando de transmitir. Así que, si muy pocos saben qué dijo quién y ni siquiera por cuál puesto están compitiendo, entonces… ¿Para qué tanto gasto y esfuerzo? Bienvenidos una vez más al mundo de la imagen pública, en donde la palabra se significa como el principal estímulo que puede dirigir un candidato político a su audiencia, ya que en él reside el mensaje a transmitir, mismo que después tendrá que ser reforzado de manera no verbal para que se produzca la ansiada coherencia que provoque la conducta a favor de su candidatura. En la palabra, ya sea transmitida de manera oral o escrita, reside el fondo y si el objetivo de cualquier comunicación es transmitirlo, valdría la pena revisar aquí los requisitos que debería cumplir la forma de hacerlo. Siga leyendo pues aunque usted no sea candidato lo que viene a continuación le va a servir para la ocasión en que tenga que hacer una presentación frente a los demás.
Requisitos…
Cualquier mensaje que se dirija a una audiencia deberá de cumplir con cinco requisitos de fondo y forma que serán indispensables si es que se quiere lograr su transmisión. Ellos son: el conocimiento, la sencillez, la brevedad, el orden y la convicción.
Conocimiento…
Es ahí donde reside el fondo y es el requisito mínimo que se le puede exigir a alguien que se va a parar a decir algo frente a otros: Que al menos sepa de lo que está hablando. ¡Qué molesto es oír a alguien tratar de convencernos de algo que no conoce! ¡Qué arriesgado que un expositor pretenda saber de algo que cualquiera en la audiencia podría conocer mejor! ¡Cuánto cinismo sería necesario para atreverse a aparentar ser lo que no se es! Bueno… pues eso es precisamente lo que está sucediendo a diario con muchos de los cientos de candidatos que andan recorriendo sus territorios sin siquiera haberse preparado con dignidad. A ver… piense… si gran parte de las candidaturas son otorgadas mediante el proceso de palomeo de listas de nombres de posibles candidatos que hacen los jerarcas de los partidos políticos en el que tienen que cuidar cuotas de asignación por grupos de poder, género, clientelismo y quién sabe cuántas presiones más, así las cosas, ¿de verdad cree que todas las candidaturas recaerán en los representantes idóneos? ¿Cuántos individuos creen que un día se hayan despertado siendo candidatos para un puesto para el que no estaban preparados? Ahora deduzca… ¿tendrán el conocimiento suficiente para detentarlo?
Sencillez, brevedad y orden...
Estos tres requisitos de forma son indispensables para facilitar que el mensaje penetre en la mente del receptor: sencillez para que le entienda, brevedad para que no se aburra y retire la atención y orden para que se le haga fácil seguir el discurso. Entendamos por sencillez el adecuar el código de comunicación del discurso al que normalmente utilice cada audiencia, de tal manera que se evite el error de “adornar” el vocabulario pronunciando palabras que nadie va a entender o de quedar ante la audiencia como un ser vulgar que desmerece el sitio que pretende ocupar. Por otro lado lo bueno, cuando breve, es dos veces bueno, ya nos lo dijo don Baltasar Gracián desde el siglo XVII y por eso no abundaré más en el concepto, sólo recuerden que en condiciones óptimas una audiencia sólo estará dispuesta a prestarles atención durante siete minutos antes de retirársela si es que no sucede algo nuevo que la recupere. El orden será la cualidad que el discurso deberá tener para decir primero lo primero y después lo segundo y tercero, parece una perogrullada, pero no lo es. El orden en un discurso es como facilitar a la audiencia el subir una escalera por sus peldaños poco a poco. Sería un error empezar por el séptimo para después regresar al tercero y luego brincar al sexto. ¿Usted podría?
Convicción…
Convicción para convencer. Primero poseer la convicción personal con respecto a lo que se está diciendo para después con ello intentar convencer a los demás acerca de lo que se está proponiendo. Imposible lograr el objetivo del discurso, cualquiera que éste sea, sin el convencimiento personal que produce la pasión en la exposición y refuerza la credibilidad. Finalmente usted deduzca si el discurso político actual cumple con lo aquí señalado. ¿Ya ve por qué andamos como andamos y estamos como estamos?
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