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03-Nov-2009
Archivos del poder
Martín Moreno
Lluvias, muerte y negligencia
La furia estalló ayer contra Marcelo Ebrard en la delegación Gustavo A. Madero, cuando habitantes de colonias afectadas por las lluvias decidieron salir a las calles para mostrar todo lo que perdieron y exigir la presencia del jefe de Gobierno. Pero, ante la rebelión popular y a pesar de la emergencia, Ebrard canceló su visita a las zonas dañadas. Les tuvo miedo. Prefirió llegar a la comodidad del edificio delegacional, para no correr riesgos.
Al mediodía estaba confirmado que Ebrard recorrería los lugares arrasados en la GAM; sin embargo, al saber su equipo que el enojo ciudadano se había desbordado, lo evitaron. Primero la imagen personal que atender a los damnificados.
Algo le ocurre a Ebrard cuando hay tragedias en el DF. Siempre se mete debajo de la cama a la hora de la emergencia. Le ocurrió en Tláhuac y con el New’s Divine. Ahora se repite el síntoma: ¡fue hasta tres días después cuando se apareció en la delegación Gustavo A. Madero!, aunque sin visitar los lugares devastados. ¿Dónde estuvo Marcelo la tarde y la noche del viernes, durante las horas del desastre, y todo el sábado y el domingo? Nada se supo de él.
Tuvieron que salir vecinos de la colonia Zona Escolar a mostrar su desgracia, para protestar y exigir la ayuda de autoridades: muebles, colchones, refrigeradores, autos y otros bienes echados a perder. Varias colonias más, arrasadas por la lluvia: Palmatitla,
Malacates, Valle de Madero y Arbolillos 2. ¿Quién les repondrá lo perdido?
Ebrard dejó morir solos, en las horas de mayor angustia, al delegado Víctor Hugo Lobo y a miles de habitantes. Su ausencia fue evidente. Otra vez el vacío de autoridad.
Hoy sabemos también que el jefe de Gobierno rechazó al Ejército, que pretendía aplicar el Plan DN-III en las zonas afectadas por las lluvias. Su razón es política: preferible que se jodan los ciudadanos, antes que reconocer que el apoyo federal era necesario y evidenciar así la ineficacia del GDF. “Es que no era tan grave”, dijo el falso izquierdista. ¡Qué infamia!
Por la tromba hubo nueve muertos y daños materiales cuantiosos en el DF y el Edomex. En Ecatepec, Coacalco y Tultitlán, hay verdaderas zonas de desastre. Peña Nieto recorrió algunas la tarde del sábado, pero se requiere más. Se necesita reconstruir calles y casas. Faltan agua, víveres y vacunas. Ayer, Valle Dorado. Hoy, Ecatepec.
De poco sirve que los gobernantes lleguen días después a los lugares devastados. Se necesita ayuda justo en el momento en que la tragedia se presenta, cuando el agua comienza a inundar calles y amenaza vidas. Es entonces, y no a toro pasado, cuando se requiere el apoyo de bomberos, ambulancias, médicos y policía. Después, ¿ya para qué?
La ayuda en los municipios mexiquenses llega a cuentagotas.
Como si viviéramos en Uganda, el DF y el Edomex se inundan cada vez que llueve y, lo más grave, hay muertos.
¿Qué obras se realizan en el drenaje profundo? Ninguna. ¿Pero qué tal los spots?
Es una tragedia.
ARCHIVO CONFIDENCIAL… Palabras desconcertantes, y graves, Lluvias, muerte y negligencia del presidente Calderón. Tras la crítica a las empresas que no pagan impuestos suficientes, viajó a Miami, en medio de la turbulencia nacional, para recibir un premio. Lo significativo fue que, al referirse a la influenza A H1N1, Calderón denunció que “hubo voces en el propio gobierno que me recomendaron guardar discreción y evitar compartir información sobre el virus”. ¿Quién fue el funcionario que le sugirió eso al Presidente? Se desconoce. Calderón tiene la obligación de revelar el nombre y darlo de baja de su administración. Es grave la denuncia y por ello debe abundar sobre este punto. Si no lo hace, sería encubrir una sugerencia criminal. Pero no es todo. Según la crónica de Ernesto Núñez (Reforma 31-X-09), Calderón le exigió a senadores panistas: “Denme mis impuestos”, en una frase dura ante la debacle de la economía popular. A mí, mis timbres, sin importar que 50 millones sean pobres, que 20 millones coman un puñado de frijoles y unas cuantas tortillas al día y que tres millones de desempleados vaguen en busca de trabajo. A mí, mis timbres, frente a un país con una deuda interna de… ¡dos billones 465 mil 544 millones de pesos!, que pagarán ésta y las siguientes generaciones. Este 2009 es el peor año económico de los últimos 70, empero, el Presidente quiere sus impuestos. La pregunta es: ¿en qué los va a gastar?
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