Adrenalina
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20-Oct-2009

A mi manera

Miguel Gurwitz

Peticiones inviables


Es un tema común y si quiere hasta aburrido. Pero cada que la Selección Mexicana califica a un Mundial surge la misma idea. Todos se adjudican su paternidad con gran orgullo, sin embargo el resultado es siempre el mismo.

El que la Selección Mexicana juegue como un equipo más de la liga ha sido un tema por demás tratado. Se han buscado las opciones, sin embargo el asunto resulta inviable; y ya no hablemos del presupuesto, que para eso han ingresado tantos millones a la Federación, sino por muchos temas, dentro de ellos, y el más importante, la imposibilidad de contar con los seleccionados nacionales que juegan en otro país.

¿De qué serviría entrenar y jugar con un equipo al que al menos le faltarán ocho jugadores que se proyectan como titulares indiscutibles?

Seamos realistas: no podemos pensar en un equipo titular sin la presencia de Rafael Márquez, Andrés Guardado, Ricardo Osorio, Carlos Salcido, Giovani dos Santos, Guillermo Franco, Cuauhtémoc Blanco y Carlos Vela. A eso le sumamos las incorporaciones de Héctor Moreno y dependiendo de su actividad, la de Nery Castillo.

Por otra parte, no podemos pedir más allá de lo que razonablemente nos puede brindar una Selección Mexicana. ¿Cómo poder comprometerse a jugar una final de Copa del Mundo? ¿Cómo pedir promesas que difícilmente se cumplirán? ¿De qué sirve? ¿Para qué? ¿Para inflar un globo que difícilmente se elevará al mismo nivel que las palabras? Y nada tiene que ver con pensamientos enanos o derrotistas, es simplemente ubicarse en una realidad. Pensar en la meta máxima siempre será positivo, pero no basta un deseo: hace falta talento, capacidad, cualidades, trabajo, educación, alimentación y muchos otros factores que van más allá de la participación de una Selección en la liga como un equipo más.

Cómo pedir un compromiso de tal magnitud que ni selecciones de la talla de Brasil, Italia, Alemania o Inglaterra lo hacen. Cada una tiene sus obligaciones, y evidentemente de nada le servirá a Brasil jugar un quinto partido si éste no viene acompañado de un sexto o séptimo. Misma exigencia para los demás equipos de primer orden en el mundo futbolístico.

No digo que sea imposible alcanzar instancias mayores a las proyectadas. La prueba más clara la tenemos con la Sub 17, o bien con equipos como Turquía o Corea del Sur en el Mundial de 2002 que alcanzaron las semifinales. Lo mismo con Croacia en 1998, Polonia en 82, o el mismo Estados Unidos en el lejano 1930.

Que los clubes soliciten a la Federación un apoyo económico por la cesión de jugadores suena razonable, pero de eso a transformar a la Selección en un equipo más, o prometer una semifinal, hay mucha diferencia.

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