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26-Nov-2009
Razones
Jorge Fernández Menéndez
PRI: antes de 2012 está 2010
La más reciente encuesta de GEA-ISA confirma lo que otros estudios ya han mostrado: si hoy fueran las elecciones de 2012, Enrique Peña Nieto ganaría fácilmente con más de 40% de los votos, mientras que, en las distintas combinaciones, los posibles aspirantes del PAN y del PRD apenas superarían 15 por ciento. Pero en política el “si hoy fueran” no existe. Peña Nieto ganó en 2005 en el Estado de México con 50% de los votos y el PRI venía de ganar casi todo en 2004, y terminó realizando, en 2006, la peor elección presidencial de su historia.
Muchas veces hemos dicho que el mayor desafío para el PRI es el priismo y las ambiciones que surgen (algunas, legítimas; otras, no) cada vez que la percepción de llegar, mantener o recuperar el poder se hace presente. Como cualquier partido, si quiere ganar en 2012, el PRI debe superar las elecciones de los dos próximos años sin dividirse, sin fracturas, sin grietas. Entre 2004 y 2006 se fracturó, primero entre Madrazo y Elba Esther, luego con el Tucom contra Madrazo, más tarde, con la designación como precandidato de ArturoMontiel con las fracturas de ese grupo antimadracista y, finalmente, por la exclusión que hizo Madrazo de todos aquellos que no fueran fieles a su persona. Y hubo como resultado una catástrofe política.
La cruda fue tan grande como el cuidado que puso el PRI en recomponer sus cosas, mostrar las menores fisuras posibles y aparentar ser una fuerza homogénea. Y en buena medida lo logró hasta que el triunfo del 5 de julio avivó la hoguera de las vanidades y ahí están, matizadas, ocultas o abiertas, las diferencias. Pero el tema todavía no es 2012, aunque esté más presente que nunca, porque los acuerdos en la cúpula son más fáciles de sellar que en las bases. La estación obligada son las elecciones estatales y allí es donde el PRI deberá saber elegir, sin equivocarse, a sus candidatos, y evitar las rupturas, tentadoras, sobre todo, si hay esas alianzas PRD-PAN de las que hablábamos el martes en este espacio.
Si las encuestas muestran la realidad en cada uno de los 11 estados en disputa, el PRI, aun con alianzas en su contra, podría ganar la gran mayoría de ellos. Si no se divide en luchas internas.
Por ejemplo, si en Oaxaca, por una hipotética alianza entre PAN-PRD-Convergencia, iría Gabino Cué, en el tricolor son muchos los precandidatos que responden a distintas tendencias dentro del priismo local. El mayor daño que sufrió el PRI en los últimos años se llama José Murat y el ex gobernador, ahora en el desempleo, pero no carente de recursos, quiere regresar, aunque sea por vías indirectas. Si logra imponer a sus candidatos, las posibilidades de una alianza opositora crecen geométricamente. Allí, el problema parece ser la dirección del partido, al repetir el síndrome Madrazo de 2006: ¿Es lógico ser juez y parte?, ¿encabezar el proceso de selección y ser a la vez precandidato? En esos debates están los priistas oaxaqueños con Jorge Franco, líder del partido, ante los demás precandidatos, como Eviel Pérez, quien parece tener las preferencias de la actual administración, el alcalde José Antonio Hernández Fraguas o José Antonio Estefan, entre otros. El candidato deberá ser el que menores conflictos internos genere y el que pueda mostrar un frente más amplio en torno suyo para afrontar al que tendrá delante.
En Puebla las cosas son más claras, pero los peligros de división ahí están: Javier López Zavala, según la más reciente encuesta de Parametría, supera en simpatías y apoyo por casi tres a uno a Enrique Doger, pero éste buscará la candidatura y puede fracturar a un PRI que quizá se tenga que enfrentar también a una alianza opositora, probablemente alrededor de Rafael Moreno Valle. Si se equivocan en el método y en la selección del candidato, pagarán un costo alto los priistas poblanos.
En Sinaloa, otro estado bajo amenaza panista, donde el PRD tiene tan poco que no le costaría nada ir a una alianza opositora, los enfrentamientos entre el alcalde de Culiacán, Jesús Vizcarra, y el senador Mario López Velarde, son la comidilla: se ha dado de todo, desde la participación del gobierno estatal y de figuras sinaloenses de peso nacional, tratando de impulsar a su precandidato, hasta el fantasma del crimen organizado, muy presente en la entidad y con juego e intereses propios en estos comicios.
La tensión ha sido tanta que, si el PRI pretende conservar el estado (y si no quiere que, teniendo ya un candidato, algunas investigaciones en curso se lo tiren), no se debería descartar la necesidad de buscar una tercera opción que evite la polarización y la ruptura. Y lo mismo ocurre en casi todos los estados donde habrá elecciones en 2010. Ya analizaremos cada uno de ellos.
El candidato deberá ser el que menores conflictos internos genere y el que pueda mostrar un frente más amplio en torno suyo.
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