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23-Oct-2009
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Lucero Solórzano
Coco antes de Chanel
Las biografías cinematográficas suelen ser imparciales, endulzadas y con ciertas licencias históricas en aras del favor del público. Por decir algunos nombres al azar, Kennedy, Truman, Washington, Lincoln, Gandhi, Churchill, Mozart, Beethoven, Capote, Napoleón, Shakespeare, Lutero, Alejandro Magno, Cristóbal Colón, Lawrence de Arabia (excepcional la película de David Lean), y otras figuras históricas (me faltan muchos, lo sé); o Billie Holiday, Edith Piaf, Janis Joplin, Tina Turner, Johnny Nash, Van Gogh, Rembrandt, Pollock, Hitler, Mussolini, Nixon, Jim Morrison, Dalí, Diego Velázquez, Goya, Frida Kahlo, y una lista interminable de personajes cuyas vidas han sido recreadas en la pantalla grande en algunos casos en forma bien lograda, en otros con sus “asegunes”.
Una biopic, como se conoce en inglés a las películas biográficas, requiere de una profunda investigación —en caso de que se pretenda lograr un retrato fidedigno del personaje en cuestión—, una selección atinada del actor o actriz que protagonice la historia y una buena recreación del contexto histórico. También puede suceder que los creadores se inspiren en el personaje para desarrollar una ficción o un evento ficticio en torno a él, como en las recientes biopics de Beethoven, Copying Beethoven, de Agniezka Holland, o de Mozart, Amadeus; o Goya, en Los fantasmas de Goya, ambas de Milos Forman.
No es la primera vez que la figura de la diseñadora Coco Chanel es llevada a la pantalla. Su historia es muy atractiva para leerse o verse en el cine, ya que es de esos personajes que se “inventan a sí mismos” y cuya lucha puede resultar profundamente inspiradora y ejemplar. Hace algunos años la interpretó Shirley MacLaine y, paralelamente a la que hoy nos ocupa, Coco antes de Chanel, se realizó también en Francia otra biopic: Coco Chanel e Igor Stravinsky, que revive una faceta muy interesante de la diseñadora, cuando se movía en los círculos más exquisitos de los intelectuales y artistas de la época, entre quienes se encontraban el coreógrafo y empresario Diaghilev, quien la presentó con el revolucionario músico ruso Igor Stravinsky. No creo que tengamos esa película en nuestro país, habrá que conformarse con la versión que está en las pantallas nacionales.
A principios del siglo XX, las mujeres se encontraban atrapadas en complicados vestidos y ajustados corsés, estaban literalmente asfixiadas y, de hecho, los lánguidos desmayos eran frecuentes. Los dictados de la moda las habían hecho prisioneras de las imposiciones masculinas de los líderes del diseño de fines del siglo XIX, quienes pedían mujeres bien pechugonas (claro, el corsé comprimía las carnes para que brotaran cerca de las anginas) y unas cinturitas de avispa, además del estorboso polizón que era una almohadilla que acentuaba el perfil de los glúteos.
La magia de Coco Chanel fue el tener la visión para entender que así como el estatus de la mujer en lo familiar, social, económico y político se estaba transformando en los 20 y 30, también había que darle oxígeno y comodidad a través de la moda. Había que brincarse convencionalismos, actitudes misóginas, prejuicios y tradiciones y Coco lo hizo como nadie; las mujeres de hoy tenemos una deuda con ella.
Coco antes de Chanel es una película francesa del presente año que Anne Fontaine dirigió y adaptó del libro de Edmonde Charles-Roux. La vida de Gabrielle Coco Chanel guarda, por cierto, muchos paralelismos con la de Edith Piaf, otra self made woman fascinante.
La actriz Audrey Tautou le da vida al personaje, aunque en mi opinión le falta contundencia en su interpretación. Algunos aspectos de la modista están bien logrados, como la sobriedad y su imagen, a veces andrógina, pero su gran personalidad fue demasiado para Tautou, quien está muy bien en una película como Amélie pero no en los zapatos de Coco.
Por otro lado, la historia, como lo dice el título, se basa en la etapa de la vida de la diseñadora previa a su irrupción en el mundo de la moda, pasando por su dolorosa orfandad y sentimientos de abandono, su persistente inconformidad, la relación amorosa con un empresario inglés y sus ideales eternos de libertad que tan bien plasmó en la ropa femenina que diseñó. Casi por su espléndida banda sonora le doy un 8.
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