14-Nov-2009
Hemisferios Políticos
Gemi José González
Estado laico y símbolos religiosos
¿Se deben usar o no símbolos religiosos en escuelas u oficinas públicas? Desde que estalló la guerra contra el terrorismo, este tema sacude ferozmente a las conciencias de Europa y Estados Unidos.
Lo que hasta hace algunos años parecía superado en ciertas partes del mundo, inesperadamente tuvo un renacimiento contundente. Ahora se percibe al “otro” como un ser completamente diferente por profesar una religión distinta a la “nuestra”. La formación espiritual es algo tan íntimo, que impacta en comportamientos, tradiciones y la cultura en general. Así, algunos creen que al ser esta sustancia medular diferente, cambia también todo lo demás: “Los que no profesan mis creencias, difieren de lo que soy”. Lamentablemente este debate volvió y lo hizo con más fuerza y sangre que nunca.
Por supuesto que en países completamente seculares y sin posibilidades de que se imparta educación privada, como China, esta discusión no existe.
En América Latina poco a poco se empiezan a hacer análisis serios al respecto; en el caso de Estados no secularizado es obvio que la educación pública está al mismo tiempo influenciada por la religión oficial. Lo que pasa comúnmente en países musulmanes.
Por otro lado, las escuelas privadas que incluyen temas religiosos en sus planes de estudios y dinámicas educativas, en principio no deberían tener ningún problema al respecto (aunque ahora en Europa esto también ya se empieza a cuestionar).
El debate que está vigente entonces, se centra en lo que debe suceder en Estados laicos y sus centros de educación pública. En este sentido, los argumentos a favor y en contra, sobre el código de vestimenta de los alumnos y el uso de símbolos religiosos en centros educativos estatales son sumamente polémicos.
Hay casos, como el de un crucifijo colgado en la pared de un salón de clases que indignan a uno o más padres de familia que son ateos, agnósticos o que simplemente, ellos y sus hijos, practican otra religión. También el de la vestimenta de una niña musulmana, que por ello, es aislada radicalmente del resto de sus compañeras de escuela.
Así, la cuestión es si en las escuelas públicas de los Estados laicos, una niña musulmana puede vestirse con su hiyab (velo); en todo caso, si los sijs pueden llevar la daga que es un símbolo inherente a su religión y tienen por obligación portarla, o si en el caso de los católicos pueden mostrar los Cristos crucificados que los alumnos llevan colgando del cuello, o si a los judíos se les debe de prohibir el uso del kiphá, argumentando códigos de disciplina y conducta.
En casos como estos ¿el gobierno debería de permitir o no este tipo de manifestaciones religiosas? ¿Contra qué se está atentando y qué derechos están en juego? En el caso de México, ¿qué debería imperar, la libertad religiosa en todas sus manifestaciones o la férrea laicidad que tanto trabajo nos ha costado construir?
La controversia llegará a nuestro país tarde o temprano (lo que de hecho ya ha sucedido en materia electoral). Nos tendremos que preguntar entonces si debemos desaparecer los arbolitos de Navidad y las ofrendas del día de muertos en las escuelas y oficinas públicas, o si por el contrario nos esforzamos desde ahora por promover una sociedad más abierta al multiculturalismo e incluimos también los símbolos de celebraciones de otras religiones, como el Hanuka de los judíos o el Ramadán musulmán.
Reflexionemos, el debate está abierto y apunto de detonar.
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