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Elecciones en EU

Benito Nacif
13-Nov-2008
La Unión Americana celebró el pasado 4 de noviembre unos comicios normales. No hubo sorpresas. El candidato ganador fue el mismo que punteaba en las encuestas de intención del voto de forma consistente desde mediados de septiembre.



En un sentido muy importante, las pasadas elecciones en EU fueron históricas. Algo que parecía un sueño irrealizable para las generaciones pasadas terminó convirtiéndose en realidad. En unos comicios caracterizados por una alta participación —no vista desde la década de 1960—, EU eligió al primer presidente afroamericano en su historia. La llegada de Barack Obama a la Casa Blanca es un triunfo en la larga lucha por la integración racial. Más aún, constituye el símbolo inequívoco de que la promesa de igualdad, plasmada en la Declaración de Independencia de ese país, finalmente se ha cumplido para la minoría afroamericana.

Sin embargo, en un sentido distinto, EU celebró el pasado 4 de noviembre unas elecciones normales. No hubo sorpresas. El candidato ganador fue el mismo que punteaba en las encuestas de intención del voto de forma consistente desde mediados de septiembre. La misma noche de la elección, los estadunidenses y el mundo entero conocieron quién había sido el triunfador de la contienda presidencial.

No hizo falta que interviniera ninguna autoridad gubernamental. Como de costumbre, las cadenas televisoras fueron informando resultados conforme se cerraban los cómputos a lo largo de la Unión Americana. Una vez que se divulgaron las tendencias definitivas en los estados decisivos —el terreno en el que se peleó la elección—, había certidumbre con respecto al ganador. Por si quedaba alguna duda, el candidato perdedor, el senador John McCain, salió a reconocer su derrota en un generoso “discurso de concesión”. Tras una campaña presidencial larga, dura y sucia, la democracia más antigua del mundo salía fuerte y vigorosa.

Y sin embargo no fueron unas elecciones perfectas, si tal cosa existe en alguna parte del mundo. A más de una semana del día de la elección, aún no se sabe qué candidato ganó los 11 delegados al Colegio Electoral del estado de Missouri. El empate técnico persiste, aunque importa poco pues la ventaja del senador Obama es muy amplia: 365 contra sólo 162 votos de McCain. En Alaska —el estado de la candidata republicana a la vicepresidencia, Sarah Palin—, todavía falta contar 30 por ciento de las boletas de la elección senatorial. En Minnesota, los votos que separan al puntero en la contienda para el Senado son tan sólo 216. Siguen los recuentos y todo el mundo anticipa que la elección se decidirá en los tribunales.

El sistema de administración electoral de EU es complejo, único e inimitable. De forma regular produce resultados satisfactorios. No obstante, también puede fallar, como sucedió en las elecciones presidenciales de 2000. Adicionalmente, el potencial para acusaciones de fraude es enorme. Durante la pasada elección, por ejemplo, el Partido Republicano presentó diversas quejas sobre el registro fraudulento de electores en algunos estados.

Sin embargo, debido a la gran descentralización y a la enorme diversidad, EU constituye un rico laboratorio para el estudio de los sistemas de organización electoral. Cada estado y cada condado tienen una forma distinta de hacer elecciones. La intervención de las autoridades federales, aunque creciente, resulta bastante limitada en comparación con el resto del mundo y con México en particular. Ello permite que se realicen experimentos con nuevas regulaciones, métodos y tecnologías que otros estados dentro de EU siguen con atención y del que otras naciones también pueden aprender.

En las pasadas elecciones se registran al menos dos nuevas tendencias que resultan particularmente relevantes para México. En primer lugar, tenemos lo que se puede llamar el “regreso del papel”. Entre 2000 y 2006, el porcentaje de casillas que utilizó el llamado voto electrónico pasó de 12 a 38 por ciento. Sin embargo, el entusiasmo por esta tecnología electoral ha empezado a declinar. En 2008, sólo 30 por ciento de las casillas utilizaron voto electrónico. En California y Florida se está rematando el equipo adquirido en el pasado.

La tecnología en ascenso es el papel para lectores ópticos. En los últimos ocho años ha desplazado a las tarjetas perforables como la tecnología más utilizada. En la pasada elección, alrededor de 58 por ciento del electorado votó en boletas de papel para lectores ópticos. El método que se utiliza en México —boletas de papel contadas a mano­— prácticamente ha desaparecido en EU.

Otra tendencia interesante es el crecimiento del voto anticipado. Aproximadamente un tercio de los votantes habían ejercido su derecho al voto antes de la elección. Se trata de un récord en la historia electoral de EU, producto del relajamiento de las restricciones al voto anticipado en la gran mayoría de los estados. En el de Oregon, por ejemplo, no se instalaron casillas: 100 por ciento de la votación fue por correo.

La experiencia nos enseña que lo que funciona en un país no necesariamente tiene el mismo resultado en otro. Hay una historia y una cultura detrás de cada sistema de administración de elecciones. Pero, así como no debemos imitar, tampoco podemos ignorar lo que sucede en otras latitudes.

* Consejero electoral del IFE

La experiencia nos enseña que lo que funciona en un país no necesariamente tiene el mismo resultado en otro. Hay una historia y una cultura detrás de cada sistema de administración de elecciones.

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