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02-Nov-2009

Juegos de Poder

Leo Zuckermann

Recuerdo de muertos


Los medios solemos vivir de lo inmediato. Aparece una noticia. Se reporta y analiza hasta la saciedad. Hasta que aparece otra noticia que la eclipsa. Comienza, así, otro ciclo noticioso. De esta forma, los medios somos de memoria corta. Por desgracia tenemos la propensión a olvidar. No estamos acostumbrados a seguirle la pista a lo ocurrido en el pasado.

En 2001 comencé mi carrera como editorialista publicando un artículo semanal. En 2006 me convertí en columnista con una publicación diaria de lunes a viernes. Durante este periodo he escrito acerca de muchas historias relacionadas con la muerte. Víctimas de la violencia o la estupidez humanas. En su momento fueron noticia. Hoy, lamentablemente, han pasado, o están pasando, al olvido.

Esta semana México recuerda a sus muertos. Se trata de una vieja tradición de origen prehispánico. Los cementerios se llenan de gente que, con diversos rituales, “conviven” con sus seres queridos ya fallecidos. Aprovechando esta fecha, en esta columna quisiera recordar a algunos difuntos de los que alguna vez escribí, con el ánimo de no olvidarlos.

En 2003, una joven independiente que vivía sola llegó a su casa cuando los ladrones la estaban desvalijando. Para que no pudiera identificarlos, los hampones la asfixiaron con una bolsa de plástico. Luego tiraron su cuerpo en un lote baldío en las afueras de la Ciudad de México a merced de las ratas depredadoras. Sharon Tacher tuvo que ser identificada con sus placas dentales.

En 2004, una joven de 26 años abordó un taxi en el Distrito Federal. A continuación fue secuestrada, torturada y ultrajada. La aventaron en una banqueta. Ahí murió Lizbeth Salinas de los golpes recibidos.

Ese mismo año, en un fraccionamiento de Tlalnepantla, un grupo de criminales trató de robar uno de los vehículos de la familia Cummings. El padre y uno de sus hijos intentaron evitar el robo. Fueron asesinados a sangre fría.

También en 2004, una turba en la delegación Tláhuac linchó y quemó vivos a Víctor Mireles y Cristóbal Bonilla. Un acto barbárico que muchos niños atestiguaron. Las policías federal y capitalina decidieron no intervenir para salvar la vida de dos servidores públicos que murieron, como en la Edad Media, calcinados en la pira pública.

En 2007, un diputado del Congreso de Guerrero llegó a dar una entrevista a la televisora del estado en Acapulco. En el estacionamiento se acercó un individuo con una cubeta para preguntarle si le lavaba el coche. Sin más, del recipiente sacó una pistola y le pegó un tiro en la cabeza. Era un matón a sueldo que había recibido un adelanto de 20 mil pesos para matarlo. Se los había pagado el hermano de la suplente del diputado para que su hermana asumiera el cargo que por razones obvias dejaba vacante Jorge Bajos.

En 2008, la aeronave que transportaba a Juan Camilo Mouriño se desplomó en el Distrito Federal. El secretario de Gobernación y ocho personas más murieron al instante. La evidencia descubierta demostró que el avión se cayó por una turbulencia generada por el avión que venía adelante y la impericia que tuvieron los dos pilotos para controlarla. Al parecer, no tenían la certificación y capacitación para volar un jet de este tipo. Habían sido contratados en una licitación de acuerdo a la Ley de Adquisiciones que ordena que el gobierno contrate los servicios de la empresa privada más barata.

Este año, en la guardería ABC en Hermosillo, más de 170 menores dormían a la espera de que sus padres los recogieran. De pronto se escuchó un estallido en la bodega de junto. En cuestión de segundos el interior de la guardería se convirtió en un infierno. Las llamas se propagaron con rapidez por la presencia de elementos inflamables. El humo salía por los ductos del aire. En las afueras, un individuo impactó su camioneta a fin de hacer un boquete para que la gente pudiera salir. Al final, 49 criaturas de entre once meses y cinco años perecieron asfixiadas o quemadas.

Sirva este Día de Muertos para recordar a todos ellos.

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En 2004, una joven de 26 años abordó un taxi en el Distrito Federal. A continuación fue secuestrada, torturada y ultrajada. La aventaron en una banqueta. Ahí murió Lizbeth Salinas de los golpes recibidos.

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