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09-Oct-2009
Nudo Gordiano
Yuriria Sierra
Su mala vida
Ayer hablamos de la importancia de que toda la población, sin excepción, sea representada en los altos mandos del gobierno.Pensamos que tan importante es esto como los resultados que cada uno de esos funcionarios deben dar. Lo que importa es su trabajo. Pero una cosa es la razón y otra muy distinta las filias que nos enferman y enojan.
Con todo el apoyo que algunos han dado a Roman Polanski, al abogar por su no extradición, se ha destapado, en realidad, que se han puesto los ojos de nuevo, y de una forma más precisa, sobre el ministro de Cultura francés Frédéric Mitterrand, quien escribió un libro llamado La mala vida hace cuatro años, incluso ya leído por el presidente Nicolas Sarkozy, quien lo calificó de “valiente” y donde se incluyen fragmentos de este tipo:
“Todos estos rituales en torno al mercado de jóvenes, al mercado de esclavos, me excitaba tremendamente. La abundancia de atractivos jovencitos, que estaban disponibles de inmediato, me conducían a un estado de deseo.”
Asegurando que el libro no es autobiográfico, pero que “algunas partes se asemejan mucho a su vida”, Mitterrand se ha justificado en el uso de la palabra “jovencitos”, afirmando que es demasiado vaga para lo que en realidad quiso expresar.
El huracán se ha formado más sobre él porque ha sido uno de los más entusiastas defensores de Polanski, acusado de abusar de una menor de 13 años en 1977. A todos les parece extraño el ímpetu que muestra en el caso. Ha calificado la petición de extradición de Estados Unidos como “insensible y horrorosa”.
Pero su caso se torna más complicado, muy a pesar de la ambigüedad que quiere manejarlo, porque no sólo se habla de abuso sexual, también de la trata de personas, y subraya que se realiza con menores de edad y son culpables quienes la controlan y también quienes la justifican haciendo uso de ella.
Aunque el libro fue publicado cuando todavía no era funcionario del gobierno francés, que no lo haría inmune o distinto, ya se han efectuado manifestaciones que piden su renuncia al frente de la cultura del país. Esa petición viene también de algunos funcionarios que han expresado que lo del ministro es una mancha para todo el gobierno.
Y es que tan distinto es hablar de la homosexualidad como una condición humana, que de pedofilia, trata de personas y abuso infantil. Lo que se hace entre adultos y por consenso siempre valida la realización de cualquier acto que no lastime a terceros, claro. Lo que se hace, aun siendo perseguido por leyes internacionales, con las evidentes consecuencias para quienes son obligados a participar, eso es imperdonable y, sí, merece ser castigado.
Éste ya no es asunto personal ni de intromisión a la vida privada de una figura pública, como lo pretende Mitterrand que se trate. Esto, de ser ratificado como un aspecto autobiográfico, sí merece una investigación, porque detalles de ese turismo sexual de los lugares que se mencionan en el libro, él debe saberlos mejor que nadie...
Se han puesto los ojos de nuevo,y de una forma más precisa, sobre el ministro de Cultura francés Frédéric Mitterrand.
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