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Reforma petrolera contra la historia

Humberto Musacchio
05-Jun-2008
Los políticos que promueven la reforma carecen de imaginación y autoridad moral para hacerle frente a los corruptos. Han sido aliados y compadres toda la vida y no hay uno que pueda arrojar la primera piedra.



Humberto Musacchio

Es feroz la resistencia de priistas y panistas ante una consulta popular sobre la desnacionalización del petróleo. Sorprende esa actitud porque tal consulta sería organizada y realizada por el Instituto Federal Electoral, donde el PRI y el PAN conservan mayoría abrumadora y muy bien podrían repetir la experiencia de 2006, aunque ahora el cochinero fuera con chapopote.

En fin, que el miedo no suele andar a lomo de pollino. Los promotores de la contrarreforma petrolera prefieren aprobar en privado el atraco a la nación, pese a que ha surgido una débil resistencia entre algunos priistas, formados todos ellos en la idea de que la nacionalización cardenista fue un acto de soberanía y una conquista histórica que permitió, digamos de paso, transformar al viejo país agrario en una de las 15 mayores economías del mundo.

En la desplumada ala nacionalista del PRI hay una resistencia casi intangible, como antes la hubo ante otros procesos privatizadores frente a los cuales la rebeldía acabó en mera componenda, como ocurrió con la venta de los bancos, los satélites, los ferrocarriles y otros bienes de la nación. Esos asomos de dignidad en las filas priistas acaban siempre en arreglos en lo oscurito, en algún beneficio para los rejegos que al final doblan las manos, pero se trata de una resistencia que no por débil es menos digna de mención.

Resulta extraño que quieran privatizar el sector petrolero hoy que los hidrocarburos han llegado a precios altísimos. No se descarta que tales precios estén influidos por maniobras especulativas, pero lo cierto es que si bajan no será para volver al nivel de hace unas semanas, pues la tendencia general es a que el barril cueste cada vez más. Incluso, hay consenso entre los expertos en que primero se debe trabajar y retrabajar en los yacimientos someros, quitarle a Pemex su pesada carga fiscal y permitirle el autofinanciamiento. Pero no. Prefieren vender la vaca aunque el país se quede sin leche.

El mundo camina aceleradamente hacia una dramática crisis de energía y eso lo sabe hasta Cristina Kessel. El modelo económico basado en el empleo de hidrocarburos está llegando a su fin, entre otras cosas porque el consumo aumenta de manera incontenible y porque se están agotando los yacimientos de petróleo más accesibles.

Pero si estamos ante una inminente crisis de la economía basada en el petróleo, lo esperable hubiera sido una reforma de todo el sector energético, un conjunto de cambios legales y técnicos que promovieran la investigación de nuevas opciones y propiciaran el empleo de otras fuentes de energía. Pero en la reforma calderonista nada hay de eso.

Los políticos que promueven la entrega del petróleo a las transnacionales no lo hacen gratis. Algún beneficio esperan sacar de operaciones que seguramente serán en gran escala y para las cuales ya se desató un intenso cabildeo, como lo ilustra la hiperactividad entre empresarios españoles del señor Antonio Solá, el publicista de Felipe Calderón y padre putativo de la guerra sucia de 2006.

Los legisladores del PRI y los del PAN no tienen en mente el aprovechamiento de los vientos ni de las mareas para generar energía. Tampoco se habla de la energía nuclear, que con todo y sus riesgos debería entrar en la discusión. Nada. Hay que vender ahora, al precio que sea, sacar alguna ganancia personal y el que venga atrás que arree.

Se procede con una irresponsabilidad manifiesta en la idea de que los ciudadanos no estamos capacitados para opinar, pues es un asunto altamente técnico. Pero está comprobadísimo que los señores legisladores son, con excepciones por conocer, una caterva de ignorantes, meros levantadedos cuya única preocupación es continuar viviendo del erario.

El vendedor de periódicos de la esquina, el bolero, la señora del mercado o el obrero no saben menos de petróleo que un senador promedio. Saben, por ejemplo, que Pemex carga con una mafia sindical altamente onerosa para la nación, pero en la iniciativa de Calderón no hay disposición alguna que tienda siquiera a acotarla, pues se trata a fin de cuentas de una fuerza aliada.

Mientras los legisladores y las transnacionales buscan la manera de aprobar su reforma, Romero Deschamps sigue disfrutando de su yate de millón y medio de dólares y de su departamento de millón y cuarto de dólares en Cancún, continúa haciendo ostentación de sus lujosos relojes y derrochando fortunas en las mesas de Las Vegas. Hágase la reforma en los bueyes de mi compadre, bien pueden decir los gánsteres del sindicato.

Las empresas “espejo” con las que se pretende sanear el sector petrolero nos recuerdan a un presidente venezolano que hace varias décadas pretendió combatir la corrupción policiaca creando una corporación paralela que poco tiempo después acabó revolcándose en la misma o en peor corrupción.

Los políticos que promueven la reforma carecen de imaginación y de autoridad moral para hacerle frente a los corruptos. Han sido aliados y compadres toda la vida y no hay uno que pueda arrojar la primera piedra.

hum_mus@hotmail.com

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