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Servilismo, Iniciativa Mérida e ingratitud
Humberto Musacchio
12-Jun-2008
Por esta vez se puede estar de acuerdo con Calderón, quien ante periodistas españoles reclamó la falta de información, por parte de Washington, en torno a lo que se hace contra el narcotráfico al otro lado de la frontera.
Los amores fáciles suelen ser mal correspondidos. Ahora lo sabe el hombre de Los Pinos, pues todas las muestras de amistad, colaboración y aun de sumisión tienen como respuesta, por parte del Congreso estadunidense, una grosera pretensión de injerencia en las decisiones que sólo corresponden a los mexicanos.
En el gabinete de Felipe Calderón se hicieron demasiadas ilusiones con la Iniciativa Mérida y no faltaron funcionarios que elaboraron largas listas de demandas, como quien le escribe una ingenua carta a Santaclós. Pero si el interés tiene pies, la realidad causa estrés, lo que se confirmó hace unos días, cuando los parlamentarios del vecino país se erigieron en una especie de contraloría internacional y dijeron que habrá “ayuda” en la lucha antidrogas sólo si México les rinde cuentas.
Los sectores más pro yanquis salieron de inmediato a justificar el nuevo intento de intromisión. Dijeron que quien pone el dinero tiene derecho a exigir cuentas claras y prácticamente pedían que los mexicanos nos arrodilláramos ante la grosera actitud del vecino rico.
Pero curiosamente las voces más entreguistas esta vez no fueron escuchadas en la residencia presidencial ni en el Congreso mexicano, pues ambos poderes y los partidos en ellos representados rechazaron, sin rodeos, por esta vez al menos, la intención de que alguien meta su garra en los asuntos internos.
Abundan las razones para estar en contra de la llamada Iniciativa Mérida. La principal es que se parece demasiado al Plan Colombia, que ha servido principalmente para fomentar una amplísima corrupción, tanto en el gobierno, el ejército y los cuerpos policiacos de ese país sudamericano, como en su sector empresarial, que se ha visto ampliamente beneficiado por la irrupción de dólares (tres veces más de lo que recibiría México), sin que se advierta el fin cercano de las exportaciones de droga.
Por supuesto, esas consideraciones no han estado presentes en los políticos mexicanos que ya se relamen los bigotes ante la Iniciativa Mérida y las colosales cantidades de dólares que representa y que seguramente acabarán por salpicarlos. Pese a todo, por esta vez hasta se puede estar de acuerdo con Calderón, quien, ante un grupo de periodistas españoles, reclamó la falta de información, por parte de Washington, en torno a lo que se hace contra el narcotráfico al otro lado de la frontera.
Y puso ejemplos contundentes. Dijo que mientras aquí en sólo un año se puso a disposición de la justicia a 20 mil personas vinculadas al tráfico de drogas, no se sabe qué hacen las autoridades de Estados Unidos para contener a sus grupos delictivos, pues no se da siquiera “una cifra específica” de detenidos, de efectivos destinados a combatir el crimen ni otros datos que sería oportuno conocer.
“Es inconcebible —dijo textualmente el michoacano— que las redes criminales existan sólo del lado mexicano y que al pasar la droga por la frontera desaparezcan como por arte de magia, como si no existieran… Hace falta mucho mayor cooperación de Estados Unidos en materia de políticas para reducir efectivamente el consumo de enervantes en ese país, en políticas de persecución de las redes criminales en su propio territorio”.
Calderón señaló que, “al lado nuestro, está el mayor consumo de drogas del mundo, y que ese mayor consumo sigue determinando en una buen parte las rutas de trasiego de drogas”. Algunos periódicos interpretaron lo dicho por Calderón con frases como “México pone los muertos y EU los consumidores”. Es una síntesis acertada y elocuente.
Por su parte, Juan Camilo Mouriño, quien cobra como secretario de Gobernación, al referirse al mismo asunto hizo el descubrimiento del hilo negro, pues dijo que “el crimen organizado busca debilitar las instituciones públicas que puedan poner en riesgo la operación de sus negocios”. Pues sí, y hasta ahora lo está logrando.
Lo cierto es que la respuesta mexicana a lo acordado en Washington en torno a la Iniciativa Mérida motivó precisiones del embajador estadunidense, Antonio Garza, quien advirtió que está a la mitad el proceso legislativo sobre el asunto y todavía hay puntos discutibles. Sí, pero en lo sustancial —el injerencismo— no parece que sus paisanos vayan a retroceder.
Lamentablemente, en medio de todo, el gobierno federal insiste en considerar exitosa su estrategia en la lucha contra el narcotráfico. De ahí que Calderón esgrima que “grupos criminales que antes eran aliados, ahora se disputan el territorio de manera extremadamente violenta”, cuando lo cierto es que, ante una embestida gubernamental, lo esperable sería que los afectados cerraran filas. Si no lo hacen es porque la batida contra los delincuentes no les ha hecho mella, en tanto que ha sido altamente costosa para el Estado, que decidió mandar y mantener al Ejército en ese frente pese a la altísima pérdida de vidas, de dinero y de prestigio. ¿Hay que insistir con la misma receta?
hum_mus@hotmail.com
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