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02-Nov-2009

Razones

Jorge Fernández Menéndez

¿Se podrán cerrar las heridas?


La pasada fue una de las peores semanas en el terreno político en mucho tiempo. En pocas ocasiones hemos visto tantas rupturas en tan diversos frentes, tanta falta de capacidad de respuesta, tanta distancia entre lo que estaba discutiendo y analizando la clase política respecto a lo que sentía y opinaba buena parte de la población.

El saldo de esa semana de perros nos muestra un gobierno que se enfrentó con la iniciativa privada en forma incomprensible, así como partidos fracturados: el PRI, entre grupos de diputados, senadores y gobernadores en una clara disputa con tintes futuristas; el PAN, con un presidente del partido que rompe el inestable acuerdo de la Cámara de Diputados y dispara, como se ha dicho, las diferencias priistas, pero termina exhibiendo, también, las profundas diferencias que existen en su partido, así como la oposición que dentro del PAN, sobre todo en el Senado, debe soportar el gobierno federal; fue manifiesto que el PRD no tiene rumbo y el PT le termina marcando la pauta y lo aleja de las posiciones más maduras. La cantidad de contradicciones que vimos en estos días, entre actores de un mismo partido, o gobierno, han sido notables, tanto como los enfrentamientos entre todos, al grado de no saber quién está planteando qué. La confusión llevada a su máxima potencia.

La pregunta es qué costo tendrá todo esto para el futuro. La visión optimista de las cosas podría llevarnos a pensar que el sentimiento de ridículo y fracaso debe haber sido tan grande en los partidos que, de cara al futuro inmediato, buscarán mostrar mayor seriedad. Estoy en el bando pesimista: creo que, salvo excepciones muy manifiestas, la mayoría no termina de comprender la magnitud del daño y seguirán con la ridícula aspiración, que observamos durante toda la semana, de ver quién paga el costo, sin comprender que ése ya lo pagaron todos y cada día que pasa es más alto. Y se equivocan si piensan que ese costo deviene exclusivamente de haber votado el aumento de 1% al IVA o el haber incrementado el ISR a 30 por ciento. Pagan el costo por la imprevisión, por la falta de respuestas y de explicaciones, por la explícita exhibición que hicieron, de luchar sólo por espacios de poder de cortísimo plazo.

Por eso, cerrar las heridas será muy difícil luego de lo vivido. ¿Alguien cree que la relación del gobierno federal con los grandes empresarios será la misma después de la acusación de que no pagaban impuestos?, ¿alguien puede creer que no han quedado en ese terreno resquemores profundos?, ¿es difícil entender que ese conflicto causó desconcierto y divisiones dentro del equipo gubernamental?, ¿no sale debilitado de todo esto Agustín Carstens, que así se acerca cada vez más al Banco de México?

En Acción Nacional, el descontento interno es grande. Primero, porque habían quedado fuera de la negociación original cuando se acordó el IVA de 16%, porque la misma se dio entre Hacienda y un grupo de priistas. Luego vino la declaración de César Nava (que pudo haber estado motivada por un cierto despecho al haber tenido que votar una propuesta en cuya negociación no participaron). Más tarde, la lucha en el Senado y esa reunión, el miércoles, de Felipe Calderón con los senadores, que fue todo menos tersa. Y, por último, la aceptación de aprobar en solitario el alza de impuestos, con signos de rebelión bastante claros entre un grupo de senadores.

El PRI dedicó toda la semana a repetir que estaban unidos: tanto lo dijeron, que fue obvio que no lo estaban. ¿Cuesta mucho comprender que se ha abierto una grieta entre los principales senadores, encabezados por Manlio Fabio Beltrones y algunos gobernadores, con Enrique Peña Nieto a la cabeza, y de muchos de ellos con grupos de diputados que responden a Beatriz Paredes? ¿Se podrá cerrar esa grieta tan marcada desde hoy por la candidatura de 2012?

Por lo pronto lo que viene en el PRI, internamente, es definir quién fue responsable de esa estrategia fallida del fin de semana, cuando sacaron el paquete fiscal original, y quién ganó (o perdió menos) en todo esto.

En el resto de los partidos no hubo nada. La incapacidad perredista de influir en el debate fue tan manifiesta que en los dos días más álgidos del mismo el presidente del partido y la secretaria general, Jesús Ortega y Hortensia Aragón, decidieron que lo suyo, lo suyo, no era San Lázaro ni Xicoténcatl, y se fueron a La Habana, invitados por el Partido Comunista cubano. Al PT, no le sirvió ni la patanería de sus legisladores.

Nadie ganó nada en esta semana y los costos pueden seguir aumentando, en los próximos días, con el debate presupuestal.

La cantidad de contradicciones que vimos en estos días entre actores de un mismo partido o gobierno han sido notables.

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