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¿Para qué sirven las intermedias?

Benito Nacif
16-Oct-2008
No me propongo limitar este espacio a los asuntos electorales. Habrá otros temas en los que el problema de la “doble cachucha” dejará de estar presente.



Benito Nacif *

Me da un gusto enorme regresar a las páginas editoriales de Excélsior. En febrero pasado, la Cámara de Diputados me distinguió con el nombramiento de consejero electoral del IFE. Desde entonces, asumí mis nuevas responsabilidades con entrega y orgullo. Fue un cambio súbito en mi vida profesional. Por ello, muy a mi pesar, tuve que suspender mis entregas semanales a este queridísimo diario.

Tomé la decisión convencido de que era prudente abrir un espacio para adaptarme a mi nuevo entorno. Asimismo, creí necesario reconsiderar mi posición como articulista. Al asumir el cargo de consejero electoral del IFE hice mías también nuevas lealtades con la institución a la que ahora sirvo. Me inquietaba el pensamiento de que pudieran entrar en conflicto con la lealtad que todo articulista debe a sus lectores.

Sin embargo, a lo largo de estos meses me he convencido de que servir al IFE y servir al lector pueden ser objetivos muy compatibles. Hay un importante trabajo de explicación que realizar sobre las decisiones y los acuerdos del Consejo General. Aquí una visión interna puede resultar beneficiosa en la construcción de la opinión pública. Por otro lado, no me propongo limitar este espacio a los asuntos electorales. Habrá otros temas en los que el problema de la “doble cachucha” dejará de estar presente.

Un tema propicio para reanudar mis contribuciones a las páginas editoriales de Excélsior es el de las elecciones intermedias. El pasado 3 de octubre, el Consejo General del IFE dio el banderazo de inicio al proceso electoral federal para renovar los 500 escaños de la Cámara de Diputados. Se les conoce como elecciones intermedias porque ocurren justo a la mitad del ciclo sexenal que regula tanto a la Presidencia de la República como al Senado.

Desde el punto de vista del órgano encargado de organizar las elecciones, son unos comicios que plantean retos y dificultades especiales. Históricamente, se trata de procesos en los que las tasas de participación electoral suelen ser considerablemente más bajas que las elecciones en las que se renueva la Presidencia de la República. Los partidos políticos y los candidatos a diputados enfrentan obstáculos mayores para entusiasmar y movilizar a los votantes.

Por su parte, tanto el IFE como los institutos electorales locales no sólo tienen que hacer un doble esfuerzo para promover el voto, además se ven obligados a realizar un trabajo de convencimiento más arduo con el fin de conseguir que los ciudadanos participen como funcionarios de casilla. A menudo esta forma de participación política suele pasar inadvertida, pero en nuestro sistema la recepción y el cómputo de votos depende de este trabajo desinteresado de la ciudadanía; un sacrificio indispensable que constituye uno de los mayores ejercicios de virtud cívica que realizan los mexicanos cada vez que hay elecciones.

Dadas las dificultades —y los costos— de organizar elecciones intermedias, no falta quien se pregunte si en realidad son necesarias, si sirven para algo. En este mismo diario, José Antonio Crespo argumentaba que este tipo de elecciones genera más problemas que beneficios. Su opinión coincide con la de los críticos de las democracias presidenciales, para quienes la gobernabilidad depende de relaciones armónicas entre el Presidente y el Congreso, propiciadas bajo condiciones de gobierno unificado.

Ciertamente, cuando se elige al jefe del Ejecutivo y a la Legislatura al mismo tiempo, la probabilidad de que un mismo partido controle ambas ramas del gobierno es mayor. Asimismo, cuando sólo se renueva el Congreso —como sucede en las elecciones intermedias— aumenta la probabilidad de que el contingente legislativo del Presidente disminuya su tamaño. En otras palabras, si lo único que nos interesa es cooperación entre poderes, las elecciones intermedias son sólo una fuente de riesgos.

Sin embargo, tales elecciones son mucho más que eso. En un sistema rígido en lo que concierne a la duración del periodo de servicio tanto del Presidente como de la Legislatura (este es uno de los sellos distintivos de los sistemas presidenciales), los comicios de mitad de término constituyen una fuente de flexibilidad. Abren una valiosa oportunidad para que el electorado intervenga con miras a redefinir el equilibrio de poderes entre el Ejecutivo y el Legislativo.

Efectivamente, las elecciones intermedias pueden servir para moderar o detener a una Presidencia con una agenda de cambios ambiciosa, como le ocurrió a Vicente Fox y en menor medida a Ernesto Zedillo. Sin embargo, también pueden ayudar a una Presidencia atribulada por una oposición recalcitrante en el Congreso. En último caso, el electorado puede dejar las cosas como están, si considera que el statu quo es la mejor manera de proteger el interés público.

Tengo la impresión de que el electorado mexicano se encuentra en un proceso de aprendizaje con respecto a las elecciones intermedias. A una buena parte aún no le queda claro para qué sirven. Pero hay bastante evidencia de que aprende rápido.

benitonacif@gmail.com

*Consejero Electoral del IFE

En un sistema rígido en lo que concierne a la duración del periodo de servicio tanto del Presidente como de la Legislatura, los comicios de mitad de término constituyen una fuente de flexibilidad.

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