31-Oct-2009
La autopsia
André Marín
El adiós del Corona
Mañana no es un día cualquiera para el futbol mexicano y mucho menos para la Comarca Lagunera. Mañana cuando el Santos reciba a los Pumas se terminará la historia de uno de los estadios con más sabor y personalidad que hay en todo el país. El Corona dice adiós y con él se van millones de anécdotas, sucesos y hasta leyendas.
Estadio viejo, muy complicado para los visitantes, con la afición pegada a la línea lateral, con una tribuna que se hace sentir en serio, con vestidores incómodos, con césped alto. En pocas palabras, un escenario insufrible para los que jugaron ahí sin la camiseta del Santos.
Para quienes tuvieron el honor de vestir la camiseta verdi-blanca, era conocido que el Corona era un aliado mientras le correspondieras, pero si le fallabas se convertía en su peor enemigo y la gente se volteaba en tu contra.
Cualquier futbolista profesional del Santos tenía que dar todo y un poco más para ser aceptado y querido por la afición lagunera.
Y ni qué decir de los árbitros. Si en alguna cancha de primera división lo pasaban mal era en este estadio porque la presión de los 18 mil aficionados la sentían desde que pisaban el pasto y hasta que terminaba el partido.
En el Corona me tocó vivir cinco finales de liga y lo digo con mucho orgullo porque me siento un afortunado. Aquella de 1994 enfrentando a Tecos y perdiendo la vuelta en Zapopan, también el primer título en el invierno de 96, cuando un cabezazo en fuera de lugar de Borgetti les dio el campeonato.
En 2000 enfrentaron al mejor Toluca de la historia y los hicieron pedazos.
También disfruté la final contra Pachuca y aquel gol de Robson Luiz que le otorgó su segunda copa. Y cómo olvidar la gran final contra Cruz Azul el año pasado con un golazo de Ludueña y el inolvidable momento de ver a Oswaldo levantando el nuevo trofeo.
Estoy consciente de que soy un tipo con mucha suerte porque pude estar en las cinco finales que se disputaron en el estadio Corona.
Mañana por la tarde los jugadores del Santos deberán jugar como nunca y entregarse a la historia y a todos aquellos que hicieron grande esta institución.
Mañana Oswaldo, Figueroa, Estrada, Ludueña, Vuoso, Quintero y compañía deberán recordar a todos los jardineros que algún día cortaron ese césped, a todos los obreros que pintaron las paredes, a todos los jugadores que dieron alegrías, a todos los vendedores de cerveza que llenaron millones de gargantas y, sobretodo, a los fanáticos que desde 1970 hicieron de las tribunas del Corona un estadio inolvidable.
En los próximos días veremos la inauguración de un majestuoso complejo deportivo que será la nueva casa de los Santos, sin embargo será imposible olvidar al pintoresco, rudo e inolvidable estadio Corona.
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