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08-Oct-2009

Nudo Gordiano

Yuriria Sierra

Es gay, ¿y qué?


Primero vino la reelección de Angela Merkel como canciller alemana, después los rumores de la formación de un gobierno de coalición, que daba como candidato para esa alianza a Guido Westerwelle, líder liberal de un partido de derecha —que los hay, pero en Alemania—, el Democrático Libre, que llega con la intención de rebajar los impuestos como medida para estimular la economía y bajo el deseo de Merkel de que todos los alemanes se vean representados en su gobierno, hayan o no votado por ella.

Finalmente lo supimos, Westerwelle se convirtió en el ministro del Exterior de Alemania, se hace tangible la alianza entre ambos partidos para formar un único gobierno y todos contentos. Comparar la política mexicana con la alemana es un ejercicio absurdo. ¿PRI y PRD juntos? Imposible, a menos que haya un hueso de gran tamaño de por medio.

Pero también, y basándonos sólo en los juicios que llegan con la palabra “gay”, que Westerwelle lo es, y muy a pesar de ser de un partido de derecha, ha admitido su orientación sexual y asistió con su novio a la fiesta de cumpleaños de la canciller Merkel. Su salida del clóset al ojo de un país.

Como lo escribió mi queridísimo Genaro Lozano en su blog de El Universal: “¿Por qué debería importar que se destaque la orientación sexual de una persona, si lo que importa son sus capacidades y su preparación para, digamos, liderar un partido político?”

¿Realmente importa? Como en el mundo se vive a desfase. Mientras en un país como Islandia tienen a una presidenta lesbiana, en Irán hay cacería de brujas y cualquier homosexual en las calles corre el riesgo de ser asesinado y el gobierno dice que no pasa nada, pero pasa, ya lo habíamos dicho aquí gracias a una nota publicada por The New York Times en abril pasado. Mientras en París ya tienen a un alcalde homosexual, en Guadalajara, el ex candidato a ese cargo por el desaparecido PSD, Miguel Galán, tuvo que soportar el “ser anormal” como un alegato de campaña de su oponente ecologista.

Es tal el desfase que la presión social hace que el clóset sea un lugar seguro para tantos políticos, religiosos (muchos, pederastas), artistas o, simplemente, otros ciudadanos.

El que alguien sea gay, negro, sufra de alguna discapacidad, etcétera, y forme parte de esas esferas de poder, le da a quienes comparten esa condición una representación moral donde sí, no tienen nada que ver sus habilidades para el puesto, pero se cumple esa equidad que se busca para hacer de ésta una sociedad incluyente.

Habrá quien diga que esto no tiene nada que ver, pero sólo volteemos a ver lo que pasó con Las Juanitas, donde se cumplió la equidad de género como requisito. Tanto trabajo cuesta sacudirse los prejuicios que hasta el presidente Obama ha comentado que es negro desde antes de ser mandatario. Algo dicho a manera de broma hace unas semanas en el programa nocturno de David Letterman, pero que podría ser innecesario para muchos, sin embargo, no lo es para una historia que, abolida la esclavitud, a EU le costó más de 140 años tener un presidente afroamericano.

La orientación sexual o cualquier otra condición de las consideradas “minorías” no es importante en cuanto al desempeño de cualquier actividad, pero sí tiene un peso moral para que la sociedad se forme con piezas de todos lados y no sólo por lo que se comparte en mayoría. La razón, lo correcto y lo que debe ser no es proporcional al número de personas que estén de acuerdo. La razón y lo justo son solas; lo otro sólo es un error convertido en una forma aceptable de ver y vivirse.

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