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Cómo manejar la relación con Estados Unidos

Rafael Fernández de Castro
01-May-2008
Canadá es el modelo. Tiene cientos de acuerdos interinstitucionales con Washington. Los temas se manejan en grupos de trabajo y a través de expertos.



Rafael Fernández de Castro

Para campear la descentralización del gobierno federal de Estados Unidos y la negligencia de Washington hacia asuntos mexicanos se han explorado tres caminos en las últimas décadas.

Relación personal. En repetidas ocasiones se ha demostrado que no es posible confiarse de la buena voluntad del ocupante en turno de la Casa Blanca. George W. Bush no tradujo en acciones concretas, impulsando una reforma migratoria, la estrecha relación personal que mantuvo al inicio de su gobierno con Vicente Fox.

Conducto especial. En el cuatrienio de Bush padre se buscó, a través de Bob Zoellick, el subsecretario de Estado, llegar al poderoso secretario de Estado Baker y al presidente Bush. Zoellick, hoy presidente del Banco Mundial, fue un buen conducto utilizado por José Córdoba desde Los Pinos. Esta fórmula se repitió al inicio del primer cuatrienio de Bill Clinton. Tomas McClarthy, el jefe de la oficina de la Casa Blanca, fue el conducto para llegar a la Oficina Oval durante la crisis financiera al principio del gobierno de Zedillo. Una vez que se fue McClarthy no hubo quien sirviera de conducto. Es decir, esta fórmula funciona sólo que exista la persona ideal en la posición ideal.

Institucionalizar la relación bilateral. Es la mejor forma, la más segura, de hacerle frente a la asimetría, la negligencia y la descentralización en la toma de decisiones del vecino. Canadá es el modelo. Tiene cientos de acuerdos interinstitucionales con Washington. Los temas se manejan en grupos de trabajo y por medio de expertos.

Durante los años noventa, la diplomacia mexicana realizó esfuerzos importantes por institucionalizar la relación con Estados Unidos. Como resultado del acercamiento que produjo la negociación del TLCAN, hubo importantes “derrames” (spillover, lo llaman los estudiosos de la Unión Europea) de institucionalización más allá del comercio. Se crearon nuevos mecanismos y se fortalecieron algunos existentes para manejar y administrar la relación con Estados Unidos.

El mecanismo de consulta que se fortaleció enormemente al inicio de los noventa fue la Comisión Binacional. Creada en 1981, no tenía peso alguno y sólo participaban tres secretarios de Estado de cada país —Relaciones Exteriores, Comercio y Hacienda—. Pero, al iniciarse las negociaciones del TLCAN, la Comisión se fortaleció para dar cabida a más de 20 secretarios de ambos países. La Comisión sesionaba una vez al año y llegó a ser vista como un símbolo de la importancia que ambos gobiernos federales le otorgaban a la relación bilateral. Esta Comisión, sin embargo, se ha erosionado y este año ni siquiera se reunirá.

También como “derrames” del TLCAN se crearon las comisiones ambientales y laborales de América del Norte. Los acuerdos paralelos, tanto ambiental como laboral, crearon una serie de instituciones, incluso con oficinas trilaterales. La ambiental se ubicó en Montreal, Canadá, y la laboral en Dallas, Texas. Pero estas instituciones han ido languideciendo. Siguen siendo una carga para los gobiernos federales (la oficina ambiental en Montreal le cuesta a cada país tres millones de dólares al año) y su influencia es mínima. De allí que urja evaluarlas y transformarlas.

En el tema del narcotráfico, en 1996 se creó el Grupo de Contacto de Alto Nivel (GCAN) para combatirlo. Lo encabezaban el procurador general y el zar antidrogas de EU y el procurador y el canciller mexicanos. Fue muy eficaz para mejorar la coordinación y crear confianza en los niveles más altos. Incluso, se realizó un diagnóstico y una estrategia binacional. Con el cambio de gobierno en ambos países, en 2000, se dejó de convocar al mecanismo. Y sobra decir la necesidad de un programa bilateral en el tema de la seguridad.

Finalmente, la Asociación para la Prosperidad y Seguridad de América del Norte (ASPAN) se convirtió, desde su origen en 2005, en el único foro para tratar temas de integración y seguridad no inmediatos, sino de mediano y largo plazos, y de paso se involucró al sector privado. En el gobierno de Fox la consigna era “arrastra los pies” en el tema de la seguridad, porque es prioridad del vecino, y avanza todo lo que puedas en el tema de la prosperidad.

La noticia de la última reunión de ASPAN, en Nuevo Orleáns, de transformar el mecanismo en una cumbre de líderes de los tres países, debe ser tomada con todo interés, especialmente por México, pues es el socio del TLCAN con menos mecanismos y grupos de trabajo con los otros dos —Estados Unidos y Canadá—.

La diplomacia de Calderón tiene un importante reto: reconfigurar la arquitectura institucional de la relación México-Estados Unidos. El Presidente tendría que ver a la institucionalización de la relación con nuestro vecino país con entusiasmo y como un extraordinario legado para la diplomacia mexicana.

rfcastro@itam.mx

La diplomacia de Calderón tiene un importante reto: reconfigurar la arquitectura institucional de la relación México-EU.

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