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¿Y la tenencia, apá?
Víctor Gordoa
18-Mar-2009
Bienvenidos una vez más al mundo de la imagen pública, un terreno que se ve implicado entre los dimes y diretes que recientemente se han vertido en torno a una obligación ciudadana por demás impopular: el pago de los impuestos y, entre ellos, al específico desembolso del odiado impuesto de la tenencia que debemos realizar por tener un vehículo automotor.
Mala imagen fiscal…
Estoy completamente seguro de que no existe alguien en toda la República Mexicana que guste de pagar impuestos. La imagen del sistema impositivo mexicano es muy mala por muchas razones que la gente percibe y que tenemos claramente analizadas en el Colegio de Consultores en Imagen Pública, institución que tengo el honor de presidir. Las mencionaré sin orden de importancia. Primera, los impuestos son muchos, excesivos y complicados: pagamos IVA, ISR, IETU, IDE, predial, gasolina, ISAN, tenencia y varios más que bien podrían alargar la lista hasta el punto de causar depresión en mis lectores al sumarlos y traducirlos en el porcentaje total que de sus ingresos pagan de impuestos. Segunda, los impuestos son muy difíciles de pagar, tanto que el ciudadano común y corriente se declara ignorante e incapaz de hacerlo por sí solo, así que al costo de los impuestos deberá agregarle el de un contador que le auxilie en la tarea. Tercera, pagar los impuestos provoca enojo, ya que se cree que no se aplican en beneficio de todos, en salud, educación, vialidades o servicios urbanos que tienen la reputación de ser deficientes, sino que cínicamente son derrochados sin escrúpulos en dádivas a personas e instituciones parásitas que se enriquecen desproporcionadamente con el dinero de los contribuyentes. Cada vez que estalla un escándalo mediático debido a los pagos estratosféricos que los funcionarios públicos se otorgan a sí mismos la gente confirma que este punto es cierto. Cuarta, como los impuestos provocan miedo, quienes incorrectamente los evaden prefieren seguir escondiéndose antes de considerar regularizarse. Quinta, pagar puntualmente los impuestos provoca mucha decepción, al constatarse que tarde o temprano las autoridades fiscales otorgarán la condonación de multas y recargos como promoción de la regularización de los morosos, así que, ¿para qué pagarlos a tiempo? Sexta, pagar impuestos produce indignación cuando se constata que existen millones de evasores que ante los ojos de las autoridades lucran sin cubrir su obligación fiscal. ¿Por qué yo sí debo pagar y ellos no?, se pregunta la minoría cautiva y por lo tanto forzadamente cumplida al expedir el cheque correspondiente. Ahora mezclen todas estas razones que actúan al mismo tiempo sobre la percepción de la gente y comprenderán el porqué de la mala imagen pública del sistema fiscal mexicano.
¿Quitar la tenencia?…
Derogar la tenencia fue una efectiva promesa de campaña del presidente Felipe Calderón que en su momento le ganó votos y a la fecha no ha sido cumplida. La verdad, nada hubiera pasado si los diputados no hubieran removido el avispero iniciando una propuesta de cancelación del injusto y odiado impuesto al cuarto para la hora, sin embargo lo hicieron como estrategia de imagen pública ante el inminente proceso electoral de medio sexenio. Pero les faltó timing.
El timing...
La idea de la derogación de la tenencia no era nada mala y, el momento de hacerlo, el preciso: cuando estaba empezando la crisis. Sin embargo fue mal planeada y peor ejecutada. Los que deberían haber tomado la iniciativa eran los diputados del PAN quienes con esto hubieran puesto contra las cuerdas a sus opositores que se hubieran arriesgado a empañar su imagen pública en caso de que no la respaldaran. De ahí, deberían de haber pasado la voz cantante al presidente Calderón quien podría haberlo anunciado como cumplimiento de su promesa de campaña y como medida anticrisis, pues de paso también hubiera favorecido a la industria automotriz. Pero la mala planeación impidió que este escenario se diera. Los gobernadores de los estados protestaron, pues la medida significa menos ingresos para sus entidades y la idea se abortó.
¿Y ahora qué?…
A quince días del vencimiento del plazo para pagar la tenencia todavía hay mucha gente que dice que mejor se va a esperar “pues capaz que la quitan” y, si no, ante la confusión, “de seguro alargan el plazo”. El presidente Calderón ya dijo a los diputados y a los gobernadores que le hagan como quieran, que él sólo pasaba por ahí, y el resto de los mortales… pues a pagar. Todo fue un sueño demasiado bueno para ser verdad.
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