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Crispación demócrata a la baja
Rafael Fernández de Castro
08-May-2008
Para Obama, lo más importante es que en Carolina del Norte ganó por más de 250 mil votos, esto hace aritméticamente casi imposible que Clinton, en las seis elecciones que quedan, pueda repetir el voto popular.
Rafael Fernández de Castro
“Si Hillary Clinton termina por descalificar a Barack Obama será la primera vez en mi vida que votaré por un republicano, John McCain”.
Funcionaria del National Council of La Raza.
“No seas macho, cómo puedes decir que Hillary Clinton debe declinar su candidatura para no minar las posibilidades de triunfo de Barack Obama. Ella es la gran oportunidad para la mujer de Estados Unidos y del mundo.”
Líder mexicana que apoya a Clinton.
“El 21 de junio, el solsticio de verano y, por tanto, el día más largo del año, realizaré una fiesta por la continuidad demócrata”.
Funcionaria de la campaña de Hillary Clinton.
Esos fueron algunos comentarios que escuché de tres amigas demócratas el fin de semana pasado y que muestran un claro escenario de crispación entre los seguidores demócratas. No es para menos. Después de ocho años de estar en la banca política, la impopularidad de George W. Bush los favorece para regresar a la Casa Blanca.
En las últimas dos semanas, Obama se veía abrumado. Cometió un error en la contienda de Ohio al decir que los electores, ante el acoso económico, se refugiaban en las armas y la religión. Aseveración que el equipo de Clinton juzgó de elitista por ser insensible al electorado. Y cuando menguaba la tormenta de sus electores, las declaraciones incendiarias de su pastor por 20 años, el reverendo Jeremiah A. Wright Jr., afectaron negativamente la imagen de Obama, lo que lo obligó a criticar a su líder espiritual y a romper definitivamente con él.
Mientras que para la campaña de Barack Obama fueron tres semanas negativas, en el caso del equipo de Clinton fueron el fortalecimiento de la suya. En ese momento, Hillary no sólo estaba de pie sino creía que le daría la vuelta en las primarias, para lo cual se preparaba con miras a ganar la contienda en Carolina del Norte e Indiana.
Pero Obama se impuso a Clinton en Carolina del Norte, con 56 por ciento de los votos, frente a 42 por ciento, mientras que, en Indiana, Hillary ganó por reducido margen de 51 por ciento a 49 por ciento del senador por Illinois. Para Obama, lo más importante es que en Carolina del Norte ganó por más de 250 mil votos, esto hace aritméticamente casi imposible que Clinton, en las seis elecciones que quedan, pueda repetir el voto popular. No obstante, el equipo de Hillary no baja la guardia. De acuerdo con Howard Wolfson, uno de los principales estrategas de Hillary, “en Florida y Michigan el esfuerzo deberá ser mayor y, los resultados, contundentes”
En un discurso de agradecimiento a sus simpatizantes por el triunfo de este martes en las primarias de Carolina del Norte, Obama criticó a quienes decían que los comicios internos en esa entidad cambiarían el juego en la contienda. “Hoy, lo que Carolina del Norte decidió es que el único juego que necesita cambiar es el de Washington”, y destacó que está a menos de 200 delegados de ganar la nominación demócrata para la presidencia de Estados Unidos.
Mi interpretación es que lo acontecido en Indiana le permitió tocar fondo a la crisis de Obama. Saltó a las cuerdas con un mensaje conciliador y está enfilando sus baterías contra el republicano McCain. Más aún, la recuperación de Barack Obama servirá de bálsamo a los raspones y las heridas que ha producido la ríspida contienda demócrata. El público, fascinado con la campaña negativa de Clinton, le reconoce su ambición y voluntad de hierro, pero su desventaja es que Hillary carece del carisma y del mensaje conciliador de su rival.
Seguramente Clinton esperará unas semanas para dar su brazo a torcer. Sus seguidores seguirán mostrando ojeras tratando de encontrar un esqueleto en el clóset de Obama, para enterrarlo. De no encontrarlo, será difícil oponerse al creciente clamor demócrata: Unifiquemos al partido. Obama tendría mucho juego en la reconciliación con Clinton. El reto del senador es, por una parte, lograr que la base de seguidoras y seguidores de Hillary —los blancos y la clase trabajadora— no voten por McCain y, por otra, la reunificación de su partido.
rfcastro@itam.mx
El público, fascinado con la campaña negativa de Clinton, le reconoce su ambición y voluntad de hierro, pero su desventaja es que Hillary carece del carisma y el mensaje conciliador de su rival.
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