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05-Nov-2009
Razones
Jorge Fernández Menéndez
El calderonismo después de JCM
Razones
El accidente del 4 de noviembre trastocó el esquema de poder en la administración de Calderón que, hasta hoy, no ha terminado de encontrar un modelo que remplazara al que marcó el exitoso primer año de gobierno. Y tal vez no lo ha encontrado porque el papel idóneo de Juan Camilo Mouriño, más que en la Secretaría de Gobernación, estaba donde comenzó: en la Oficina de la Presidencia.
El presidente Calderón siempre privilegió, no era ningún secreto, la lealtad y la cercanía, la confianza en sus colaboradores. En términos políticos, desde la campaña presidencial estaba asombrado del grado de deslealtad que habían tenido con el presidente Fox algunos de sus colaboradores y no quería repetir la receta. Mouriño, al igual que Ernesto Cordero, Alejandra Sota, Max Cortázar y Gerardo Ruiz Mateos, eran parte del equipo cercano, histórico, de Felipe Calderón, desde mucho tiempo atrás. Por eso, cuando asumió el mando y con un estilo de gobernar que prefiere el control directo de las cosas, decidió resucitar la figura de una muy fuerte oficina en Los Pinos, con múltiples atribuciones, y ahí colocó a Mouriño. En los hechos superaba, en atribuciones y en cercanía con el Presidente, al secretario de Gobernación, Ramírez Acuña, y al resto de los integrantes del gabinete. Y el estilo de control personal de Calderón requería un operador cercano como Mouriño. Cuando se decidió que remplazara a Ramírez Acuña, se perdió de vista un punto central: desde Gobernación, la visibilidad de Mouriño sería mucho mayor, la confrontación pública también y su capacidad de operación se vería vulnerada, como sucedió, casi desde la primera semana de su llegada al cargo, con las denuncias sobre su nacionalidad y los contratos de las empresas familiares con Pemex. La oposición ya no se estaba confrontando con un operador poderoso de Los Pinos, sino con un potencial precandidato presidencial. Y Mouriño y la operatividad del gobierno pagaron ese costo.
No dudo que en el ánimo presidencial no estuviera el reemplazar a Juan Camilo como se dijo muchas veces. Pero el tema fue objeto de especulación y análisis dentro y fuera del gobierno. Las versiones sobre su lanzamiento como candidato para Campeche o más probablemente para diputado en las elecciones de 2009, estuvieron presentes durante buena parte de 2008. Sin embargo, la reforma de Pemex, aun con todas sus limitaciones, hizo suponer a Mouriño que su momento más difícil en Gobernación había pasado y que, “ahora sí”, podría trabajar con mayor margen. Eso mismo le habría ratificado Calderón un par de días antes del accidente.
Pero el 4 de noviembre modificó todo. El Presidente tuvo que cambiar su equipo y no ha terminado de encontrar la fórmula adecuada en la cual se sienta más cómodo para ejercer el poder. Fernando Gómez Mont fue una buena elección en Gobernación, sobre todo de cara al panismo, pero nunca regresaron plenamente a esa Secretaría las atribuciones que le fueron quitadas desde la administración de Fox y durante el actual sexenio, salvo el regreso del Sistema Nacional de Seguridad Pública, ordenado por el Congreso. En la Oficina de Los Pinos quedó finalmente Patricia Flores, muy eficiente e influyente, con toda la confianza del Presidente, pero que no tiene, ni quiere tener, el perfil público de Mouriño. Alejandra Sota tiene una enorme capacidad de gestión y, como Max Cortázar, cuenta con la confianza presidencial, pero ninguno de los dos puede tener la trascendencia pública, el peso específico, de Mouriño.
¿Quién lo tiene entonces? Otro hombre de confianza del Presidente, Germán Martínez, salió más que lastimado de la presidencia del PAN, donde muchos pensaban que quedaría Juan Camilo. En estos meses en la Cámara de Diputados está Josefina Vázquez Mota, cuya comunicación con el equipo central de Los Pinos siempre ha sido compleja. Gerardo Ruiz Mateos está concentrado en seguir en Economía. Quedan tres de incuestionable confianza presidencial que deberán dar mucho más y ponerse como objetivo 2012: Ernesto Cordero, sin duda el más cercano a Calderón y al equipo de Los Pinos; Alonso Lujambio quien, como Ernesto, ha optado por un perfil relativamente bajo, para no exponerse a golpes, y Javier Lozano, quizás el que ha asumido mayores compromisos públicos (fuera de García Luna en Seguridad), como lo demuestra el caso SME. Es la hora de que hagan política.
Calderón siempre privilegió, no era ningún secreto, la lealtad y la cercanía, la confianza en sus colaboradores.
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