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04-Nov-2009

¿Qué me pongo?

Marcelino Perelló

El suéter verde


Los uniformes. He ahí una cuestión que ha dado lugar a múltiples debates. En más de una ocasión el gobierno de México, y en particular la SEP, ha discutido el problema de si los niños y adolescentes deben ir a la escuela uniformados o no. Los partidarios del uniforme obligatorio alegan que es una medida igualitaria, que disimula las diferencias de clase y que ofrece un aspecto decente al alumno.

En cambio, los enemigos del uniforme argumentan en nombre de la libertad la libre elección y el derecho individual. A mí, y lo confieso no sin cierta vergüenza, me gustan los uniformes. Me encanta la parvada de niñas idénticas corriendo hacia el patio. Y me gustan también (más vergüenza aún) los desfiles militares. Especialmente los cadetes. Eso de la uniformación y la disciplina a mí me va. No debería irme me considero libertario y antimilitarista de pro—, pero me va. Qué quiere que le haga.

Durante la mal llamada Guerra Civil Española, las milicias anarquistas, muy numerosas, decidieron no uniformarse, pero poco a poco cundió la “moda”, que no “uniforme”, de llevar un pañuelo rojo al cuello, cosa que los fascistas de la trinchera de enfrente agradecieron enormemente. El caso más notable de uniformación lo registró la República Popular China durante el régimen de Mao Tse Tung, ahí se uniformó a casi mil millones de personas. Poca cosa. Pero de lo que se intentaba, y ése es el /quid /de hoy, es que no era tanto /uniformar/, como /uniformizar/.

He aquí dos conceptos similares “una sola forma”—, pero esencialmente distintos. Uniformar va, sobre todo, por fuera, uniformizar va a la estructura, por dentro. En la RPC no se trataba tanto de los trajes grises como del librito con portadas rojas. El objetivo era más uniformizar que uniformar.

Lo mismo sucede en los ejércitos y, en buena medida, en las escuelas. El uniforme exterior no es más que una manera de forzar la uniformización de la conducta, de la disciplina.

No vaya usted a creer, sin embargo, agudo lector, que la uniformización es exclusiva de los regímenes, llamémoslos, autoritarios. A finales del siglo pasado surgió en Europa el concepto de “pensamiento único”, expresión que habla por sí sola. Todo el mundo, le vaya al Milán, le vaya al Inter, vote por Sarkozy o por la socialista cuero, todos, casi todos, son intrínsecamente idénticos. Todos consideran a Jussain y a Milosevic unos asesinos, a la democracia el bien mayor en la vida de los pueblos. Todos consumen lo mismo. Todos se visten igual, aunque no vivan en la China de Mao.

La uniformización es sin duda una de las claves de la decadencia de la sociedad industrial de consumo.

No resisto la tentación quién en su sano juicio lo haría de reproducir íntegra y traducida la canción de Malvina Reynols,Little boxes, a la que Pete Seeger puso música. Fue él quien la estrenó en el trepidante e inolvidable concierto del Carnegie Hall en junio de 1961 y fue él quien la hizo célebre. Es necesario precisar que los “moldecitos” a los que se refiere el texto son los wasp (/white, anglo-saxon, protestant/) entonces abrumadoramente mayoritarios en Estados Unidos.

Pete Seeger es uno de los pocos personajes indispensables que siguen en vida. Debe tener cerca de cien años. Y sigue componiendo y cantando como si nada. Luchador incansable por los derechos civiles, en un tiempo donde ello no era nada fácil.

Usted puede escuchar y bajar de internet la versión original de Little boxes, cosa que le recomiendo muy enfáticamente. Existen también otras variantes, algunas en español, como la de Víctor Jara, Las casitas del barrio alto, no del todo afortunada. Ésta es, pues, mi versión de la canción de Reynolds y Seeger. Ella misma lo dice todo. ¡Hace 48 años!

Moldecitos en las laderas / Moldecitos haciendo tic-tac/ Moldecitos, moldecitos, / Todos igualitos / Los hay verdes y los hay rosas / También azules y amarillos / Y todos hacen tic-tac / Y todos parecen idénticos.

Y la gente en las casas / Va toda a las universidades / y toda es colocada en moldes / Moldecitos, todos iguales / Y hay doctores y hay abogados / Ejecutivos y empresarios / Todos haciendo tic-tac / Y todos resultan idénticos.

Y todos juegan al golf / Y beben sus martini dry / y todos tienen hermosos pequeñuelos / Y los pequeños van a la escuela / Y van a los campamentos de verano / Y después a la universidad / Donde todos son metidos en moldecitos.

Los muchachos se meten en los negocios / Y se casan y levantan una familia / Y a todos los ponen en moldes / Moldecitos... todos iguales.

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