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13-Dic-2009
Bitácora del director
Pascal Beltrán del Río
Chile: fin de una época
SANTIAGO.- Hoy podría comenzar a reconfigurarse el mapa político de Chile, país que acaba de cumplir dos décadas de haber retornado a la democracia, luego de la larga noche de la dictadura pinochetista.
Salvo que todas las encuestas estén equivocadas, la Concertación de Partidos por la Democracia —esa coalición estable de centro izquierda que ha gobernado desde 1989— sufrirá hoy domingo una derrota estrepitosa en las urnas contra uno de sus viejos rivales de la derecha, el inversionista multimillonario Sebastián Piñera.
Éste contiende nuevamente por la Presidencia, luego de haber perdido, en su primer intento por conseguir el cargo, contra la actual mandataria Michelle Bachelet.
Y a pesar de que se espera que Piñera gane por más de diez puntos de ventaja al candidato de la Concertación, el ex presidente Eduardo Frei (1994-2000), dicha ventaja seguramente será insuficiente para evitar una segunda vuelta de los comicios, el próximo 17 de enero.
El balotaje —que ya se ha vuelto común en el panorama electoral de Chile— no llegará cargado de buenas noticias para la Concertación. Prácticamente todas las encuestas anticipan que Piñera extienda su ventaja sobre Frei en la segunda vuelta.
Cuando le pregunto al ex canciller chileno Juan Gabriel Valdés qué le pasó a la exitosa coalición de socialistas, democristianos y socialdemócratas que ha controlado la política chilena desde que Augusto Pinochet cedió el poder, me responde con una frase que le escuchó a Felipe González luego de que los electores españoles le negaran un quinto periodo en la Presidencia:
“¿Y cómo no íbamos a perder, si nos han visto envejecer por la televisión?”
Algo así le pasó a la Concertación, cuyos partidos integrantes han sido manejados como feudos, incapaces de propiciar la renovación de cuadros dirigentes en sus filas, aquejados de un ensimismamiento que los tiene en el filo de la derrota.
Por los dos flancos generacionales, la coalición gobernante sufrió este año una sangría sin precedentes: dos políticos socialistas visibles, el veterano militante y ex ministro allendista Jorge Arrate, de 68 años, y el impetuoso y telegénico líder juvenil Marco Enríquez-Ominami, de 36, abandonaron su partido para lanzar sendas candidaturas presidenciales.
Por arrogancia o incompetencia, la Concertación ofreció la candidatura a Frei, cuyo rostro cansado y aburrido asoma de los carteles de su campaña, incapaz de inspirar a los chilenos para darle a la Concertación un quinto periodo presidencial.
Ni el apoyo abierto de la popular Bachelet ni el dictamen harto oportuno de un juez que reactivó la causa del magnicidio del padre de Frei, el también ex presidente Eduardo Frei Montalva, han podido hacer despegar su campaña.
Y eso que ninguno de los especialistas a los que escuché disertar sobre la elección que celebra hoy cree que Piñera sea un magnífico aspirante presidencial.
Es bien conocida la tendencia del candidato derechista a mezclar los negocios con la política. En la biografía de Piñera, quien tiene 60 años de edad y posee una fortuna cercana a los mil 500 millones de dólares, hay acusaciones de aprovechamiento de su condición de legislador para hacer que sus inversiones reditúen.
Se le echa en cara que haya prometido vender sus acciones de la aerolínea LAN Chile, entre otras, sin haberlo cumplido aún. Se advierte que, de llegar al Palacio de la Moneda, nombrará a los funcionarios encargados de regular los negocios donde participa, como la aviación, la banca y las telecomunicaciones.
Todo eso se ha dicho a la saciedad y, sin embargo, el apoyo a su candidatura no deja de crecer.
“Sebastián Piñera transpira éxito y muchos chilenos quieren mojarse, aunque sea un poco, en esa transpiración”, explica el sociólogo Eugenio Tironi, historiador de la transición chilena.
El candidato derechista “ofrece eficiencia, productividad y gestión, cosas que van a la baja en Chile y que son atractivas para una clase media que desea más”, apunta el analista político Tomás Mosciatti.
El dato no es menor: en este año de recesión, la economía chilena ha tenido el peor desempeño del continente… con excepción de México.
Por si faltara una capa áurea al aura de triunfo que envuelve a Piñera, su equipo de futbol —es decir, del que es dueño—, el Colo Colo, acaba de coronarse como campeón del futbol chileno.
Para evitar su derrota, dicen aquí, la Concertación tendría que lograr que los votos que se depositen hoy a favor de Enríquez-Ominami vayan en bloque para Frei en la segunda vuelta.
Sin embargo, la meta parece casi imposible pues el joven candidato, si es que es capaz de dirigir las adhesiones que ha recogido entre quienes están hartos de la política tradicional, difícilmente aceptará “subirse a un caballo que es casi seguro perdedor”, prevé Mosciatti.
Así, pues, los días parecen estar contados para uno de los bloques políticos más originales y exitosos de América Latina. Veremos qué dicen finalmente los cerca de siete millones de electores registrados.
De salir derrotada la Concertación, no sólo sería un signo inequívoco de que la transición chilena ha llegado a su fin, sino también la primera vez en medio siglo que es elegido un Presidente surgido de la derecha.
Para Bachelet, implicaría entregar el poder a quien es —aunque lo niegue con frecuencia, de manera convenenciera— un vestigio del pinochetismo, el régimen que asesinó a su padre y la mandó al exilio.
Para la Concertación, pese a su desgaste y errores, quedaría al menos el reconocimiento de haber cambiado el rostro del país —hoy hasta Piñera acepta los nuevos valores culturales liberales de Chile, como son los derechos de las parejas homosexuales—, así como haber hecho posible la democracia luego de la dictadura y haber generado un crecimiento económico, ordenado y sin par en América Latina, que hoy la mayoría de los chilenos ya extrañan.
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