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“México vive”, pero no convive
Francisco Javier Acuña
31-May-2009
La campaña lavará la cara enferma que la gripe aquella nos dejó y mendará señales de gente sin cubrebocas. ¿Qué sigue?
Amable y colorido el promocional que se difunde con insistencia por la televisión para invitar a todos los viajeros del mundo a que se animen a venir o a regresar a México. Esa es la clave de un destino perfecto, aquel que siempre genera deseos de volver a él. Y este país incuba motivos para no ser visitable: provocamos asco y miedo.
La campaña Vive México habrá de lavar la cara enferma que la gripe aquella nos dejó, y habrá de mandar señales de gente sin cubrebocas y sin extrema precaución. Pero, ¿qué sigue?
En España, la transición a la democracia comenzó en la última etapa del franquismo, justamente cuando el régimen urgido de ingresos para la modernización se volcó a poner en valor (rescatar y restaurar) los monumentos con el propósito de volverlos museos y/o paradores turísticos. Con planes de rescate dirigidos por expertos se invirtió en serio en los centros históricos milenarios —decenas de ellos, perfectos—. Aquella nación comprendió que el turismo (la industria sin chimeneas) era su vocación y valoró, al margen de caprichos ideológicos y fobias religiosas, el formidable legado de la historia en ese territorio. Así cambió el rostro del país por el de un sitio de placentera recreación. Con un esplendido patrimonio artístico y una gastronomía extraordinaria, sol, litorales modestos pero bien cuidados, casinos y otros espacios de diversión, deporte y ecoturismo. España se convirtió en una campeona mundial del ramo. Se lavó la mala cara del atraso y el subdesarrollo que la mantuvo ajena a Europa y se perfumó la mugre que le dejó el régimen dictatorial. La democracia exaltó la diversidad de sus regiones, las policromías de su paisajes y las libertades de su población; empero el terrorismo, que no ha cejado, no ha podido alejar los flujos de visitantes, acaso sí, en cambio, el actual precio del euro.
Habrá que encontrarle sentido a esta crisis que nos insta a dejar a México bañado y desparasitado. El promocional es un filme de locaciones naturales despejadas, limpias, imágenes de playas casi privadas, sin aglomeraciones. Y uno piensa: “Eso no es real”, nuestra briosa raza es de otro tipo de costumbres: acude en legión, algunos de quienes la componen se meten al agua con camiseta y con gorritas de equipos de futbol.
El cortometraje exhibe albercas impecables (sin gordos que las hacen ver como colonias de morsas); aparecen también estampas de plazas solas y callejas sin graffiti, ángulos escogidos de pueblos mágicos en realidad muy maltratados y, por si faltaran, suculentas muestras gastronómicas, servidas con decoro. Ojalá los lugares nuestros estuvieran así, resplandecientes e imperturbables.
¿Brotará una toma de conciencia social para regenerar nuestro entorno?, ¿comprenderemos que es conveniente y no sólo saludable limpiar la casa, tomarnos un baño nacional y dedicarnos a remendar los harapos sucios que arrastra la pobre patria, ésta, que una vez fue elegante y ahora se encuentra arrinconada y ratonera como “la muñeca fea” del inmortal Cri Cri?
El video es bueno pero, al final, remata feo, con la escena de un joven que abraza y besa la bandera. Pésimo dato, en el extranjero el fanatismo patriotero es de baja calidad. Lo importante es que se invite a constatar que México no únicamente vive sino que, por encima de tantas diferencias y desigualdades, convive; que a pesar de la política virulenta y aguerrida y de una delincuencia tenaz convivimos para remediar nuestro pasado que acusa el expolio cultural por la destrucción de sitios de valor universal; que convive con el presente en el que hay que revertir los bosques arrasados, los ríos envenenados y los mares de petróleo salpicados, y que convive con ánimo de porvenir con el futuro en el que habrá que evitar hijos presos en sus casas o por delitos en las pavorosas prisiones, más mendigos y más desempleados con tiempo y hambre suficiente para pensar en tomarse lo que se debe ganar. De nada sirve vivir si no es posible convivir.
fjacuqa@hotmail.com
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