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26-Oct-2009

Y sin embargo se mueve

Anna Bolena Meléndez

Envejecer con dignidad


Todas las mujeres y hasta los hombres quisiéramos cambiar algo de nuestro cuerpo. Que si tengo mucha pompa, que si no tengo; que si mi busto es muy grande o muy pequeño, que las arrugas, los párpados caídos, la celulitis, las caderas anchas, las piernas gruesas, los brazos aguados, la nariz chueca... Podría continuar con una lista eterna de todos los defectos que la industria de la moda decidió que eso son: defectos.

Si tan sólo aprendiéramos a aceptarnos tal como somos y a disfrutar nuestro cuerpo como lo que es, la herramienta más maravillosa con la que contamos, a cuidarlo con ejercicio y buena alimentación, sin exceso, con medida, podríamos ver las cosas, seguramente, desde otro ángulo.

Para todo hay gustos, por eso deberíamos ser más condescendientes con nuestro físico y dejar de mirarlo en un espejo para imaginarlo diferente, sino para disfrutarlo y ver todos los atributos que nuestra figura puede tener.

El peor enemigo del ser humano es la edad, conforme crecemos sentimos que nuestro cuerpo va cediendo a la gravedad, yo tengo 28 años y me descubro recordando ciertas cosas de mi cuerpo cuando tenía 20, pero como mi lema es y será (y si se me olvida, queridos lectores, les doy permiso para que me lo recuerden) : “Hay que envejecer con dignidad”, pienso en las cosas que he obtenido a cambio por un poco de edad, y hasta esas pequeñas imperfecciones que llegan con el tiempo son parte de cada etapa de mi vida.

Ahora, con el tema de Alejandra Guzmán, he tenido tiempo de reflexionar sobre estas cosas con más sensatez. La verdad, Alejandra es una mujer atractiva, tiene un cuerpazo, para su edad no tiene nada de qué acomplejarse y la vemos al borde de la muerte, porque seguramente un día le pareció que sus pompas no eran lo que ella quería, me imagino que lo que ella quería tampoco era tenerlas que descansar en una silla de ruedas o, peor aún, en un ataúd. Y no estoy siendo exagerada, ella misma acepta que pudo haber quedado paralítica y hasta morir por realizarse un procedimiento estético en una clínica que, además, tenía gran reconocimiento en el medio artístico: la de la señora De Albornoz.

Mucho se ha oído sobre clínicas fraudulentas, lo que pasa es que, desafortunadamente, esas historias no se saben porque no son personas famosas como Alejandra; bien dicen que hay que sacarle a todo lo positivo y por lo menos la cantante está destapando todo lo que le ha sucedido para poder prevenir a otras mujeres de lo que ella pasó.

Lo que debemos aprender de estas historias no es tanto ir a buscar médicos certificados ni a cirujanos tapados de diplomas, sino a aceptarnos y dejar de esperar que un cuchillo y una inyección nos hagan el milagro. Siempre estará la opción de hacer ejercicio, de ir con un buen nutriólogo y tomar uno que otro masaje que podría ayudar a disminuir la grasa acumulada. Existen casos en los que está bien que se tomen medidas extremas, pero no se vale exponerse sin tanta justificación.

Envejecer con dignidad, como proclamo, es aceptar saludablemente lo que el tiempo haga con nuestro cuerpo, sabiendo que nosotros tenemos la decisión en cuanto a nuestra alimentación, así como de mantenerlo en forma en la medida de nuestras posibilidades.

La belleza que atrae rara vez coincide con la belleza que enamora.

José Ortega y Gasset

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