¿Qué reforma energética?
Gilberto Rincón Gallardo
30-Jul-2008
Con reforma o sin reforma, el petróleo no será una fuente energética eterna y el declive al producirlo, sumado a los efectos ambientales nocivos de su combustión, obliga a la búsqueda de nuevas fuentes de energía.
Como era de esperarse, la propuesta presidencial de un paquete de cambios orientados a la reforma de Petróleos Mexicanos ha suscitado un amplio y álgido debate en nuestro país. Como era también esperable, buena parte de este debate ha sido doctrinario y en ocasiones demagógico, mas también hemos tenido oportunidad, por ejemplo a través de la discusión de expertos en el Senado, de dimensionar la problemática energética de México.
Pocas veces se había discutido un tema en tantos foros y con tantos tonos y matices. Sin embargo, creo que no es exagerado decir que no se ha conseguido precisar ante la opinión ciudadana la naturaleza de la reforma perseguida ni los argumentos exactos de quienes se han cerrado en banda a todo cambio.
Los partidos han desplegado sus respectivas estrategias al respecto. Se trata, efectivamente, de discutir la reforma de Pemex, pero también, como es obvio, de afianzar posiciones políticas. Ello explica las campañas de publicidad, inusuales para informar sobre un proceso legislativo. Estas campañas pueden verse tanto en los medios de comunicación como en el recurso a consultas ciudadanas, que en los hechos han sido macroencuestas entre partidarios sensibilizados a favor de una posición previa.
El caso, sin embargo, es que algunas informaciones de enorme importancia sobre este tema no han ocupado el lugar que les corresponde. Por ejemplo, me llama mucho la atención que las previsiones sobre la productividad mexicana de petróleo crudo vayan en un acelerado descenso (el mejor ejemplo es el declive de la producción de Cantarell), con pronósticos funestos de que en menos de un lustro estaremos en caída libre en materia de producción petrolera. Otros datos son no menos inquietantes: si se mantiene un aumento relativamente moderado de la planta productiva nacional (aumento por lo demás necesario), en pocos años la demanda interna de petróleo captará la producción destinada a la exportación y dejará de ser México un país exportador, para convertirse en un importador incluso de crudo. Estos otros datos, que han pasado por las discusiones recientes pero no han tenido el foro suficiente para ser aquilatados, dan la impresión de que estamos como aquellos sabios de Bizancio, que discutían sobre si los ángeles tenían sexo cuando la ciudad estaba cercada por el invasor.
Tampoco hemos tenido una discusión integral sobre el futuro de la energía en México. Con reforma o sin reforma, el petróleo no será una fuente energética eterna y el declive al producirlo, sumado a los efectos ambientales nocivos de su combustión, obliga a la búsqueda de nuevas fuentes de energía. Recientemente, el acreditado sociólogo alemán Ulrich Beck ha alertado sobre la ilusión de creer que, ante los altos precios del petróleo y frente al problema medioambiental que éste genera, la combustión nuclear se convierte en la alternativa “limpia” y prácticamente eterna para generar energía. ¿Hemos acaso emprendido o seguido este debate?
Se dice que hay diálogo entre los partidos mayores y el gobierno para avanzar en la reforma energética. Esto es encomiable. Pero necesitamos que se busque una reforma energética completa y coherente y no un cambio que gire sólo en torno de temas que, siendo importantes, se han convertido en la obsesión de unos cuantos.
Necesitamos una reforma que contemple el futuro del país, sin las muletas del petróleo. Porque sólo así, sin hacer del petróleo un fetiche, podremos hablar del petróleo en serio.
presidencia@conapred.org.mx
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