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¿La Iglesia católica?, ¡fuera del Bicentenario!
Francisco Martín Moreno
26-Sep-2008
Esa religión estuvo en contra de la Independencia de México, como lo estuvo en contra del movimiento armado de 1910.
Francisco Martín Moreno
En lugar de beatificar a los sacerdotes Hidalgo y Morelos y consagrarlos como dos de los grandes padres fundadores de nuestra nacionalidad, la Iglesia católica los declaró herejes, muy a pesar de que el cura de Dolores hubiera puesto en su estandarte con el que convocó a acabar con los malos gobiernos: “Viva la Religión. Viva nuestra Madre santísima de Guadalupe”. Por lo tanto, ordenó que a los dos humildes sacerdotes les humedecieran la superficie de sus manos con ácido por haber sostenido los Santos Sacramentos, con los cuales fueron ungidos al ordenarse en el seminario y se las rasparan con un cepillo de acero. Por si fuera poco, se ordenó el fusilamiento y la decapitación de Hidalgo, así como la colocación de su cabeza en una de las esquinas de la Alhóndiga de Granaditas durante diez años, como una medida ejemplar de la que deberían tomar nota otros religiosos y civiles de la Nueva España.
En relación con Morelos, su propia Iglesia lo mandó fusilar por proclamar la soberanía e independencia de la América mexicana y por proponer, a través de la Constitución de Apatzingán, la primera Carta Magna mexicana, un gobierno republicano con cambios radicales en la organización política y económica del México naciente. El cura Morelos exigió un humanismo igualitario y cristiano, la proscripción de la esclavitud, la instrumentación de una reforma tributaria, la derogación del impuesto per cápita de los indios, proclamó los derechos fundamentales del hombre y del ciudadano, la cancelación de la tortura, la abolición de privilegios, el rechazo al régimen colonial… Este “supuesto” hereje, solicitó, entre otras tantas medidas más, la adopción del 12 de diciembre para celebrar a la Patrona de nuestra libertad, María Santísima de Guadalupe: un digno, dignísimo liberal católico amante de la evolución y del progreso. En el acta de excomunión de Morelos la Iglesia católica no sólo ordenó que el cadáver de Morelos fuera decapitado, sino que fue sentenciado también a la mutilación de su mano derecha para que fuera exhibida en Oaxaca…
Si la alta jerarquía clerical, adinerada, rica e influyente, dueña de vidas y haciendas, ordenó la ejecución de Hidalgo y Morelos, dos curas católicos nobilísimos, es porque no estaba dispuesta a poner en juego sus enormes intereses políticos y económicos. Los auténticos príncipes de la Iglesia católica, sus superiores jerárquicos, fueron los asesinos. ¡Claro que al gobierno virreinal le interesaba fundamentalmente aplastar el movimiento, sí, por supuesto que sí, sus razones eran evidentes, pero no perdamos de vista que el clero, integrante del tribunal que los juzgó a ambos, estaba igualmente deseoso de acabar, a como diera lugar, con la vida de los dos, pero por diversas razones..!
Los virreyes fueron inocentes de semejante crueldad. La vesania clerical de sus correligionarios, ese celo fanático y enfermizo por impedir la movilidad política y segar de un tajo la menor amenaza en contra de sus múltiples intereses, ocasionó que casi destazaran a esos dos sacerdotes, en el nombre sea de Dios. He aquí algunos de los cargos de los que fue acusado Morelos por la Santa Inquisición: … el Presbítero don José María Morelos, es hereje materialista y deísta y traidor de lesa majestad divina y humana… Se le degradará por confitente diminuto, malicioso y pertinaz… Se le declarará hereje formal negativo, despreciador, perturbador y perseguidor de la jerarquía eclesiástica, atentador y profanador de los Santos Sacramentos; que es hereje y fautor de herejes desde que empezó la insurrección; y como a enemigo cruel del Santo Oficio…
La Iglesia, es claro, estuvo en contra de la Independencia de México, como lo estuvo en contra del movimiento armado de 1910: “La revolución es contraria al orden cristiano y a la realeza temporal de Cristo.” Satanás, dice el clero, es el padre de toda revolución y, por ello, nadie debe obedecerlo, porque hacerlo equivale a acatar las disposiciones del diablo, quien siempre guió de la mano a los revolucionarios mexicanos, para ya ni hablar de los constitucionalistas que coronaron la obra de Mefistófeles poniéndola en blanco y negro y promulgando una legislación suicida para la gran tragedia de México.
De la misma manera en que la Iglesia estuvo del lado de Santa Anna, de Bustamante, de Miramón y de Porfirio Díaz, discretamente lo estuvo del lado de Victoriano Huerta, a quien le cantó una misa de gracias, un Te Deum, además de proporcionarle ayuda económica después de asesinar a Madero… Por si fuera poco, el alto clero católico le volvió a declarar la guerra al gobierno mexicano durante la rebelión cristera, cuando aquél trató de imponer las disposiciones contenidas en la Constitución de 1917.
¿Cómo se atreve la Iglesia católica a tratar de celebrar el bicentenario cuando estuvo en contra de la Independencia y de la Revolución y luchó denodadamente en contra de la libertad y de la superación de México?
fmartinmoreno@yahoo.com
El alto clero le volvió a declarar la guerra al gobierno durante la rebelión cristera, cuando aquél trató de imponer las disposiciones contenidas en la Constitución de 1917.
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