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05-Nov-2009

Horizontes imaginarios

Luz Emilia Aguilar

Anatomía de la desesperación


La voz “partida”, que se abre a una variedad inusual de significados en los diccionarios de nuestra lengua, da título a la más reciente puesta en escena de Luis Ayhllón, a partir de un texto de su autoría, en que los personajes son enfrentados unos contra otros, en la batalla por conservar el empleo. Una parte significativa del amplio espectro de situaciones que alude la referida palabra, encuentra eco en la temática de esta obra estructurada a manera de un modelo para armar, que podría en la sucesión de sus escenas, transcurrir en infinidad de progresiones. Partidaofrece una trama de hilos sutiles que dibujan la potencia perversa y depredadora de los seres humanos, la ruindad de su corazón cuando han de pelear un espacio a sus semejantes. El autor disecciona a partir de una situación común y corriente el surgimiento de Caín. Ninguno se salva del imperio de su sombra: hijos de una época en que campea la confusión, verdades a medias, la ausencia de ética, empatía humana. Criaturas devoradas por un abismal vacío de sentido.

En esta obra que se puede ver en el Foro La Gruta los martes por la noche, alguien ha de marcharse, dividirse del grupo, partir de un sitio y partirse de los otros, de sí mismo. Ahí, donde domina el encargado de personal, otro permanecerá en el limbo que habita y el tercero debe irse, todos, al fin, se parten en pedazos. Lo esencial se pervierte en una violencia ejercida con palabras, a partir de una escala de valores en la cual la dignidad de la persona se mide por la marca de la ropa que la encubre.

¿Por qué la devastación? Uno de los personajes explica que el mundo está enfermo por “la contaminación y la sangre está llena de plomo. Es el sol, la piel se cubre de paños, la tierra se ha sobrecalentado, los poros se derriten, pronto nadaremos en nuestra propia mierda, es eso, sólo eso. Todo se desmorona a nuestro alrededor”. Para otro, el origen de los males está en la crisis de la economía global.

En un espacio rectangular diseñado e iluminado por Mario Eduardo D’León, con un mobiliario mínimo, la trinidad de empleados juega su partida. El acento lo pone el director de escena en el trabajo con los actores, en calibrar la cuerda de tensiones, trazar en el espacio la geografía de su infierno. Los personajes tienen un pasado común, en un ondulante curso de relaciones de poder donde el amigo se vuelve traidor, el agradecimiento deriva en rapacidad. Y afuera, las instituciones convencionales: el matrimonio, los lazos filiales son eco de un purgatorio sin horizonte.

En el papel de Zúñiga, Miguel Flores, maestro de actores con una destacada trayectoria, se planta con su imantada presencia, la fuerza de su voz, talento para crear personajes, en un desempeño que encandila. Para quienes hemos seguido su trayectoria en los últimos tiempos, los hallazgos de Flores disminuyen su brillo a fuerza de repetirse de uno a otro personaje. La elocuencia de un tono ondulante, fresco descubrimiento, ha desembocado en mecanización. Juan Carlos Vives, como Mendieta, crece respecto de sus anteriores trabajos. Hurga dentro de sí resortes del sadismo, de la venganza y los despliega combinados con el miedo, el odio, la frustración, en un complejo relieve. Alfonso Cárcamo en interpretación de Lucas, me sorprendió por su frescura al dar vida a su personaje, su amplitud de recursos para pasar por una amplia gama de estados de ánimo, ofrecer contrastes.

La pista de sonido diseñada por Carlo Ayhllón, es frugal. Abre la puesta en escena con un evidente empeño por entonar. Sonido de metales que llenan las células del cuerpo de suspenso. Una y otra vez en el ir y venir de las voces, el teléfono que insiste, irrumpe, inquieta, y el sonido ambiental que llega con puntualidad para inundar el ánimo, en un transcurrir predominante de silencios, pausas, las nudas voces de los actores.

¿A qué niveles puede llegar la humillación para no quedar sin empleo? Partida es una invitación a mirar debajo de los pliegues de lo evidente, el derrotero de miserias que nos dividen, fragmentan, pulverizan. Partida es un salto en el incesante camino de experimentación, riesgo, búsqueda de Luis Ayhllón, uno de los más comprometidos dramaturgos mexicanos de la escena hoy.

Partida es una invitación a mirar debajo de los pliegues de lo evidente.

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