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04-Nov-2009

Tal cual

Ángel Verdugo

Cayó el muro facilito; faltan los difíciles


Este 9 de noviembre se cumplirán 20 años de la caída del Berliner Mauer. Si bien su caída y los acontecimientos que este hecho desencadenó ya son historia, el aniversario es ocasión propicia para revisar lo que a muchos ha llamado la atención desde 1989 cuando se registró la destrucción física de aquél.

No pocos pensaron que su caída era lo único que hacía falta para que un conjunto de países abrazaran —de buena gana— el pluripartidismo y la democracia. El optimismo que el hecho generó, dio lugar a que sin el menor análisis muchos pensaran que ambos elementos se concretarían de manera natural sin requerir de los ciudadanos esfuerzo posterior alguno.

“La Caída del Muro de Berlín” fue, de acuerdo con The New York Times, uno de los tres hitos que marcaron el siglo XX; los otros dos fueron la desintegración de la Unión Soviética en diciembre de 1991, y la derrota del PRI en julio de 2000.

Los tres constituyeron un todo —nadie lo duda en los tiempos que corren— que representó, no sólo el fin de una época marcada por el autoritarismo sino el principio de una nueva lucha en otras condiciones en contra de aquella nociva práctica en la gobernación. Los acontecimientos posteriores en Alemania —reunificada— y los registrados en los países independientes surgidos de la desintegrada URSS más los que tuvieron lugar en México después del 2000, mostraron con una claridad meridiana que, si bien es importante la destrucción física de “los muros” esto no basta pues deben derribarse los ideológicos, los que están profundamente arraigados en la mentalidad del individuo.

Este problema no es nuevo en la lucha política; ya en los años 20 Lenin —poco antes de morir— habló de “la fuerza de la costumbre” y el presidente Mao —a fines de los años cincuenta— retomó el concepto para dar sustento teórico a la Revolución Cultural que hizo estallar en 1966.

La ideología —la forma de ver y explicar el mundo dirían algunos— es algo que no desaparece o cambia con la pura destrucción física de iconos como el Muro de Berlín; el cambio de mentalidad es resultado de un proceso largo y complejo que exige a quienes lo promueven, algo más que la decisión de derrumbar muros y edificios.

Lo visto estos últimos años en Alemania, Rusia y en lo que fue “Europa Oriental”, comprueba lo anterior; no hay estudio de opinión que no registre un porcentaje significativo de opinantes que piensan que “estaban mejor” durante los años en los cuales, si analizamos con objetividad las cosas, en realidad estaban peor.

De la misma manera, ¿no hay millones de mexicanos que hoy suspiran por los modos del “dorado autoritarismo” y como fiel reflejo de esa añoranza, muy posiblemente darán al PRI el 2012 lo que sus dirigentes expresan —con todo el candor que pueden— de esta manera: “Retomaremos lo que nos pertenece”?

Esta añoranza funciona también en el otro sentido; así como los que vivieron por años en el socialismo suspiran por lo que se esfumó, la población —cuando un gobernante intenta establecerlo— desea el regreso de la libertad y las ventajas del mercado tal y como sucede en Venezuela, Nicaragua, Bolivia y después de tantos años, también en Cuba.

La Caída del Muro, la desintegración de la URSS y la derrota del PRI serían sólo el primer paso de una larga marcha no la concreción del anhelo libertario. Los resultados electorales recientes son buena prueba de ello; falta mucho para concretar lo que los ilusos creyeron logrado hace nueve años.

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