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Carestía, subsidios y dogmas neoliberales
Humberto Musacchio
22-May-2008
¿Y la tortilla? Bueno, pues si en algún expendio le suben el precio, don Alberto Cárdenas Jiménez le recomienda al consumidor que mejor compre ese alimento en el súper.
Humberto Musacchio
Una mala y una buena. Robert Zoellick, presidente del Banco Mundial, advirtió hace unos días sobre la gravedad de la crisis alimentaria y anunció que los precios de los productos del campo seguirán al alza por lo menos hasta 2010, cuando se producirá una baja, pese a lo cual quedarán por arriba del nivel que alcanzaron en 2004. ¿La buena? Que para Agustín Carstens, secretario de Hacienda, México es uno de los países donde el impacto de la carestía será menor.
Es menos optimista Joaquín Vial, economista en jefe de la Unidad de Tendencias Globales del grupo español BBVA, quien dice que el alza llegó para quedarse, tanto por la utilización de granos en la producción de combustibles como por el aumento de la demanda debido al mayor consumo de los países asiáticos, pues solamente China se come casi la tercera parte de la carne disponible en el mundo (La Jornada, 8/V/08).
Vial señaló que México, autosuficiente en la producción de alimentos hasta hace unas décadas, es hoy un país vulnerable porque depende de las importaciones para satisfacer sus necesidades de maíz, trigo y arroz. Confirman su dicho cifras recabadas por el organismo que dirige, según el cual México importa la mitad del trigo que consume, 75% del arroz que se come e importa, según esta fuente, 23.6 kilos de cada cien que requiere (otras fuentes señalan que la dependencia de maíz llega a más de 70 por ciento).
Datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (citados por Roberto González Amador en el mismo diario) señalan que el inventario mundial de maíz, que en 2001 llegaba a 30% del consumo anual, en 2007 sólo era de 12%; el de arroz, que llegaba a 34 por ciento, el año pasado fue de 15% en tanto que el de trigo pasó de 35 a 17 por ciento.
La producción mundial de granos, que en promedio creció 2% entre 1970 y 1990, en años posteriores tuvo un rendimiento promedio de apenas la mitad, en tanto que la superficie cultivada creció sólo 0.15%, de 1970 a 2007, lo que hace concluir a Vial “que el mundo ha alcanzado un límite en la superficie disponible para el cultivo”.
Por lo pronto, como lo sabe cualquier consumidor, el arroz ya subió 20%, el pan casi otro tanto y las harinas de trigo alrededor de 27%, mientras que el huevo, otro producto de primera necesidad, ya cuesta una cuarta parte más de lo que costaba en marzo.
¿Y la tortilla? Bueno, pues si en algún expendio le suben el precio, don Alberto Cárdenas Jiménez le recomienda al consumidor que mejor compre ese alimento en el súper. Y ese consejo, que es muy de tomarse en cuenta entre amas de casa, suena ridículo en boca de quien es, ni más ni menos, el secretario de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación del gobierno federal. Pero así andamos.
La semana pasada, durante la quinta Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de América Latina, celebrada en Lima, Felipe Calderón encabezó la mesa de trabajo llamada “Pobreza, desigualdad e inclusión”. Al presentar sus conclusiones, dijo que “el desafío de los alimentos, evidentemente es una de las mayores amenazas que podrían hacer retroceder lo avanzado en términos de combate a la pobreza”, lo que es una forma elegante de decir que habrá más hambre y miseria.
En el caso de México, Calderón culpó de la baja producción alimentaria a la migración. De acuerdo con la nota de Ivonne Melgar aparecida en Excélsior (17/V/08), el ocupante de Los Pinos dijo que “el problema tiene que ver con las economías que, sin subsidio agrícola, por las condiciones de pobreza de sus gobiernos en la década de los ochenta y noventa, los agricultores, incapaces de competir con economías subsidiadas en la producción de alimentos, terminaron por abandonar sus tierras”.
En un solo día, Calderón echó por tierra dos mitos neoliberales. Uno, el que establece que no deben entregarse subsidios a los productores y, otro, según el cual la mano invisible del mercado tiene la facultad de corregir desequilibrios, evitar desviaciones y acabar con el mal de ojo. Dijo el michoacano: “Se requiere de la acción rectora y rectificadora del Estado para corregir las enormes desigualdades y la pobreza que seguimos sufriendo, particularmente en nuestro continente de América Latina”.
Durante cuatro sexenios se manejó la economía mexicana bajo el dogma neoliberal, cuyos sacerdotes repudiaban la intervención estatal, remataron los Almacenes Nacionales de Depósito (nuestra reserva de granos), suprimieron el Banjidal y otros mecanismos de estímulo a la producción e hicieron todo para que el país abandonara los cultivos que llamaban improductivos y optara por las grandes importaciones. Hoy, hasta el archineoliberal Banco Interamericano de Desarrollo recomienda a México incrementar los subsidios y entregarlos en efectivo a las familias.
En suma, los mayores templos del credo neoliberal, el Banco Mundial y el BID, recomiendan los subsidios, la intervención del Estado y otras medidas que hasta hace unos cuantos días eran tildadas de “populismo”. ¿No que no?
hum_mus@hotmail.com
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