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Día del Abogado, día de reflexión
Fernando Serrano Migallón
10-Jul-2008
El atormentado Ambroce Bierce, aquel gringo viejo que cruzó la frontera en tiempos de la Revolución Mexicana para perderse, entre el polvo de las milenarias columnas de la División del Norte y entre el polvo del olvido, vino a morirse a tierras mexicanas en una guerra que no entendía pero cuya vitalidad lo subyugaba; a Bierce lo salvaron, por otra parte, las palabras; las que de él dijeron autores como Carlos Fuentes y las que él mismo escribió, como testimonio de un ciudadano sometido a la estupidez, la locura y la injusticia de los tiempos que, ya a fines del siglo XIX, llamábamos modernos.
Son varios los libros de este escritor estadunidense, pero el más célebre es su Diccionario del Diablo, cínico muestrario de lo que la realidad arroja de cuando en cuando en la red del observador desencantado. En ese glosario generalísimo, para la voz justicia, Bierce apuntó: “Mercancía, más o menos adulterada, que vende el Estado al ciudadano como recompensa por su lealtad, impuestos y servicios personales”. Hay veces que uno no quisiera creerlo, pero esta triste definición se aproxima al encuentro del día a día de los ciudadanos con el mundo del derecho.
El día 12 de julio, desde hace varios años y en recuerdo de la primera cátedra de derecho dictada en América, se celebra en nuestro país el Día del Abogado. En esa fecha ocurren al menos dos fenómenos, el primero es el encuentro de un gremio muchas veces dividido pero en eterna búsqueda de su unidad, momento de reconocimientos y reclamaciones, en el que se vierten palabras a raudales y que, sin embargo, no parece muy cercano al ciudadano común y corriente, y el segundo, la eterna y siempre necesaria reflexión en torno a la materia de trabajo de los abogados: la legalidad y la justicia.
Entre todos los retos que los mexicanos hemos afrontado desde finales del siglo XX, como la conquista de la democracia viva y participativa, se encuentra el de la construcción de la legalidad como forma de vida y de la justicia como valor central de la convivencia social. Existe una brecha que separa a gobernantes y gobernados; de ahí que no podamos comprender cómo, para el gobernante, la tragedia del “antro” News Divine sea en realidad un problema de corrupción de menores, cuando nosotros vemos un evidente caso de corrupción de autoridades, que mientras para nosotros se trata de la vida estúpidamente segada de nueve adolescentes, para ellos sea un asunto de competencias policiales.
Pero los mexicanos hemos encontrado la forma en que la justicia deje de ser una mercancía expendida por el Estado, nuestra forma se llama ciudadanización y consiste en reclamar y ejercer nuestros derechos a través de todos los foros posibles. Hoy existimos más ciudadanos que nunca en todos los lugares haciendo algo, cualquier cosa, por pequeña que parezca, para lograr el imperio de la justicia y de la legalidad.
Siempre habrá abogados, en nuestra cultura y en todas las otras, dispuestos a adulterar la justicia para ofrecerla como botín o como platillo para el mejor postor, pero también es verdad que en nuestro país se han gestado nuevas generaciones de ciudadanos que sabrán establecer, por vías pacíficas y cotidianas, el imperio de la ley y de la justicia. Entre esos ciudadanos se encuentran los abogados que mañana harán del 12 de julio un día para celebrar la convivencia civilizada de los mexicanos, en torno a la legalidad, a la justicia y a la libertad.
fernando.serrano@cide.edu
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