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05-Feb-2010
Nudo Gordiano
Yuriria Sierra
¿Mucho PRI, mucho PRI?
Hace siete años, en 2003, el PRI estaba posicionado ante los electores. Al menos en posibilidades reales de competir. También llevaba una racha de triunfos que parecían desmentir la sensación de que, tras la derrota en las elecciones presidenciales de 2000, el PRI había llegado a su sepelio. No: el tricolor seguía vivo y, además, compitiendo y ganando comicios. Era la época de Roberto Madrazo, cuando él estaba al frente del CEN de ese partido y, guste o no, tenía todavía un PRI con músculo electoral y actuante en las coyunturas nacionales.
Hace seis años, en la Cámara de Diputados, el PRI contaba con una bancada más numerosa que sus adversarios. Por supuesto, el salón de sesiones de Xicoténcatl era mayormente tricolor, sumamente similar a lo que hoy sucede. Lo mismo en las legislaturas locales y en los ayuntamientos.
Sin embargo, se presentó un fenómeno muy específico en torno a los gobernadores cuando estuvieron, por primera vez, dirigidos por sí mismos, sin un priista en la Presidencia de la República. Pareciera que ese ha sido el principal talón de Aquiles del PRI como partido de oposición: que no han aprendido a automanejarse sin el dictado del gran hermano presidencial.
Y quisieron repetir el esquema en sus respectivos microcosmos: la sucesión de la gubernatura en sus estados se convirtió en el ejercicio bizarro del dedo omnipotente. No conociendo otra cosa, debió representar la única posibilidad en un pobrísimo entendimiento de la democracia: cedieron a la tentación de ejercer esa clase de “control” porque no hubo marcha atrás y los titulares de los ejecutivos locales dispusieron a su antojo. Su primera gran fractura.
Ya para 2006 todo se convirtió en un desastre: los gobernadores y el CEN completamente enfrentados (y enfrascados en una suerte de simulación democrática muy deprimente), en donde lo único que los gobernadores buscaban era venderle muy caro su amor. Al final, la sociedad, que ya había desarrollado un músculo mucho más democrático que el otrora partido gobernante, no se tragó la farsa, y el PRI terminó desplomándose hasta la tercera posición en la elección presidencial. Y, de paso, los ex gobernadores y los ex Tucom pasaron a engrosar las filas de la ignominia política de la nación, agarrados de la mano de su candidato. Montiel, Jackson, Núñez, Yarrington, Martínez, resultaron tan heridos como Roberto Madrazo.
Así, ese partido se partió. Convertido en tercera fuerza, cada uno jaló por su lado, nacieron los regionalismos y se diluyeron en los caprichos de cada mandatario (hasta de los preciosos). Las culpas no tardaron en caer sobre las dirigencias cupulares y los líderes del tricolor. Y a esas críticas no les faltaba razón. Los gobernadores sólo se lavaban las manos y optaron por deslindarse de la derrota y del PRI nacional. Ellos y sus estados eran otra cosa, otro PRI.
Ya en estos días, al inicio de la efervescencia de la sucesión en 12 estados este año y por lo menos uno más en 2011, parece que la historia se repite, incluso frente a las alianzas casi antinatura que el PAN y el PRD han echado a andar en varios.
A pesar de sus recientes resultados electorales, en el interior del PRI ya asoman los signos de conflicto. Durango es un ejemplo palpable. Era un estado con luz verde de triunfo y, ahora, por el capricho del gobernador, está en luz amarilla. Hace casi seis años casi se les iba Ismael Hernández, el PAN ya le había ofrecido la candidatura y lo calificaban como un hombre íntegro y honesto, pero obtuvo la nominación de su partido. Y este año sí se completó esa historia que no se logró con Ismael Hernández. José Rosas Aispuro es un hombre popular y seguramente habrá de causar fractura en el PRI allá en Durango.
Y lo mismo les puede pasar en Veracruz, Sinaloa, Hidalgo y Puebla, ello si los gobernadores no se ponen las pilas y realizan un acto de contrición, sin pensar en que incluso se les puede diluir la posibilidad de regresar a la Presidencia, sin demostrar que han hecho alguna labor de redefinición democrática al interior de su partido y sin reflejar que en dos sexenios fuera de Los Pinos pudieron replantearse, ante sí mismos y ante la sociedad, que tuvieron algún aprendizaje.
Y es que, de lo contrario, parece que empieza a repetirse la historia. ¿Ese es el PRI que se mofa de sus opositores aliados? ¿De verdad hay mucho PRI?
En el interior del partido ya asoman signos de conflicto.
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