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07-Oct-2009

Tal cual

Ángel Verdugo

Ni modo, a aprender Bossa Nova


Las malas noticias no dejan de golpear nuestro ya de por sí abollado orgullo; hoy y aquí, los que no hace mucho presumían logros y no se cansaban de echar bravatas tomando como base la solidez de la economía —que sólo ellos veían—, cambiaron éstas por lamentos sin fin y peticiones lastimeras a favor de los pobres que dicen, sufrirán más que muchos los efectos de una crisis que han manejado con las extremidades inferiores.

La última palada de tierra en nuestra fosa o si prefiere usted, el último clavo de nuestro ataúd fue el reciente anuncio del COI mediante el cual informó que había seleccionado a Brasil para que organice los Juegos Olímpicos en 2016. Allá, el júbilo de millones mientras que aquí, el desánimo.

Júbilo y desánimo; crecimiento y expectativas positivas contra caída brutal del Producto Interno Bruto y un sombrío panorama para el cierre de este año y todo el siguiente.

Dos caras de la misma moneda; allá, el resultado de una valiente adaptación a la nueva realidad que se ha venido construyendo desde fines de los años cincuenta y acá, estrategias caducas y políticas públicas de los años treinta del siglo pasado las cuales -aún cuando nos resistamos a reconocerlo, han sido echadas al basurero de la historia en casi todos los países del mundo.

Luiz Inácio Lula da Silva es el héroe de la película, consentido de los medios y la estrella en cuanto foro aparece; ¿qué ha hecho para merecer ese trato? Algo que es fácil de entender pero, muy difícil de concretar; hizo lo que lo que decenas de países realizaron hace muchos años: seguir poniendo al día su país e impulsar cambios en la economía.

El presidente Da Silva hizo lo anterior sin el ruido producto de la publicidad chafa y sin centenas de discursos vacíos de contenido pero, llenos de demagogia y triunfalismo. En pocas palabras, el presidente de Brasil ha gobernado con visión de futuro, y gran oficio político. En tanto aquél ha dado la muestra de lo que debe ser una gobernación responsable y eficaz, aquí, el desempeño del nuestro ha sido todo lo contrario; allá el futuro, aquí el pasado y así nos está yendo.

Hoy, como dice la vieja canción, de aquel chorro de voz sólo nos quedó el chisguete; nos sentíamos líderes sin seguidores, nos creíamos los One and Only de América Latina mientras Brasil, calladito poco a poco fue avanzando con el objetivo de modernizar su economía, abrirla a la inversión que crea fuentes de empleo al tiempo que el mercado premiaba la iniciativa individual.

Mientras eso sucedía a la vista de todos, nosotros nos cerrábamos más, impedíamos la inversión y en vez de conducir viendo a través del parabrisas, recurríamos al espejo retrovisor. Los resultados ahí están; allá, un presidente admirado y buscado por el mundo mientras que el nuestro, no se cansa de echarle la culpa a Estados Unidos por haber causado la crisis y a un virus que nos vino a dar la puntilla. Esa es la diferencia entre Brasil y México.

¿Cambiará en el futuro cercano lo arriba descrito? Sí, pero para empeorar pues Brasil ya está listo para las grandes ligas mientras que México, ni en la Liga Ejidal tiene posibilidades de éxito.

En los brasileños vemos a un pueblo que por encima de carencias y limitaciones que no son pocas, muestra lo que es capaz de hacer cuando se le gobierna con inteligencia, oficio y visión de futuro y enfrente, el resultado de tener gobernantes y políticos con grandes limitaciones intelectuales y adoradores del pasado.

Sólo nos queda aprender Bossa Nova; ¿podremos?

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