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16-Oct-2009

Tal cual

Ángel Verdugo

Discurso lleno de pasado y vacío de futuro; así somos


¿Por qué sorprendernos? El discurso que este gobierno, sus funcionarios y la clase política han manejado ante la sociedad acerca de las razones por las cuales el Presidente decretó la extinción de Luz y Fuerza así como el de los opositores a la medida, son discursos que reflejan bien lo que somos; dicen claramente que lo que nos gusta y alimenta es el pasado y lo que rechazamos, es el futuro.

¿Por qué los discursos de ambas partes tendrían que ser diferentes? ¿De dónde —la clase política y los apoyadores de la medida junto con sus opositores— iban a sacar argumentos para armar un discurso de futuro? Nuestro discurso huele a naftalina; suena —y es— acedo, caduco—.

Si realizásemos una comparación exhaustiva del discurso de los gobernantes de Chile y Brasil; de la República Popular China, India y Vietnam; de Irlanda, Hungría y Polonia y del de los gobernantes de Sudáfrica con el de los nuestros, saltaría a la vista de inmediato la diferencia de tiempos que en ellos se maneja. En aquellos, es el futuro lo que está en el centro de sus planteamientos mientras que aquí, es el pasado y en raras ocasiones el presente, pero siempre relacionado éste con el ayer, jamás con el mañana.

La explicación de esta conducta o de esta visión del desarrollo y el mundo, tiene profundas raíces en la educación recibida y en la enseñanza de una historia mentirosa que todos parecen querer fortalecer. Las pocas voces que hoy abogan por un enfoque diferente han sido nulificadas por la avalancha de las otras o, su llamado ha caído en oídos sordos pues a la sociedad este tema “les vale”.

El espectáculo que algunos de nuestros funcionarios nos han brindado con motivo del proceso de extinción de Luz y Fuerza, da pena; escuchar a nuestra secretaria de Energía recetarnos el pasado del SME como la justificación de la extinción sin mencionar la construcción necesaria de un mejor futuro como la fuerza motriz de la decisión, es el drama de un país que vive en el pasado.

¿Imagina a su equivalente brasileño o vietnamita? Si alguno de estos hiciere lo mismo, lo menos que enfrentaría sería el cese; aquí, por el contrario, a aquélla la rodean las cámaras y la cubren los reflectores como si estuviéremos ante Moisés a punto de dar a conocer Los Diez Mandamientos.

Salvo excepciones —Roberto Salinas, Ricardo Medina y dos o tres más— casi todos nuestros “analistas” y “expertos” no se cansan de regodearse en el pasado del SME y sus privilegios sin mencionar al principal responsable de ellos, al de la debacle de Luz y Fuerza y de la de centenas de empresas paraestatales: Este y los anteriores gobiernos.

Tal parece que es menos comprometedor comentar acerca de “la valentía” del Presidente sin mencionar que el Contrato Colectivo de Luz y Fuerza junto con los de CFE, Pemex y el del IMSS, son muestra clara del corporativismo que desde los años treinta del siglo pasado campea en nuestra vida política. ¿Para qué mencionar que las condiciones contractuales y financieras que privan en CFE, son casi las mismas que en la extinta?

Ojalá que los miles de ilusos que esperan la desaparición de “los diablitos” y el robo de energía, así como la reducción de tarifas, desechen ese sueño guajiro; mejor acepten que ni los diablitos desaparecerán ni las tarifas se van a reducir. Dejemos los sueños para mejor ocasión, para cuando nos decidamos a ver hacia adelante, a construir el futuro tal y como Brasil y otros países han hecho estos últimos cincuenta años.

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