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El incierto futuro del PRD
René Avilés Fabila
30-Mar-2008
El PRD, creación de un caudillo que involuntariamente lo puso en manos de otro, es incapaz de transformarse en un México cuya peor tradición sigue viva: la de los “hombres fuertes”, los autócratas.
Pareciera, a simple vista, que el PRD está atrapado en su propia podredumbre, tan lejos de Cárdenas y tan cerca de López Obrador. Que la feroz lucha entre Ortega y Encinas no tiene más salida que la ruptura en dos bandos irreconciliables. El pasado jueves por la tarde, los medios electrónicos dieron una noticia entre somnolienta y esperada: el nuevo conteo del turbio proceso electoral ponía a Jesús Ortega por encima del candidato del caudillo. Para ese momento, más de una encuesta arrojaba una certeza y una posibilidad: nadie duda del escandaloso fraude que unos y otros cometieron; y finalmente la razón podría imponerse en el atribulado partido y los legítimos herederos del proyecto de Cárdenas superar el escollo impuesto desde un poder en manos de ex priistas. En ambos casos, López Obrador (más que Encinas o Ebrard) es el gran derrotado de un juego que todos perdieron y, por ello, para seguir dentro del circuito mediático ha inventado la patraña de la privatización del petróleo, una más en su larga serie de mentiras.
Sin embargo, dudo de que el PRD vaya a dividirse. Finalmente unos y otros tienen en el partido la gallina de los huevos de oro, les da poder y fortuna. Allí están repartiéndose el botín en el DF y en las cámaras legislativas. ¿Tendría lógica matarla? Lo más sensato es cerrarle la puerta a la decencia política (¿existirá?) y negociar las distintas posiciones: si el triunfo es para Jesús Ortega, el DF es para Alejandra Barrales y la secretaría para algún otro leal a López Obrador. De este modo, el organismo aparenta curar sus heridas, soluciona los problemas inmediatos y trata de superar el inmenso desprestigio en que está y que sólo unos cuantos intelectuales “revolucionarios” no han visto. Los lopezobradoristas no tienen posibilidades reales de irse a otro partido o formar uno nuevo. Se alejarían más las posibilidades de llegar a Los Pinos. El PRD, creación de un caudillo que involuntariamente lo puso en manos de otro, es incapaz de transformarse en un México cuya peor tradición sigue viva: la de los “hombres fuertes”, los autócratas. De tal forma, no es democrático ni ha podido producir una ideología firme, consistente con la izquierda que pregona. Todo se reduce a la conquista de posiciones y empleos que les permitan a sus dirigentes hacer fortuna.
La otra posibilidad, la de limpiar al partido según parte de la propuesta de Cárdenas, es remota. Todos quedarán insatisfechos, resentidos, pero ninguno se irá —es cosa de sentido común, no de inteligencia— de la franquicia que les ha permitido modificar su situación política y la decisión irrevocable de alejarse de la pobreza. El PRD es un instrumento que les da movilidad social y económica.
No descartemos la ficción, en este caso se acerca a la realidad. Imaginemos el triunfo de Nueva Izquierda por encima del lopezobradorismo. El PRD tendrá en Encinas un presidente legítimo y Ortega será el espurio. Ya vimos la película. La pregunta es obvia: ¿qué será de López Obrador, quien hizo una elección a su modo y fracasó, como tantas otras veces? El PRD, en tal situación, estaría en libertad de buscar un candidato presidencial a su gusto. Pero, ¿quién podría ser si sólo tiene dos posibilidades: la evidente, AMLO, y una vía alterna: Marcelo Ebrard, en cuyo proyecto de nación incluiría pistas de hielo y playas artificiales hasta en Cancún, Acapulco y Veracruz? No hay de otra para mantener vivos a los dirigentes de las tribus perredistas. Manuel Camacho, Porfirio Muñoz Ledo, Arturo Núñez, Leonel Cota y alguno más, dejaron de ser útiles; son parte de una historia que ha envilecido más y más la política nacional y ha sumido al país en el desconcierto. No hay nadie con el carisma (creación mediática) de López Obrador, con su facilidad para mentir y decir cosas gratas a los ingenuos. Ebrard se pondría feliz con serlo, tiene, sin embargo, un problema: su carrera ha sido merced a la sumisión a sus jefes, primero a Salinas y a Camacho, ahora a López Obrador. ¿Rompería con éste para seguir su camino ya sin apoyos? Lo dudo. ¿Al PRD de Jesús Ortega le convendría postular a Ebrard? No. Entre ambas formaciones o bloques de mafias hay una aversión robusta e imposible de limar. ¿Quién le impediría (y aquí entra una posibilidad irrazonable) al presidente Marcelo Ebrard armar su gabinete con sus amigos y no con aquellos que lo llevaron al poder? Esto es, podría poner en Gobernación a Encinas, a Sheinbaum en Semarnat, a Barrales en Comunicaciones y a la familia Batres en Sedesol, por dar algunos ejemplos. Atrás de él podría estar como superasesor el propio AMLO. Como consolación, Nueva Izquierda tendría cargos menores.
El PRD no tiene figuras capaces de ser candidatos presidenciales. El milagro de El Peje es irrepetible. Llevó al partido a sus mejores niveles de aceptación con un discurso agresivo e ideas descabelladas. El PRD sigue siendo el partido de un solo hombre, desquiciado políticamente y destructivo, así retornará a los antiguos niveles.
www.reneavilesfabila.com.mx
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