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16-Nov-2009

Diálogos

Judith Macgregor

Rumbo a Copenhague


Una de las preguntas que a menudo me hacen es: “¿qué hace exactamente un embajador?” Espero utilizar este espacio para ofrecer a los lectores de Excélsior un acercamiento personal a lo que hago, además de compartir con ustedes mis ideas sobre algunos de los asuntos nacionales e internacionales más importantes de nuestro tiempo.

Después de estar aquí por casi tres meses, la respuesta a esa pregunta es: “Una impresionante variedad de cosas, con una gran diversidad de personas”.

La gama y la intensidad de nuestra colaboración son mucho mayores de lo que esperaba. Durante la semana pasada, esto ha incluido el contacto directo entre nuestros secretarios de Relaciones Exteriores y también entre el presidente Felipe Calderón y el primer ministro del Reino Unido, Gordon Brown.

El principal tema de esas conversaciones, y de la mayor parte de mi tiempo recientemente, ha sido en torno al cambio climático. A pesar de que el progreso en las negociaciones internacionales ha sido más lento de lo que a todos nos hubiera gustado, no es tiempo para el derrotismo. No quiero subestimar la complejidad del acuerdo que debemos lograr, pero he estado involucrada en muchas negociaciones internacionales y siempre hay altas y bajas. A menudo, el periodo previo a una reunión grande es un momento en que las diferencias entre opiniones parecen más marcadas. Sin embargo, eso define el comienzo de los acuerdos realmente serios cuando, por primera vez, todas las cartas están sobre la mesa y uno puede comenzar a imaginar cómo puede construirse un pacto.

Esta semana surgieron factores nuevos e importantes en el debate nacional e internacional. El primero es que los líderes nacionales están comprometidos con la discusión. Se necesitan grandes decisiones y esta es la gente mejor colocada para tomarlas. Eso ha marcado un hito.

El otro factor es algo en lo que estoy involucrada personalmente. El miércoles asistí a la presentación de un reporte nuevo y muy importante, titulado Impactos relacionados con el cambio climático sobre la seguridad nacional en México y Centroamérica. El primer informe fue preparado por Shiloh Fetzek y Tobias Feakin, del Royal United Services Institute (RUSI) del Reino Unido —una institución independiente, encargada de proyectos de investigación de defensa y seguridad—, en conjunto con una red de especialistas regionales, y enfatiza el cambio climático como un asunto urgente de seguridad nacional.

Me dio mucho gusto ver la variedad de gente que asistió a la presentación en Papalote Museo del Niño, en donde también muestran una exposición sobre cambio climático.

La senadora Rosario Green ofreció un poderoso discurso en el que propuso por qué tenemos que ampliar nuestra visión sobre lo que constituye la seguridad y cómo podemos contribuir a la prosperidad nacional.

Otros de los ponentes invitados hablaron sobre este problema que es real, urgente y, sobre todo, que tiene solución.

Hay una conexión entre los dos eventos y uno que me da una razón de optimismo. Mientras que un acuerdo global es difícil, la necesidad de un pacto global cada vez es más clara. Cuando los negociadores se reúnan en Copenhague el mes próximo, tendrán las voces de gente de todo el mundo resonando en sus oídos. Eso los ayudará a tomar las decisiones más difíciles que se requieren.

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