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03-Nov-2009
Nudo Gordiano
Yuriria Sierra
¿Adiós a los pluris?
La semana pasada Pedro Ferriz lanzó una pregunta al aire: ¿deben desaparecer los diputados plurinominales? La postura general de la población es sí, por razones obvias: el trabajo legislativo es uno de los más ineficientes en el país y es la institución más desprestigiada ante la opinión pública mexicana, por la eterna pelea de poder, con enfrentamientos y tomas de tribuna pero, sobre todo, porque sólo se representan a sí mismos y a su partido.
Este año, en las listas plurinominales hubo nombres de gente no tan grata y que entra para defender intereses muy específicos, aunque discutir el paquete económico de 2010 lleva implícito el camino que seguiremos para los próximos años al menos, hasta 2012 y dudamos mucho que las cosas cambien, vista la postura del PRI para llegar a un acuerdo. No votó, sólo se deslindó. No se opuso, se quitó de en medio. No alzó la voz, ni a favor ni en contra, sólo jugó al “tío Lolo” al que los temas estructurales lo tienen con el único pendiente de pavimentar su regreso a Los Pinos, haciendo uso del erario como mejor saben hacerlo: carretonadas de dinero a los gobernadores que saben bien cómo se compran voluntades, y sufragios.
Y sí: los plurinominales se han vuelto el cáncer del Congreso, mas no porque la representación proporcional sea mala en una democracia, sino porque en México es solamente el salón VIP de los intereses de partido. Me explico: pensemos en un aspirante a una diputación, con capacidades reconocidas, estudios, iniciativas y gusto por el servicio público, así como ganas de usar los recursos para apoyar a la ciudadanía, algo utópico, pero que podrían justificar a un plurinominal. Pensemos también que ese candidato no tiene el carisma que tantos utilizan para ganar una elección. Un experto en biotecnología, por ejemplo, que no ganaría una de mayoría relativa ni yendo a bailar a Chalma, se convierte en el tipo de candidato que todos los partidos deberían poner en la lista plurinominal. Para una discusión informada y necesaria cuando se debata un tema así de importante en el Congreso. O un experto en transparencia o una en combate a la pobreza o uno en derechos humanos o una en derivados del petróleo o etcétera.
No es un personaje de una canción de Chava Flores, como Juanito, tampoco un líder hipnotizador como AMLO y menos uno mercadológico-esperanzador como Obama o, en su momento, guardando las debidas proporciones, lo fue Fox. ¿Ese poco carisma sería razón para que alguien preparado no llegue a una curul?
Pero no: a las listas no entran los expertos, sino Gerardo Fernández Noroña. Tampoco los que nutrirían el debate intelectual y el conocimiento agregado al que un órgano legislativo de Primer Mundo debería aspirar. No: ellos no entran, sino los niños verdes, las juanitas que renuciarán para dejarle el sitio al esposo, los incondicionales de Beatriz Paredes, Germán Martínez, el Peje o Jesús Ortega. En México, la utilidad de las pluris se ha malentendido por completo.
Un arma de doble filo, ¿no? Desaparecer a plurinominales podría ser también un camino para dar a futuros candidatos un peso, por encima de todo, a su capacidad de seducir masas, pensando más en su convocatoria que en el trabajo hecho y la preparación que constare en su currículum.
De ahí el degenere de los plurinominales, hoy usados como medio intocable para que los partidos den poder a unos cuantos cuya única ambición es llegar a tenerlo. El círculo vicioso de la partidocracia. ¿O bajo qué sustento fue colocada Lucía Morett en la lista del PT este año? Y, así, los nombres incluidos son muchos.
En respuesta, senadores del PRI, el PAN y el PRD proponen que sólo desaparezcan unos cuantos: en San Lázaro la mitad y 32 en el Senado. Eso, dicen, significaría un ahorro de recursos.
La pregunta ahora es: ¿necesitan borrar gente de su “nómina” para ahorrarse una lana? Una vez puesto el ojo en los pluris, valdría la pena revisar la cantidad enorme de recursos que cada año reciben los partidos y llegaríamos pronto a una conclusión, ya puesta en marcha desde hace semanas: quitarle recursos a los partidos, pues, hoy, el trabajo que realizan es inversamente proporcional a los dineros que reciben. No hablemos de eficacia ni de calidad de las leyes e iniciativas con las que justifican su curul. Los partidos, ahora más que nunca, tendrían que entrarle al juego de “ahorro de recursos”, aunque eso nos lleva a otro laberinto: saber que cualquier iniciativa entra o sale de sus manos y que contar con un debate riguroso sobre el tema no es una de sus prioridades. Nunca lo ha sido.
Sin pluris, pero con el mismo financiamiento para los partidos, no dudemos que la próxima Legislatura esté exclusivamente conformada por juanitos… y por juanitas.
Se han convertido en el cáncer del Congreso.
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