- Para ponerle nombre al pacto (II) 15-Nov-2009 Para ponerle nombre al pacto 08-Nov-2009 Confianza efectiva, no divulgación 01-Nov-2009 Generación de recambio 25-Oct-2009 Sindicatos: fin del voluntarismo 18-Oct-2009 Elegir al ombudsman, sin prejuicios 11-Oct-2009 @beltrandelriomx 04-Oct-2009 Un partido de ciudadanos 20-Sep-2009 El abuso topa con pared 13-Sep-2009
27-Sep-2009
Bitácora del director
Pascal Beltrán del Río
Cambiar de página
Cuando se mira en retrospectiva lo ocurrido durante el último cuarto de siglo, es fácil concluir que a los mexicanos las fuerzas políticas los han puesto a escoger entre dos opciones muy malas de país.
El mensaje que se envía desde el poder es sencillo y ominoso: ¿Quieren un sistema de gobierno autoritario, que garantice la seguridad pública y la estabilidad económica pero que sea permisivo con la corrupción de los altos funcionarios públicos e intolerante con las ideas que se aparten de la línea oficial, o prefieren un sistema de partidos, donde cualquiera de ellos pueda alcanzar los cargos de elección popular, con libertad de expresión y relativo respeto por el voto, pero con alta incidencia criminal, finanzas públicas colapsadas y creciente desigualdad social?
¿Eficacia o transparencia? ¿Libertad o caridad? ¿Competividad o soberanía? ¿Control o creatividad?
Y mientras vemos el menú y decidimos cuál es el menos malo de esos mundos, los partidos hegemónicos nos sirven versiones híbridas que recogen lo peor de cada uno:
—El cuantioso financiamiento público de la actividad política, que teóricamente evitaría que la democracia cayera en manos de grupos de interés legales, se usa para impulsar proyectos personales y mantiene cerrado el sistema a quienes no militan en los partidos.
—El federalismo, que debería ser un dique contra la tentación de decidir todo desde la capital, así como un reflejo de la pluralidad del país, se vuelve un pretexto para encumbrar a los señores feudales que posan como gobernadores.
—Las viejas oposiciones de izquierda y derecha que antes luchaban por la democracia, ahora asumen con cinismo las prácticas más nefastas del viejo partido de Estado, y, por eso, cuando el electorado tiene que decidir entre el PRI y sus malas copias, opta por el primero.
—La división de Poderes no representa el equilibrio que nos salva del absolutismo presidencialista sino un bastión del club de privilegios cuya membresía aumentó en años recientes, pero no ha desaparecido.
En este infierno que ha creado la clase política mexicana, las opciones son trinche o aceite hirviendo. Y démosnos por bien servidos, parecen decirnos a menudo, porque esto podría estar peor: México podría ser como Venezuela o Cuba.
¿De verdad será imposible construir aquí una democracia que sea económicamente eficaz?
Los priistas recuerdan con nostalgia el tiempo del desarrollo estabilizador, cuando México era considerado un milagro del crecimiento económico a nivel internacional, pero nunca dicen que eran los días en que se reprimía en las calles a los maestros, los médicos, los ferrocarrileros y los estudiantes, los medios obedecían los dictados del gobierno y los funcionarios públicos amasaban fortunas por cortesía del erario.
Los panistas llegaron a la Presidencia en 2000 ofreciendo Vocho, tele y changarro para cualquier mexicano que los quisiera, pero dilapidaron las oportunidades que la alineación de los astros económicos —metafóricamente hablando, señor Fox— y el bono demográfico les pusieron enfrente para realmente cambiar las enormes desigualdades sociales que frenan la marcha del país.
De mantenernos con este panorama, es poco lo que puede cambiar. Hace falta un verdadero empuje ciudadano para abrir y ventilar los cotos de privilegio que significan partidos, sindicatos y muchas organizaciones sociales y empresariales. Son cotos que atentan contra cualquier proyecto de país viable para todo aquel que quiera salir adelante por su esfuerzo.
Sin desdeñar las propuestas de reforma política que anunció hace unos días el secretario de Gobernación y que lograron el apoyo del líder de la bancada del PRI en el Senado —parece que la clase política finalmente está tomando nota del hartazgo y alejamiento de los ciudadanos—, el país necesita urgentemente cambiar la página.
México necesita sacarle la vuelta a sus instituciones anacrónicas, sus ineficacias y su conformismo, sus zonas de privilegio, sus tabúes, su obsesión con la historia y las costumbres, sus medias verdades y mentiras… a todo aquello que lo mantenga anclado mientras otros países, menos favorecidos que el nuestro desde el punto de vista geográfico, avanzan rápidamente en el contexto global.
Es tiempo de darse cuenta de lo pesado que resultan esos lastres, de los que el crimen organizado es solamente un síntoma. Es tiempo de soltar lo que nos está lastimando.
Para cambiar la página probablemente haga falta el surgimiento de una conciencia crítica, menos obsesionada con el modelo anticuado de nación en el que seguimos atorados, y una camada de líderes no egoístas dispuestos a encabezarla e impulsar lo que al país le hace falta.
Envíanos tus opiniones y si quieres contar con todas las funcionalidades de comentarios como responder a tus los participantes, necesitas accesar tu cuenta en el LOGIN
Si eres NUEVO USUARIO, da click aquí para Registrarte.
Te recordamos que es GRATIS y tendrás acceso a todo el sitio del nuevo EXonline, entre otros beneficios.



