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25-Ene-2010

Brújula

Ana Paula Ordorica

Vivir y morir en Haití


Los seres humanos no somos ni tan altruistas como nos queremos hacer ver, ni tan apáticos ante la tragedia de los otros.

La tragedia haitiana ha mostrado las dos caras de los seres humanos: la mejor, la más altruista; y la peor, la del robo de niños. Niños a quienes la desgracia ha dejado huérfanos y ahora se encuentran tomados por redes de prostitución infantil.

Hace unas semanas comentaba el libro Superfreakonomics, que muestra con estadísticas que los seres humanos no somos ni tan altruistas como nos queremos hacer ver, ni tan apáticos ante la tragedia de los otros.

Haití nos muestra estos dos extremos de manera conmovedora.

Además del teletón de artistas del fin de semana, está el millón de dólares que donaron Mel Gibson, Steven Spieldberg,Julia Roberts, Brad Pitt, Clint Eastwood y Leonardo DiCaprio de su bolsa para el fondo de emergencia que encabeza el ex presidente Bill Clinton.

Aquí vale anotar un paréntesis: la envidia que genera la estatura de los presidentes de Estados Unidos. No importa qué tan enemigos hayan sido en sus respectivas administraciones, hoy se paran juntos para ayudar a Haití, Bill Clinton, George W. Bush y Barack Obama.

También está la historia de la mujer que se presentó en la sede de Signal FM, la única estación de radio que ha estado transmitiendo las 24hrs una institución, en medio de las mil destruidas para decir que sabía exactamente bajo qué edificio estaba su esposo enterrado con vida.

Ante el grito de socorro en la radio, decenas de personas se presentaron en el lugar y pudieron sacar con vida, con sus propias manos, al hombre.

Y en el lado opuesto, nos enteramos de personas que se han quedado sin familia y sin pertenencias, más que lo que llevan puesto. De madres que pierden tres o cuatro hijos y que al perder todo y no saber qué hacer deciden ir a dejar a la única hija sobreviviente en un orfanato.

Pero, como esta es una salida que han buscado más de una, hoy ya no hay lugar para más niños. Las madres salen del orfanato igual que como llegaron… llorando y sin esperanzas.

Y por si las historias de las fosas comunes, los vivos enterrados en escombros, los incontables muertos, los robos y las rapiñas y el completo descontrol del gobierno de Préval no fuera suficiente para hacer de Puerto Príncipe un infierno, ahí está el crimen atroz y creciente del robo y las redes de trata de niños que ha advertido la UNICEF.

En este mismo lado de lo oscuro se tiene que colocar el papel de la cancillería mexicana, que no sólo no ha logrado enarbolar un mecanismo de entrega de información a aquellos mexicanos que tienen o tenían familiares en Haití, sino que en esta grave, gravísima falla, ha cometido errores imperdonables.

Avisar a una familia que viene su pariente de regreso de Haití en el avión oficial, para que en el hangar se enteren que hubo un error y que su familiar está muerta en Puerto Príncipe es mucho más que un error. Es patético.

Pero ahí está la fuerza de los haitianos para enfrentar este momento. Así la mostró el cantante y productor Wyclef Jean, nacido en Haití, que en el teletón dijo a sus compatriotas “Ya está bien de llorar. Vamos a reconstruir Haití.”

Esto, a un pueblo que todavía sigue sintiendo las réplicas de un terremoto que ha cobrado, literalmente, un número incontable de víctimas.

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