Global
Buscar a un Autor

  •  De:  
     Para:  
     Email Amigo:
    CERRAR x

01-Nov-2009

Catalejo

Esther Shabot

Irán: Terrorismo propio y ajeno


Los pavorosos atentados terroristas en Pakistán, Afganistán e Irak, de los últimos días, fueron a tal grado destructivos que borraron de los titulares noticiosos el ataque también terrorista que poco antes, el domingo 17 de octubre, quitó la vida en Irán a 62 personas en la zona de Sarbaz, Baluchistán, cerca de la frontera con Pakistán. Entre sus víctimas mortales se contó un importante número de altos oficiales del Cuerpo de Guardias Revolucionarios Islámicos, crema y nata del aparato de seguridad del régimen de Teherán. Lógicamente, el máximo ayatola iraní, Alí Khamenei, declaró de forma inmediata que el terrorismo constituye un despreciable crimen que no puede justificarse bajo ningún argumento, aunque con esta aseveración contradijera, de hecho, la política practicada por su régimen de forma sistemática durante muchos años: el fomento al terrorismo en nombre de la expansión de la revolución islámica.

De lo anterior se deduce que para Khamenei, el terrorismo ajeno es vil y condenable, no así el propio, el cual se encubre y legitima bajo denominaciones tales como “mártires de la fe”, “insurgentes”, “luchadores por la libertad” y “resistentes”. La vara para medir el terrorismo es así, a ojos de los ayatolas, distinta en cada caso, por lo que no existe ningún prurito para los gobernantes iraníes en albergar una de las estructuras de promoción del terrorismo más amplia y mortífera del planeta.

Véanse si no los siguientes datos: Teherán es la única capital del mundo donde virtualmente todos los grupos terroristas del globo mantienen “oficinas y centros de información”. Cada año, entre el 1 y el 11 de febrero, la República Islámica es la sede de una serie de eventos especiales conocidos como “Los diez días de la aurora”, en donde personajes practicantes del terrorismo de todas partes del mundo, y no sólo islamistas, se reúnen para coordinar lo que ellos describen como su lucha armada global. De hecho, Irán posee una fuerza especial de élite, el Cuerpo Al-Quds (Jerusalén), con el propósito de exportar su revolución islámica por medio de la violencia y el terror. En ese sentido también funciona un departamento especial en el Ministerio de Relaciones Exteriores iraní conocido con el nombre de “Oficina para la exportación de larevolución”.

Tanta convicción existe entre los miembros del gobierno iraní de la bondad de su terrorismo, que desde hace mucho alardean públicamente de que ellos fueron los primeros en introducir la modalidad de los atentados suicidas en Oriente Medio a través de los primeros actos de ese tipo perpetrados por su ahijado, Hezbolá, en Líbano durante la década de los 80. De ahí que Hezbolá, lo mismo que Hamas, la Jihad Islámica y el Ejército Mahdi en Irak sean calificados como “movimientos de resistencia” en la medida en que conducen su activismo bajo los auspicios iraníes.

La doble medida aparece igualmente en que mientras Teherán acusa a Pakistán de albergar terroristas, no tiene ningún empacho en hospedar a docenas de miembros del Talibán, de Al-Qaeda y del Hizb Islami en su territorio, sobre todo en la cadena de aldeas ubicada a lo largo de su frontera con Afganistán. Por si fuera poco, el gobierno afgano sabe muy bien que está en marcha un esquema iraní para armar a decenas de miles de luchadores chiítas del grupo de los Hazaras con objeto de tomar el control de Kabul en caso de que los estadunidenses se vean forzados a retirarse.

La lista de este tipo de proyectos es larga y no en balde países como Turquía, Egipto, Yemen y la ex república soviética de Azerbaiyán han detenido a un buen número de células promotoras del terrorismo enviadas por Teherán a fin de socavar a los gobiernos locales e imponer la modalidad chiita de gestión propia del régimen de los ayatolas. Irak es uno de los casos más dramáticos; desde 2005 las autoridades de Bagdad han presentado una verdadera montaña de evidencias de actividades terroristas conectadas con el patrocinio de Irán.

En este panorama es que el desafío a la carrera nuclear iraní cobra altísima importancia. Los últimos regateos que Teherán hoy practica de cara a las exigencias que la comunidad internacional le ha presentado en cuanto a su desarrollo nuclear son así un real motivo de preocupación, pues todo parece indicar que una vez más Ahmadinejad y su régimen juegan a ganar tiempo, a decir sí pero no y luego volver a empezar, en una estrategia macabra destinada a seguir expandiendo indefinidamente su área de control y dominio.

ENVÍA TUS COMENTARIOS

Envíanos tus opiniones y si quieres contar con todas las funcionalidades de comentarios como responder a tus los participantes, necesitas accesar tu cuenta en el LOGIN

Si eres NUEVO USUARIO, da click aquí para Registrarte.

Te recordamos que es GRATIS y tendrás acceso a todo el sitio del nuevo EXonline, entre otros beneficios.

Nombre:
Comentarios:
Filtrar
Loading...