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08-Nov-2009

La estación

Gerardo Galarza

De eficacia y eficiencia


José Woldenberg, ex presidente consejero del IFE, mexicano con quien la transición a la democracia de su país siempre tendrá una deuda y sobre todo hombre inteligente, ha entrado (Reforma 05/11/09) en el incipiente debate sobre la desaparición o al menos reducción de los legisladores plurinominales.

De falacias y prejuicios es el título del artículo de Woldenberg. Palabras serias y fuertes. De acuerdo con la Real Academia, falacia es “engaño, fraude o mentira con que se intenta dañar a alguien” y “hábito de emplear falsedades en daño ajeno”; y prejuicio es una “opinión previa y tenaz, por lo general desfavorable, acerca de algo que se conoce mal”. Como en este espacio apoyé la propuesta de mi compañero Pedro Ferriz de Con de eliminar a los legisladores plurinominales, pues me siento aludido por Pepe y hago mis comentarios con el más sencillo espíritu parlamentario. Y, de antemano, decir que no hay engaño, fraude, mentira o falsedad en la que hice mi propuesta.

Es absolutamente cierto que la presencia de los diputados plurinominales (en el sistema mexicano la representatividad de los senadores responde a otra lógica y la existencia de los plurinominales en el Senado es prácticamente indefendible) busca y consigue evitar la sobre y la subrepresentación de las diversas corrientes políticas, representadas por los partidos que participan en un proceso electoral. Eso no está a discusión. En México, son producto de la Reforma Política que comenzó a aplicarse en las elecciones federales de 1979, que abrió, digamos, ventanas y si alguien se pone exigente, aceptemos, rendijas a la democracia. Sustituyeron a los “diputados de partido” de inicio de los años 60 del siglo pasado, con lo que se pretendió darle una barnizada a un sistema profundamente antidemocrático, autoritario y represivo, que campeó en el país de 1929 a 1989, —seamos generosos— cuando reconoció la pérdida de la primera gubernatura.

En su primera versión eran 100 los diputados plurinominales; para las elecciones de 1986, su número creció a 200. ¿Por qué primero 100 y luego 200? Razones políticas y matemáticas de la representación popular deben existir, y muchas, y habría que revisar si las iniciativas legales de aquellos años las contienen. Lo cierto es que se buscaba que la Cámara de Diputados fuese más plural y representativa.

Sin embargo, con el paso del tiempo, los resultados no han sido los esperados. La Cámara de Diputado sigue funcionando como en los tiempos del viejo régimen (no se ha ido). La línea presidencial para los diputados priistas, ha sido sustituida por la línea de las dirigencias de partidos y quienes deciden el voto de los diputados son las llamadas “burbujas” de cada una de las bancadas. Eso, dice Pepe Woldenberg, “está en el ‘genoma’ de todo Congreso”, en el mundo. De acuerdo. Lo sabe él y los especialistas, no la generalidad de los votantes que mantienen la esperanza de un país mejor, por ello la desilusión —no sólo mexicana— que generalmente provoca la democracia, a la que se presenta como panacea de todos los males. Los votantes reclaman las promesas de cambio y lo que quieren de inmediato (creo que por ello “propuestas” de la pena de muerte del PVEM y de “grupos rudos de limpieza”, del alcalde de San Pedro Garza García, tienen tanta aceptación popular) y rechazan acremente los privilegios económicos —conocidos gracias a la transparencia que es parte de un sistema democrático— a los que acceden sus representantes.

Por ello, Woldenberg acierta al afirmar que “la ola mediática contra los legisladores ha hecho mella en ellos”. Sí, también eso es parte de la democracia. Si en México existiera la reelección, pues los votantes podrían premiar o castigar a los candidatos y partidos que cumplieron o no con lo que prometieron. ¿Cómo explicarles a los votantes por el PRI que sus diputados aceptaron un aumento en el IVA cuando prometieron y establecieron en sus documentos que no lo harían? ¿Cómo explicarles a los votantes del PAN que sus legisladores, en este caso senadores, cambiaron de opinión en menos de una semana al votar por los impuestos al tabaco? ¿Principios de doctrina? ¿Reflexión? ¿Representantes populares? Los ejemplos podrían ser infinitos.

Y los electores comunes y corrientes, dicen ahora (un avance de la cultura democrática): “Pero, si nosotros les pagamos”. Por eso mantengo la propuesta de reducir el número de legisladores, sean plurinominales o uninominales en el casos de los diputados; y de mayoría, primera minoría y plurinominales en al caso de los senadores.

Sí, se trata de eficacia y de eficiencia, en los términos del mismo diccionario.

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