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25-Oct-2009
Opinión del experto
Raúl Fuentes Aguilar
México en la obra de Humboldt
(Segunda y última parte)
El 20 de enero de 1804 partieron de México Humboldt, Bonpland y Montúfar, más cargados con muestras y datos científicos. Fueron por Puebla y Jalapa a Veracruz, deteniéndose para hacer mediciones de los volcanes Popocatépetl, Iztaccíhuatl y Pico de Orizaba, para conocer la pirámide de Cholula y para subir al Cofre de Perote.
Llegaron a Veracruz el 20 de febrero y el 7 de marzo zarparon rumbo a La Habana. Llevaba Humboldt consigo impresiones personales sobre una gran variedad de paisajes mexicanos, que le proporcionaron un muestreo geográfico del país.
Interrumpió Humboldt el viaje de regreso a Europa con una visita de seis semanas a Estados Unidos, tres de las cuales como huésped del presidente Thomas Jefferson, a quien le dio información estratégica y de la riqueza y debilidad de México, lo que estimuló la voracidad norteamericana para apoderarse, poco después de la visita de Humboldt, de más de la mitad del país. Llegaron Humboldt, Bonpland y Montúfar a Burdeos el 4 de agosto de 1804; tenían más de cinco años de ausencia en Europa.
La obra de Humboldt en México abarca consideraciones geográficas de casi toda índole, destacándose algunos aspectos más que otros en cuanto a la extensión y originalidad con que los trató. Investigó las conexiones de los diversos fenómenos geográficos y ensayó la interpretación de las interrelaciones entre aquéllos y los de otra índole.
Llevaba instrumentos para medir la gravedad y el geomagnetismo, y en su obra capital, Cosmos, estudia las variaciones mundiales de este último fenómeno, refiriéndose a las observaciones que de esta naturaleza había efectuado en México. Se preocupó también del problema del calor interno de la Tierra, llevando para este objeto su termómetro a fin de apreciar el aumento del calor en las profundidades de las minas mexicanas.
De estos aspectos del trabajo de Humboldt, Frank D. Adams ha escrito: “La obra geológica de von Humboldt, que fue de valor permanente, descansa principalmente en el estudio de volcanes y terremotos”. Adams da a entender que Humboldt fue de los primeros en distinguir entre terremotos plutónicos o sísmicos y los volcánicos. Para hacer esta distinción, México le proporcionó una oportunidad que aprovechó en la comarca sísmica de Acapulco, y en una zona de rocas volcánicas muy recientes, incluyendo las arrojadas por el nuevo volcán de Jorullo, donde gozó de la primera oportunidad que tuvo un vulcanólogo tan bien preparado para estudiar un volcán muy joven. La hipótesis de “cráteres de levantamiento” que formuló basándose en su visita al Jorullo se apoya en los relatos de testigos de la catástrofe, así como en el estudio del edificio tal como lo vio el sabio y tal como se puede ver actualmente.
A su regreso a Europa, tardaría decenios en poner en orden el material que llevaba. Cajas cargadas de colecciones vegetales, documentos, apuntes, estaban a su lado. Esa acumulación de materiales era en cierto sentido una revolución.
Sus libros abarcarían la ordenación de los conocimientos de la época y su culminación anticipadora en varios campos de la ciencia. La Relación del viaje a las regiones equinocciales, se comienza, se cree en 1807 y se termina en 1834. Treinta volúmenes.
El rey de Prusia lo incorpora, otra vez, a la diplomacia en 1827. Federico Guillermo lo convierte, contra su deseo, en consejero privado. Da conferencias, escribe, dibuja e ilumina. Prepara su obra magna, Cosmos, esquema de una descripción física del universo.
El Ensayo político sobre el reino de Nueva España, se ha dicho, sirvió “de fuente de todos los errores y de todos los aciertos” sobre México, pero su pronunciamiento revelador le hace indisoluble del pensamiento liberador y liberal de las generaciones mexicanas del siglo XIX.
En 1824 Lucas Alamán, ministro de Relaciones Exteriores de México, le escribía, por decisión del gobierno, diciéndole que se sabía que deseaba regresar. Le subrayaba “que toda la nación esta agradecida por sus trabajos, que han mostrado al mundo lo que el país esta en camino de llegar a ser... Esperamos que realizará ese plan (el de volver a México) y que podremos contar entre los habitantes de esta república con un hombre tan famoso, como justamente respetado en el mundo culto...” En 1827 Lorenzo de Zavala, gobernador del Estado de México, proclama a Humboldt y a Bonpland ciudadanos de la entidad. Antonio López de Santa Anna le concedió la orden de Guadalupe.
Humboldt murió el 6 de mayo de 1859. Cuando muere, se declara duelo nacional en Prusia.
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