- El valor del arte 19-Nov-2009 Las preguntas que dispara el teatro 12-Nov-2009 Anatomía de la desesperación 05-Nov-2009 Asesinato, escritura y teatro 22-Oct-2009 Las trampas de la nostalgia 15-Oct-2009 Lo extraordinario 08-Oct-2009 Viento negro en el CUT 01-Oct-2009 La palabra: del saber al no ser 24-Sep-2009 Delirio en cadena nacional 17-Sep-2009
29-Oct-2009
Horizontes imaginarios
Luz Emilia Aguilar
Peligro de extinción
Desde que surgió Paso de Gato, Revista Mexicana de Teatro, en 2001, ha sido la única publicación periódica en nuestro país que divulga dramaturgia nacional e internacional, análisis, crítica, teoría, entrevistas, compilaciones monográficas y se preocupa por mantener a sus lectores al día respecto de las artes escénicas en nuestra república y el mundo. Paso de Gato es una industria cultural a cabalidad, que trabaja por la difusión y desarrollo de la cultura mexicana: organiza ciclos de reflexión; en colaboración con el Citru financia el Premio de Ensayo Teatral; edita Cuadernos de Teatro, que en la suma de sus cuatro colecciones se aproximan a los 50 títulos. Además, cuenta con un boletín que se reparte sin costo en los teatros del Distrito Federal, con carteleras, reseñas y críticas y, por si fuera poco, desde 2008 publica Toma, Revista Mexicana de Cine.
Al recordar por añadidura que en 2005 Paso de Gato ganó el Premio Nacional de Periodismo; en 2006 el premio Antonieta Rivas Mercado de la AMCR; en 2007 el Premio Internacional Latino Theatre Festival of Los Ángeles; y en 2008 el Premio ACPT, me sorprendo de que en lugar de que este esfuerzo reciba estímulos oficiales, por una decisión del Poder Ejecutivo Federal se encuentra al borde de desaparecer. Desde este octubre que termina, Paso de Gato, como el resto de las revistas que circulan en el país (incluidas Proceso, Nexos, Letras Libres), enfrenta la suspensión de cualquier pago por parte de organismos del gobierno federal por concepto de publicidad y difusión. Al indagar sobre las razones de esta medida, editores y periodistas independientes y jefes de información de distintas oficinas de gobierno coinciden en que fue una decisión de la Presidencia de la República, que se aplica sin que medie documento escrito que lo reconozca. La medida podría interpretarse como un desesperado lance para disminuir gastos ante la crisis, a no ser porque el ahorro es de risa. Según datos de etcétera, las revistas ocupan únicamente 2.4% del presupuesto para publicidad del gobierno federal para este año. De dicho presupuesto la mayor parte se destinó a contratar espacios en Televisa y TV Azteca para difundir propaganda que en nada estimula la reflexión. ¿A qué responde entonces la medida?
En abril de 2009 la Cámara de Senadores aprobó modificaciones al artículo 4º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos para garantizar el derecho de toda persona a la cultura y al disfrute de los bienes y servicios que presta el Estado en la materia, así como el ejercicio de sus derechos culturales. El Estado, se afirma, promoverá los medios para la difusión y desarrollo de la cultura, atendiendo a la diversidad cultural en todas sus manifestaciones y expresiones con pleno respeto a la libertad creativa. ¿Cómo se explica que por un lado se estimulen y aprueben estas iniciativas en nuestro ámbito legal y que por el otro el gobierno federal las contradiga de manera tan evidente? ¿Cómo interpretar el reconocimiento constitucional del derecho a la cultura y la inmediata andanada de iniciativas para negar ese mismo derecho?
Primero se anuncian recortes entre 30 y 40% del presupuesto para 2010, respecto del año en curso, para el llamado sub sector cultura y enseguida la suspensión del financiamiento que ha mantenido con vida a muy importantes publicaciones periódicas. Se destinan valiosos recursos a educar artistas y producir obras de arte. Si se cortan las carteleras, los anuncios, las revistas ¿cómo se va a enterar la gente de lo que se produce para su disfrute? ¿Acaso hemos de asumir que con el recorte al presupuesto a fin de cuentas no habrá más que difundir? Estremece pensar que pudiera existir la intención premeditada de cercenar todo pensamiento crítico. ¿Qué va a ser de la circulación de las ideas en México sin las revistas que vinculan, enriquecen el pensamiento, cuestionan, coadyuvan al encuentro necesario de intelectuales y artistas con sus públicos? ¿De qué democracia estamos hablando cuando se emprenden embates mortales a la cultura y el arte? ¿Qué papel le toca jugar a la sociedad para evitar estas medidas?
La revista Paso de gato está a punto de desaparecer.
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